Bukele y sus imitadores
En estos tiempos preocupantes, no solo hay líderes de grandes potencias mundiales que se sienten con el derecho a avasallar el Estado de Derecho y el derecho internacional, conquistas forjadas a lo largo de generaciones para que la Humanidad se relacione a través de la razón en vez de la fuerza bruta. También lo hacen actores de reparto, presidentes de opereta que serían mera caricatura si no fuera porque, además de sojuzgar a sus pueblos, empiezan a ser vistos como modelos a imitar. Es lo que ocurre con el presidente democrático devenido en dictador, Nayib Bukele.
La dupla de Trump con su par de El Salvador se acaba de consolidar a través de la deportación de supuestos integrantes del Tren de Aragua. Decimos “supuestos integrantes”, porque no ha habido ningún proceso judicial que lo establezca, salvo la palabra arbitraria del presidente de Estados Unidos, quien pretende suplantar al poder judicial de su propio país en una medida propia de las dictaduras. Más aún, desoyó una resolución judicial que pretendió detener la deportación, con la cómplice burla de Bukele, quien en sus redes sociales dijo “Ups, demasiado tarde” para señalar que ellos no hacen lo que las instituciones establecen, sino lo que se les antoja.
Da para la reflexión que un jefe de Estado que cambió las leyes para perpetuarse en el poder, que ha arrasado la presunción de inocencia encerrando personas en redadas a diestra y siniestra, que así como ha encarcelado criminales también lo ha hecho con miles de inocentes, que en la práctica ha destruido el Estado de Derecho, sea visto como un modelo a seguir ¿Tanto miedo le han inoculado dirigentes políticos y medios de comunicación al pueblo para que se prefiera vivir en un país sin derechos que en una democracia que, aunque imperfecta, otorga garantías a las personas? ¿Tan rápido olvidó Chile lo que es vivir en dictadura para que haya personas que anhelen un Bukele, que hoy en nombre del combate al crimen organizado hace cosas parecidas a las que hizo Pinochet ayer, en nombre del combate al comunismo?
Lo trágico de todo esto es que quienes se quieren disfrazar de Bukele no tienen ningún plan serio para combatir la delincuencia, que es lo que preocupa a las personas, porque en realidad un problema complejo como éste no se puede resolver de un día para otro ni con soluciones mágicas. La única manera de enfrentar la delincuencia, el Mundo no ha encontrado otra, es con políticas de Estado, con combinación de medidas de corto y largo plazo, con unidad de propósitos y amplios consensos entre las fuerzas políticas, con el fortalecimiento de las instituciones, es decir, lo contrario de lo que quieren quienes pretenden aprovecharse del miedo y el hastío ciudadano para llegar al poder.
Éste es el meollo del asunto: para estos sectores, la delincuencia no es en realidad un objetivo a enfrentar, sino una excusa para imponer sus modelos autoritarios y persecutorios, peor aún, con las reglas de la democracia. Para los demócratas, la tarea más importante de esta época es enfrentar con decisión esta amenaza en ciernes.