Tatiana Solovieva: «Lo importante en el ballet es lainterpretación»
El público vibra con estos cuentos de hadas musicalizados. Sorprenden, dejan sensaciones intensas y transportan al que lo ve a mundos de ensueño y fantasía. Para alcanzar tales efectos, detrás de cada actuación se encuentra la obra de coreógrafos, músicos, pintores e iluminadores. La productora Tatiana Solovieva afirma que es «lo máximo que existe en el arte» por las diversas disciplinas que confluyen. Cada especialista hila fino para logar que la magia se desprenda del escenario. «Hace falta escuela y buena compañía», señala la productora, quien subraya la complejidad de este género artístico.
La perfección en el ballet está más cerca cuanta más armonía hay entre los artistas, y a su vez, entre los propios artistas y el público. Así, el coreógrafo de ballet es observador de gentes, y culto, porque viaja por muchos países y debe conocer tradiciones y danzas autóctonas. Solovieva, en su libro 'Entre dos orillas', recoge la cita de Leonid Jakobson, quien dice que el propio coreógrafo «debe tener conocimientos enciclopédicos».
La decoración adquiere categoría de arte, pues para pintar palacios y jardines de 14 por 10 metros, que se aprecien a la luz de los focos, con efectos de relieve, hace falta talento, la «firma» de un artista que lo avale. Y el director de orquesta no pierde ripio de los giros y vueltas de los bailarines, para que cada nota musical llegue a su debido tiempo.
Tatiana Solovieva
En los ballets rusos predomina el argumento, y la música «forma parte de él», indica Solovieva. El Lago de los Cisnes, El Cascanueces y La Bella Durmiente, no son sino cuentos populares en cuyas historias el mal trata de imponerse. La música de Tchaikovski lo va contando. Solovieva afirma que «lo importante en el ballet es la interpretación», y los bailarines se «fusionan» con la música, y «reaccionan a lo que suena».
Los bailarines son artistas con exhaustiva preparación física. La productora afincada en España afirma que dicha preparación permite crear «magia entre el escenario y los espectadores, y hace que éstos olviden el exterior». Debe haber lo que ella llama una «comunicación espiritual».
El intento de acercamiento del arte del ballet de esta compañía, venida del Teatro Bolshoi de Moscú, ha traído la implicación de las compañías locales de danza. Las alumnas de siete años de Alma García, profesora de baile de Alcázar de San Juan, podrán participar en El Cascanueces, vestidas de ángeles. Alma pretende que sus alumnas vean cómo se preparan y cómo ensayan los bailarines internacionales, mostrándoles la posibilidad de continuar el camino del ballet en el futuro.
Alma asegura que la gente que no ha ido todavía al ballet que «le gustará: los giros, los saltos, los trajes, se van a sorprender». Ella opina que un bailarín es artista, «como un escultor o un pintor, pero las sensaciones las evoca con su cuerpo en el público». Recuerda que aparte de admirar las virguerías de los bailarines, su resistencia o su elasticidad, el público llora cuando ve la muerte de Odette en El Lago de los Cisnes.
El ballet en España todavía tiene que ganar aficionados y hacerse hueco entre otros géneros como el flamenco que, según Alma, «atrae mucho turísticamente», y quien lamenta que muchos bailarines tengan que marcharse de España para trabajar. La proporción rusa es inalcanzable – en Moscú hay 5.000 bailarines, mientras que la Compañía Nacional de Danza, única en España, cuenta con 40 – pero Tatiana sugiere que «se invierta en el sistema» para crear escuelas y consolidar la formación de bailarín, que en Rusia suele durar 8 años.
Alma García agradece al Baile Imperial Ruso que ofrezca la oportunidad a sus alumnas de participar en el espectáculo.