¡R-R-R-R-R-R!
Una queja generalizada de los empresarios familiares cuando hablamos de órganos de gobierno es: “El Consejo no funciona”.
Y… ¿Cómo va a funcionar si su composición está hecha a mi medida, el orden y la formalidad se pierden de acuerdo a mis intereses, la dinámica entre los consejeros es ruda—interrupción, burla o indiferencia—; la comunicación deficiente y las evaluaciones de desempeño, nulas?
En efecto, aunque cantidad de estudios demuestran que la efectividad del Consejo de Administración está ligada al éxito financiero de la empresa, aún existen tabús, miedos y concepciones erróneas que impiden a los empresarios familiares valorar el desempeño de sus integrantes (familiares y no-familiares). Tanto es así, que en México, el 98 por ciento de los Consejos de Administración de empresas familiares privadas no realizan evaluaciones de sus consejeros… Impactante, ¿no?
Un sistema de evaluación de desempeño es, sin lugar a dudas, la respuesta más lógica ante un contexto cambiante. No obstante, para poder implementarlo se requiere compromiso, voluntad y fe por parte de los dueños, de los propios consejeros y hasta de la dirección general.
Y es que, para que funcione, el sistema de evaluación del Consejo debe ser precisamente eso, un sistema. Y para ello, debe cumplir—como mínimo—, con seis puntos clave (6R’s). Debe ser:
1.- Regular.
Las evaluaciones del Consejo deben ser vistas como una práctica de mejora, y como tal, es importante que sean continuas y obligatorias. Por ello, se recomienda que se programen en la misma época del año (mismo mes). Saber las fechas de la evaluación y el tiempo con el que se cuenta para cumplir objetivos, es preciso para cualquier consejero que realmente quiere hacer bien su trabajo.
2.- Reglamentado.
Para que un Consejo de Administración funcione debe estar formalizado. Es decir, tener un Reglamento que guíe la conducta, visión y toma de decisiones de sus miembros; que establezca los mecanismos para dirimir controversias; que promueva la creación de un archivo documental robusto (actas del Consejo) y que considere la formulación, sistematización y evolución de sus evaluaciones. Y es que, medir el desempeño implica tener criterios objetivos, conocidos por todos, comparables y mejorables a lo largo del tiempo.
3.- Relevante.
Si las evaluaciones del Consejo se posponen una y otra vez, quiere decir que no existe ni el convencimiento, ni la voluntad de hacerlas. Y es que, en todo negocio, siempre existirán cosas urgentes que atender; no obstante, si no hacemos de este proceso una prioridad, difícilmente funcionará.
4.- Riguroso.
El rendimiento del Consejo es un aspecto clave que impacta en las utilidades. Por ende, la evaluación del desempeño del Consejo debe ser una tarea habitual del consejero,… y como tal, debe hacerse bien. Si no existen críticas constructivas, si se sigue el patrón político de “todo está bien”, no habrá mejoras—ni siquiera tangenciales. ¿O acaso Usted paga porque le digan lo que quiere oír?
5.- Recibido.
El Presidente del Consejo tiene la obligación de otorgar retroalimentación a todos y cada uno de sus consejeros. De nada sirve que existan evaluaciones si luego, ¡no me entero de los resultados!
6.- Recordado.
No basta con hacer las evaluaciones, otorgar feedback y documentar los resultados… Lo importante es el SEGUIMIENTO. Cuando se realizan planes de mejora y estos no se llevan a cabo, el sistema de evaluación se convierte en un laste. ¡Ojo!
En resumen: Lo que no se mide, no se controla; y lo que no se controla, no se dirige; y lo que no se dirige, no se mejora. ¡Así de fácil!
La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.
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