Treinta años sin Manuel Broseta
Han pasado treinta años, pero aún conservo esa sensación de dolor y asco que se me instaló en el estómago. Recuerdo que estaba en antena, en directo, en Radio 5 de RNE, con un programa que se llamaba «Pase lo que pase». Y aquel día, aquel día pasó.
La banda terrorista, los asesinos de ETA, habían matado a Manuel Broseta. La noticia me la dieron a bocajarro, como los disparos que acabaron con su vida. No tuve tiempo para digerirla y nos lanzamos al trabajo de informar, que a veces, sólo a veces, es un asco. Pero no hubo otra que ponerse manos a la obra para confirmar, y poder contar a nuestros oyentes, el vil asesinato.
La confirmación, creo recordar, me llegó a través de Ximo Bosch, entonces y si no me falla la memoria, vicerrector de estudiantes de la Universidad de Valencia. Éramos jóvenes, amigos, y firmes defensores de las ideas democráticas. Aquel día creo que nos salieron las primeras canas.
Mi jefe de informativos de muchos años, otro grande, Ricardo Dasí, me había enseñado a tener mucho cuidado con los adjetivos a la hora de dar una noticia. Sin duda tenía razón, pero aquella mañana, les doy mi palabra, no escatimé calificativos. Ni uno solo. Tal vez no fue muy profesional. Tal vez no fui correcto, pero ETA había matado, en plena calle de Valencia, a Manuel Broseta.
No voy a hacer hoy una glosa de su figura, ni de su personalidad, ni de su relevancia como jurista, ni de la importancia de su contribución a la reimplantación de la democracia en España, ni de su papel capital en la estructuración del Estado de la Autonomías. Para eso están los libros de historia y las hemerotecas.
Hoy, treinta años después de su asesinato, sólo quiero recordar aquel mensaje de concordia, de diálogo y de sentido común que supo trasmitir a cuantos le conocimos. Un mensaje que hoy es tan necesario o más que entonces y que a él, le costó la vida.
Aunque parece que ha pasado mucho tiempo, hay recuerdos que perduran y que no se olvidan. En estos días que vivimos es más necesaria que nunca la cordura, la moderación, la tolerancia y el convencimiento en el respeto a la democracia y al Estado de Derecho. Y el recuerdo de aquellas personas que nos ayudaron a todos a vivir en paz y en libertad. Algunos de ellos cayeron bajo las balas criminales del terrorismo. Y eso, eso tampoco se olvida.
Treinta años después sigue vivo su mensaje de concordia, más allá de las ideologías. Concordia como camino para poder vivir en sociedad y en libertad. Lo demás… lo demás son ganas de joder. Perdón por la expresión, pero ya saben, aquel día empecé a ser políticamente incorrecto.