Róger Rumrrill: “La reforma agraria impidió que Sendero Luminoso generara centenares de miles de muertes”
La República conversó con el reconocido escritor Róger Rumrrill sobre su última publicación: La reforma agraria por dentro. Crónicas sobre la transformación agraria más radical del siglo XX (Sinco Editores). Este libro nos da otra mirada sobre un proyecto social del que no deja de escribirse, tanto a favor como en contra. Rumrrill es, asimismo, el último ganador del Premio Nacional de Literatura en la categoría infantil y juvenil. Habla el maestro.
—Tienes una producción muy importante; se nota que te gusta trabajar.
—Yo tengo en este momento 88 años. Así que soy un Matusalén de la literatura. Creo que estoy en un momento decisivo de producción. Quisiera tener muchos más años; tengo un proyecto de libros sobre la defensa de la Amazonía, a la que he dedicado toda mi vida.
—¿Puedes adelantar algo de tu próximo libro?
—Sí, se llama Más vidas que un gato. He estado condenado a muerte, no amenazado, condenado a muerte, nueve veces.
—¿Por quiénes?
-Por Sendero Luminoso, por el MRTA, por los narcotraficantes, básicamente por la defensa que hago de la Amazonía. Una vez en El Álamo, en el Bajo Putumayo, estaba filmando un documental. Estaba con la periodista Mónica Vecco y un equipo más de personas. Pues bien, en la noche me pidieron que viniera a dar una conferencia en la escuela. Di la conferencia, hablé sobre la Amazonía, las perspectivas del desarrollo, en fin. Cuando terminé mi conferencia, que duró 30 o 40 minutos, pregunté si había alguna pregunta. Todo estaba en silencio. Y tuve una sensación, como el cuento de García Márquez, “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”. Me fui a dormir a la escuela; ahí estaba alojado. Me sentía preocupado, no podía dormir y me fui a caminar por la orilla del río Putumayo. Era verano y había una neblina muy fuerte. Seguía avanzando y de repente una voz me dice no mires atrás, sigue caminando y me dijo váyanse inmediatamente. Van a morir. Mi señora, que es religiosa, piensa que era un ángel que me estaba protegiendo. ¿Qué estaba pasando? Las FARC estaban allí. El Bloque 48, que opera en el Putumayo en la frontera con Perú, estaba en mi conferencia. Por eso todos estaban callados.
—En La reforma agraria por dentro noto que las crónicas tienen un afán pedagógico y, a la vez, los textos tienen mucho de las técnicas del cuento. Y escribes de lo que has vivido.
—Cuando doy conferencias, la gente me pregunta al final qué es usted. ¿Antropólogo?, ¿economista?, ¿historiador?, ¿periodista? Y yo respondo que soy antropófago. Todas mis crónicas están escritas desde el propio territorio y al escribir hago uso de todo lo que sé. Escribo de los lugares que he recorrido. A propósito, en 2010 me llamó Mario Vargas Llosa para que le diera algunos datos porque estaba escribiendo El sueño del Celta. Vargas Llosa no conocía el Putumayo y le dije que no puedes escribir de lo que no conoces, eres un novelista libresco. Me dijo que lo acompañe al Putumayo y quedamos para viajar en julio, durante el verano amazónico. No se pudo por su agenda. Ese mismo año ganó el Nobel de Literatura. Todo lo que escribo es territorial. Yo creo que un escritor alimenta su ficción, en gran parte, de lo que ha vivido. Más de uno me ha dicho que tengo una vida de novela.
—¿La Amazonía es tu mundo?
—La Amazonía es mi universo.
—Tus crónicas sobre la reforma agraria aparecen en un contexto en el que se la ve como uno de los más grandes fracasos en la historia del país.
—En el momento en que se declara la reforma agraria, el 24 de junio de 1969, la estructura de la tierra en Perú era la más atrasada de América Latina. La más injusta. El tres por ciento de propietarios tenía el 80% de la mejor tierra de la costa y los Andes. Yo he visto las injusticias. Por ejemplo, en el latifundio de los Gildemeister, los trabajadores no conocían el dinero, porque todo lo que necesitaban lo tenían que adquirir en la tienda del latifundio a precios exorbitantes, no conocían el dinero. Y en el caso, por ejemplo, del latifundio de Celestino Manchego Muñoz en Huancavelica, había una casucha. En el centro de la casucha había un fierro. Como la cordillera estaba muy cerca, se había hecho una canaleta. Entonces, cuando un campesino no cumplía su tarea, se le amarraba al fierro y el agua helada venía sobre la canaleta para que cayera sobre su cabeza y muriera congelado. Se cometieron todos los estropicios contra los campesinos. Eso no lo debemos olvidar. La reforma agraria de Velasco fue un parteaguas en la historia del Perú, en la historia social del Perú.
—Pero la reforma agraria fracasó al final.
—No. Solamente se cumplió una etapa, que es la etapa de transferencia y propiedad de la tierra. Mariátegui ya lo había dicho en los 7 ensayos: que el tema de fondo del campesino es la estructura feudal. La reforma rompió la estructura feudal, pero había que cumplir cinco etapas más, como transferencia de tecnología, organización social, organización empresarial, comercialización y exportación. La reforma tuvo muchas críticas; evidentemente, hubo errores, como el andahuaylazo de 1974. Se expropió la tierra, pero no se la dio inmediatamente a los campesinos, lo cual fue aprovechado por los latifundistas para quemar todo y que no quedara nada útil. Pero no hay que olvidar que la reforma fue un hecho social y político extraordinario para el país. Fue una reforma mucho más radical y pacífica que la reforma de Bolivia de 1953, que la de Pancho Villa en México en 1915. Si esta reforma agraria no se hacía, la explosión senderista hubiera cobrado miles de vidas, no 70.000. Sendero hubiera encontrado un caldo de cultivo ideal para un levantamiento. Yo he hecho mis cálculos. La reforma agraria impidió que Sendero Luminoso generara centenares de miles de muertes.
—Se hace mucho énfasis en que sí fue un fracaso. Está prácticamente en el imaginario.
—Hay que recordar que Basadre dijo que los dos mejores presidentes del Perú fueron dos militares: Ramón Castilla y Velasco. ¿Quién discute a Basadre? Solo lo mencionan cuando les conviene. No se cumplieron todas las etapas de la reforma agraria. Quienes este miércoles nos dan de comer en Perú son los hijos de la reforma agraria. Son los pequeños agricultores. Este proceso fue desmantelado por Belaúnde, en su segundo gobierno, y por Alan García. Acabó en 1989.
—Las crónicas reflejan que te gusta la acción.
—Claro que sí. Varias veces me tuve que hacer pasar como campesino para conocer de cerca qué sentían. Hacía mi trabajo de campo durante una semana, preguntaba y recogía sus historias. Yo era una especie de tucuyricuy. Soy un escritor comprometido con sus temas. Si tenía que escribir de la reforma agraria, había que conocer el mismo lugar en donde estaban pasando las cosas. Lo que hacía con toda la información recogida era darle valor literario para que pueda ser comprendida por la gente.
—Ahí entraba la mirada del escritor.
—Así es. Sacaba todos los recursos literarios para ordenar las historias de los campesinos y los pueblos que iba recorriendo.
—Si existió una reforma agraria en Perú, se debió a las injusticias. ¿Cuál es la mayor tara de Perú: la injusticia social o el racismo?
—El Perú, la nación peruana, es una nación multilingüe, multicultural y multiétnica. Y el Estado peruano es un Estado monocultural de origen colonial. Por lo tanto, la fractura, el racismo que tenemos en este país es producto de esa fractura entre nación y Estado. La agenda de Perú en los próximos años debe apuntar a una profunda reforma del Estado neocolonial y a una refundación de la nación. Si no logramos eso, en 20 años el Perú será un Estado fallido.
—Eres el último ganador en literatura infantil y juvenil del Premio Nacional de Literatura a razón de tu novela Miguelina.
—También soy escritor de literatura infantil. La siembra más fértil que puedes hacer es en la mente de los niños. Por eso muchas de mis conferencias son para los estudiantes. Además, la mayor autoridad en literatura no es el crítico literario, es el niño. Si a un niño no le gusta lo que lee, te aparta, te deja de leer. Escribir para niños es lo más difícil; tienes que captar la atención del niño.
—Has escrito todos los géneros. ¿De dónde viene tanta inventiva?
—Mi madre me daba de comer cerebro crudo de picaflores para ser inteligente y creativo. Jamás permitía que comiera pata de gallina para no tener mala letra. Jamás permitía que comiera cabeza de pollo para no ser burro. Hay un pájaro en la Amazonía llamado shicapa. Es un pájaro que se roba los nidos de los otros pájaros. Mi madre no permitía que comiera shicapa para no ser ladrón. Mis padres soñaban, desde antes de nacer, con que yo iba a ser escritor.
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Dato:
La reforma agraria por dentro es una publicación de Sinco Editores. En librerías y plataformas. Precio: 55 soles.