El viento de Pascal
He vuelto a encontrarme en un texto de Joyce Carol Oates (TLS, mayo 29) la frase de Pascal más citada en tiempos recientes: toda la desgracia de los hombres procede de una sola cosa, no saber estarse quietos en un cuarto. Ya cada que doy con ella pego un brinco mental a otra frase que es probable vaya a citarse con frecuencia en tiempos próximos: “El viento se alza. Intentemos vivir”. Es quizá el verso más conocido de Paul Valéry en El cementerio marino, poema que por cierto este junio cumple cien años de publicado. El brinco requiere de un apunte aclaratorio.
Borges resumió así las objeciones de Valéry a Pascal: “El mundo de Pascal es el de Lucrecio, pero la infinitud que embriagó al romano acobarda al francés. Bien es verdad que éste busca a Dios y que aquél se propone libertarnos del temor a los dioses”. Casi tan famoso como El cementerio marino es el “Ensayo de explicación” al mismo que hizo el profesor Gustave Cohen; de una en una fue destejiendo las 24 estrofas de que consta el poema hasta hacer al cabo un gran tejido ensayístico. Tiende un arco: el poema de Valéry va de la “Inmovilidad del No-Ser” al “Triunfo de lo momentáneo y lo sucesivo”.
De modo inesperado y certero Cohen le dio al antipascaliano Valéry una sopa de Pascal: “Como Pascal, Valéry (en su poema) opondrá la dignidad del pensamiento efímero que se conoce a la eternidad inmóvil que se ignora”. Desde la entrada de su explicación Cohen incluye esta frase de Pascal: “Nuestra naturaleza está en el movimiento; el reposo completo es la muerte”. En el poema de Valéry la inmovilidad o la “nada eterna” da paso al movimiento o “cambio vivo”. Por eso en la última estrofa “el viento se alza” (o “vuelve”, verbo que prefirió inspiradamente Jorge Guillén en su versión al español de El cementerio marino) y hay que intentar la vida. Y por eso, cada que doy con el cuarto quieto de Pascal brinco, apoyando un pie en Valéry, a su contrario: al movimiento, a la variación, al (termino por decirle) viento de Pascal.