Vuelta a casa del comisario Manuel Laguna después de 63 días en la UCI
ABC contó en su día la dureza de la situación por la que atravesaba este policía ejemplar, con muchos años de servicio en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. El problema no era solo que él estuviera enfermo; es que también su mujer, su hijo y su madre, que componen la unidad familiar, también lo estaban y no podían salir del piso para evitar contagiar a más personas.
Manuel Laguna, en esa etapa terrible, no podía hablar, y su mujer, Ángela, solo tenía noticias de él por los médicos, que un día tras otro le insistían en la gravedad de su estado, en que se hacía todo lo posible pero que no podían darle muchas esperanzas, porque la vida de su marido dependía de un hilo. El aislamiento, aliviado por un compañero de Laguna que hizo las veces de «ángel de la guarda» de la familia aunque eso le expusiera al peligro de ser contagiado, era su único alivio, además del teléfono.
Desde el momento en que conoció la situación Francisco Pardo, director general de la Policía, se puso a disposición de la familia. Y con el tiempo ha demostrado que aquellas no eran unas simples palabras de cortesía. Han sido decenas sus conversaciones con la mujer del comisario, a la que siempre trasladó todo su apoyo y ánimo. También muchos compañeros de Laguna, que se enteraron de la situación por ABC, se volcaron.
«Una partida de mus con la muerte»
Hace unos días ABC pudo hablar con Laguna. Había salido de la UCI. Su voz era débil, pero su mensaje claro: «He jugado una partida de mus con la muerte, y he ganado en el último minuto, con un órdago a la chica». Y ya se sabe que, por lo general, «jugador de chica, perdedor de mus»...
Ayer, pasado el mediodía, por fin recibió el alta. Antes de enfilar la puerta en silla de ruedas recibió un homenaje de los sanitarios, su familia todo este tiempo. No lo esperaba, como tampoco que fuera le estuvieran esperando compañeros, policías locales, bomberos, miembros de Protección Civil... «A la orden, jefe», le dijo cuadrándose una de sus policías. Al llegar a comisaría, el tercer homenaje. Esta vez era el subdelegado del Gobierno, el jefe Superior, el de la Guardia Civil, autoridades militares y civiles quienes le daban la bienvenida con un emocionado aplauso. No era para menos; había vencido a la muerte.