Vox y los diputados presos cogen sitio detrás del Gobierno en la primera sesión
El primer día en el Congreso debería decretarse día del orgullo diputado, es cuando más encantados están de conocerse, porque en realidad no se conocen entre ellos, abundan las ocurrencias y las camisetas para salir en la tele, y luego ya el resto del año se aburren más. Es un día de trámite con mucho colorín, poca chicha, pero donde se ve por fin de cerca al que se detesta sin haber cruzado palabra antes con él. Pero cómo se lo tomaron los de Vox, allí clavados en el patio a las 7.15 de la mañana. Con entusiasmo escolar, entraron en el hemiciclo como hora y media antes, ocuparon los que eran los escaños socialistas en la anterior legislatura y allí se hicieron fuertes. No se movieron, y para cuando empezó la sesión seguramente alguno tendría ganas de ir al baño. Pero la política requiere sacrificios, y España más. Un socialista catalán madrugador, José Zaragoza, debió de sentir en ese momento que era su deber mantener la posición e incrustarse en el enemigo. Allí se quedó, sin provisiones ni nada, y al final hasta charlaban animadamente, el roce inevitable que se producirá en esta nueva legislatura y donde a veces surgen los milagros de la comprensión. Con el arte de saludar y las reglas de urbanidad empieza a convivir con la gente. Los del PSOE flipaban un poco al llegar y ver que les habían cogido el sitio, así que seguían por la escalera arriba. Adriana Lastra acabó en la sexta fila.