La hora de la verdad para nuestros ríos y peces
Fauna ibérica
Como todo estudioso de toda época, D. Luis no fue inmune a la subjetividad y también introdujo algún sesgo en sus estudios, aunque siempre por razones moralmente poderosas, desde una honestidad constructiva opuesta al subjetivismo intencionado, el que suele utilizar el interés del beneficio rápido, a través de la manipulación o la desinformación, para sus inconfesables fines. Pero algún éxito habrá tenido tan execrable estrategia cuando tras 60 años y tanto avance tecnológico acumulado tras el insigne naturalista, aún con el exponencial aumento del conocimiento sobre su materia de estudio, la sociedad no ha seguido la recomendación que pronunciaba en 1953 al ingresar en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales: valorar la importancia de la fauna ibérica y la necesidad de intensificar su estudio y protección.
De hecho, mientras se estaba produciendo la más vasta alteración de nuestros ríos, sacrificados a un desarrollo económico que parecía justificar cualquier transgresión legal, moral y ambiental. El cumplimiento de la Ley de pesca fluvial de 1942, que obligaba a instalar escalas para peces –«salmoneras»– en las presas que se construían más copiosa y masivamente que nunca por todo el país y un régimen de caudales que permitiera la «normal supervivencia de las especies piscícolas» bajo las mismas, seguramente habría procurado una prosperidad económica más respetuosa con la recomendación de D. Luis. Hoy, releyendo su excelsa obra, admirando los precisos dibujos y las fotografías que retrotraen a un pasado no lejano aunque culturalmente remoto, con el término sostenibilidad instalado en el lenguaje oficial pero ausente en conciencias y políticas, reflexiono sobre lo que nos cuesta aprender y evolucionar como sociedad. Y asumido que un manejo adecuado de asuntos como la pesca o la caza solo es posible desde el conocimiento, ¿por qué desde instituciones, Administraciones, dirigentes políticos, líderes sociales y ciudadanía nos empecinamos en ignorar la objetividad en la gestión de tantas materias y en dejarnos guiar más por prejuicios o doctrinas que por el saber científico disponible?
Contaminación de ríos
Gracias a personajes como Lozano Rey, a sus predecesores y sus herederos, hoy tenemos más certezas sobre nuestros peces continentales y su medio. Por ejemplo, que la fragmentación y contaminación de los ríos produce un deterioro ecológico que provoca pérdidas proporcionales de riqueza natural difícilmente remediables y menos justificables por un beneficio económico a corto plazo; o que nuestros peces salvajes son los más adaptados al medio, los mejores que podemos tener en nuestras aguas y seguramente los más capacitados para afrontar el cambio global que nos amenaza.
Cada vez más, es la hora de la verdad para los ríos y sus especies. Por su bien y el nuestro, urge instaurar un firme principio de prudencia, respeto y cuidado hacia nuestro patrimonio natural, en todas las mentalidades, actitudes y políticas que le afectan. Un principio perfectamente compatible con su uso y disfrute, por ejemplo, mediante la caza o la pesca sostenibles; además de armonizable con el progreso económico y social, incorporando el mejor conocimiento disponible en cada momento e integrando procedimientos adaptativos para evitar la obcecación tecnológica y la incompetencia de las medidas. A esto nos dedicamos en esta Asociación desde hace 40 años y, convencidos de seguir la sensata recomendación de Luis Lozano Rey, así continuaremos mientras sea necesario.