Sanfermines: donde conviven el drama y la comedia
Nunca había estado en los sanfermines; pero no porque no me interesasen, qué va, sino más bien porque me interesaron demasiado en su momento. Me impedía acudir a Pamplona un miedo acaso irracional a que la realidad de la fiesta ―el desenfreno, la obscenidad, la masa― desdijese y luego arrasara la inocente ilusión con que la vivía de niño, cuando madrugaba para ver la previa del encierro, el encierro mismo y el exhaustivo análisis posterior. Aquellos hombres que rezaban al patrón a grito pelado y a continuación arrostraban el riesgo de la muerte se me aparecían como héroes a los ...