AlfonsoyAmigos en las Lagunas de Ruidera
EN UN LUGAR DE LA MANCHA… DE RECUERDO INMEJORABLE
Desde hace tiempo, siempre me rondó por la cabeza visitar aquellos paisajes y lugares de mi juventud, para recuperar la inocencia de la mirada, esa que nos hace ver las cosas más grandes y perfectas de lo que realmente son
Juan Patricio Pérez Pedrero
Poco a poco fui enlazando imágenes, recuerdos, sitios y, de manera fluida, empezaron a surgir puntos (ahora los llamaríamos “waypoints”), con la única finalidad de unirlos para formar el “track” de la ruta.
Dicho y hecho, ya solo faltaba gestionar algo de intendencia, tener siempre un punto de apoyo logístico en la zona (Hostal Matías) y ¡equilicuá!, todo planificado, pero… faltaba lo más relevante: compartirlo. Y aquí es donde entran los verdaderos actores de todo: los componentes de AlfonsoyAmigos.
Podemos tener las mejores ideas y deseos en nuestro interior, que si no los exteriorizamos y compartimos se quedan imperfectos y olvidados. Los seres humanos somos eminentemente sociales y necesitamos la compañía para comunicar nuestras vivencias, ahora diríamos “necesitamos estar conectados”.
En fin, llegado el día 4 de octubre, todos nos desplazamos a Ruidera con la ilusión y el deseo de pasar un fin de semana inolvidable. Allí estuvimos: Daniel (Forlán), Fer, Fernando, Javier (Galo), Lourdes y Pepo, Luis Ángel, Miguel Ángel, Nacho, Pawel, Santi, Toño y Nati, el que suscribe y Alberto que nos acompañó solo a la ruta del sábado, ya que tenía que atender otros compromisos.
La predicción meteorológica no podía ser mejor, por lo que, contando con la espectacularidad de los paisajes, estaba casi todo garantizado.
Así iniciamos la ruta prevista. A las 9:00 horas del sábado día 5. Quedada general e inicio de ruta a la salida del pueblo. Primero visitamos el Hundimiento, una depresión del terreno que acentúa la natural comunicación entre las lagunas al formarse una catarata entre la del Rey y la Coladilla. Hay que recordar que el conjunto lo componen 16 lagunas y las visitamos casi TODAS, en las dos rutas programadas (nos quedó la laguna Blanca, quizás para otra ocasión).
Continuamos, sin prisa, bordeando la laguna del Rey, disfrutando de sus vistas, cuando Toño avisa de que su rueda trasera ha perdido aire. Paramos, Toño inyecta una dosis de líquido tubeless y tapona con una mecha, lo que nos permite continuar, hasta que, Galo en un alarde del mejor regateador, pisa una rama la levanta y cuela entre los radios de su rueda trasera, partiendo la válvula de aire. Vuelta a parar y reparar. Parece que la ruta no llega a arrancar.
Salvados estos inconvenientes proseguimos, hasta que, a medio recorrido de la Colgada, abandonamos su orilla y serpenteamos hacia el sur por una cañada que nos sitúa al pie de un cerro. Aviso general: “meter hierro y apretar los dientes”, ya que nos desviamos a la derecha hacia un sendero roto, de piedra suelta, el cual vamos salvando de trecho en trecho los menos habilidosos y de un tirón aquellos con más destreza y suerte.
Más bien se trata de la idea del propietario de la construcción en ruinas aledaña, que dispondría de estas grandes vasijas en su bodega y que ya en desuso, corto, transformo y destino a improvisado campamento indio, seguramente para entretener a los más pequeños de la familia. No es que sea muy experto en arqueología, pero el corte a “radial” de las entradas a las tiendas “cerámicas”, me da que pensar en esto.
Seguimos ruta, lomeando los cerros, otra vez hacia el sur y vuelta a girar hacia el norte, visitamos el mirador sobre la Conceja y bajada rápida, divertida y pedregosa hasta camino a sus pies.
Y, bien digo, ya que, ante la tranquilidad del sitio, con bañistas tímidos que comprueban una y otra vez la temperatura del agua con el dedo gordo de su pie a modo de termómetro, aparecen l@s quince, que uno tras otro y sin más dilación se sumergen estrepitosamente en sus tranquilas aguas. Este fue el regalo inesperado, si cabía alguno más, con el cual no contábamos. Conocíamos el sitio, pero la temperatura, la hora a la que llegamos y el cansancio acumulado hizo que de manera espontánea recuperáramos el tono muscular y las fuerzas.
Aprovechamos para dar buena cuenta de bocadillos compartidos y de unas generosas cervezas, a las que Nati quiso invitarnos con motivo de su cumpleaños. ¡Felicidades, Nati! ¡Y muchas gracias!
Seguimos ruta, ahora recortando la laguna San Pedro hasta cruzar el arroyo Alarconcillo, siendo testigos del destrozo sobre el terreno de las inundaciones que semanas atrás, asolaron el pueblo de la Ossa de Montiel. Aquellas avenidas, por fuertes precipitaciones, se canalizaron de manera natural en su escaso cauce, inundando tierras, cultivos y fincas hasta desembocar en dicha laguna. Donde en la ruta de exploración cruzamos un puente, ahora salvamos fango, mezclado con vegetación y resto de troncos.
Continuamos hasta la ermita de San Pedro de Verona, iniciando subida hacia la cueva de Montesinos. Camino muy roto de tierra rojiza, descarnado, que con habilidad y superando lanchas de piedra nos sitúa al borde la cueva y de la estatua ecuestre de D. Quijote y Sancho Panza. Foto general de grupo y vamos girando hacia el oeste a buscar la laguna Redondilla. Al principio por camino entre sembrados para, poco a poco, ir enfilando una torrentera natural del monte, con saltos de piedra y fondos arenosos, muy peligrosos. A su inicio, Luis Ángel avisa de la perdida de aire total de su rueda trasera. Procedemos al desmontaje de la cubierta y a su reparación.
Desde aquí, subimos al antiguo canal que servía aguas a la central hidroeléctrica de Santa Elena, junto a la Colgada, ya en desuso y abandonada. Como si se tratará de una autopista a media ladera del monte vamos siguiendo el curso del canal, ahora seco, atravesando túneles y vadeando acueductos cerrados, hasta el sumidero que precipitaba el agua canalizada a través de tubería a la central. Vistas generales de la Colgada y por una pequeña trialera nos plantamos en el ya abandonado albergue Alonso Quijano. Aquí Fer, destalona la rueda trasera y ayudado por Pepo, consigue retomar la ruta.
Solo queda expresaros las gracias, por haber tenido tan grata acogida e interés generalizado por esta ruta, desde su concepción. También la sorpresa e ilusión que habéis dejado en cada mirador, vuelta, y recodo del camino.
No te pierdas TODAS LAS FOTOS
Nuestro recorrido 1 y Nuestro recorrido 2