Todo es prestado
Nos comportamos como si todo nos perteneciera. Como si todo estuviera sujeto a las leyes de la propiedad privada, como si pudiéramos decidir a nuestro antojo hasta de aquello que materialmente no es posible enmarcar en la posesión, el control y la disposición. Debido a que no reparamos sobre lo absurdo que es transferir el concepto de propiedad a todo, sufrimos sobre cuestiones que están fuera de ello y de nuestro alcance.