El sacerdote operario diocesano de Valladolid y catedrático y decano de la Facultad de Derecho canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca, José San José Prisco, encargado este Viernes Santo de pronunciar el Sermón de las Siete Palabras, con el «incomparable entorno» de la Plaza Mayor de Valladolid como escenario, ha animado a que «las últimas siete palabras» de Cristo «transformen nuestro corazón». Es uno de los primeros 'recados' que ha lanzado el diácono al principio de su intervención, en el que ha propuesto a los presentes meditar sobre el mensaje que trasladó Jesucristo en la cruz, que «en este año jubilar se tiñe del color de la esperanza» y «nos invita a mirar hacia el horizonte del amor de Dios, que se manifiesta plenamente en la pasión, muerte y resurrección de Jesús». Cofrades, devotos y visitantes han llenado el céntrico coso vallisoletano con un ojo puesto en el cielo ante la amenaza de lluvia. Lo hacían horas después de que los hermanos a caballo de la hermandad que da nombre al Sermón recorrieran las calles para animar a los ciudadanos a acudir este mediodía a la Plaza Mayor. Lo hacían pasadas las 08.30 horas y con una composición poética que en esta ocasión había escrito el periodista, profesor y columnista de ABC David Frontela. La primera parada de los jinetes ha sido el Palacio Arzobispal, donde ya esperaba numeroso público para escuchar la primera llamada. Pasado el mediodía y con la Plaza Mayor llena y expectante ha comenzado la intervención del pregonero, que han sido seguido con atención, entre otras autoridades eclesiásticas, civiles y académicas presentes, el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello; el alcalde de la ciudad, Jesús Julio Carnero, y el presidente de la Diputación Provincial, Conrado Íscar. Nada más empezar, el sacerdote ha recordado la vigencia de las últimas palabras pronunciadas por Cristo antes de morir . Así, respecto a la 'primera' -«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»- ha señalado que el perdón «no es una debilidad» sino «un don que solo Dios puede conceder» y ha explicado que cuando Jesús dice «porque no saben lo que hacen» lo que está haciendo es ofrecer «a sus verdugos la posibilidad del arrepentimiento y la conversión». Se ha detenido en la 'segunda palabra' -«Hoy estarás conmigo en el Paraíso»- para destacar que cuando Jesús las pronunció lo hacía para «revelar que la salvación no es un acontecimiento lejano, sino una realidad inmediata de quien confía en Cristo». A juicio del prelado, «en una sociedad donde a menudo etiquetamos a las personas por sus errores», debería estar muy presente «que Dios nunca deja de ofrecer una segunda oportunidad». «Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre», fue la 'tercera palabra' pronunciada por Cristo, que al pregonero le ha servido para recordar que «María es presencia cercana y maternal (...) Ella educa en la fe, enseña a escuchar a Jesús, a confiar en medio de la noche, a perseverar en el dolor». Con la 'cuarta' -«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», José San José Prisco ha recordado que Cristo «experimentó» el «abandono, la desesperación y la angustia». También «el vacío emocional y espiritual». En este momento, San José Prisco invitó a los presentes a «mantener inquebrantable nuestra esperanza en Dios» porque «aunque puede parecer callado o distante, está presente en medio del dolor, no es indiferente al sufrimiento humano», que «puede ser una oportunidad para crecer espiritualmente». «Tengo sed» fue la 'quinta palabra' pronunciada por Jesús, y que ha dado pie al sacerdote a destacar que la espiritualidad cristina es una «espiritualidad del cuidado» que no significa «asistir o hacer favores», sino «acompañar, proteger y estar presente». «Es necesaria una cultura del cuidado como camino para una sociedad más humana y fraterna», ha añadido, subrayando que la Iglesia está llamada a convertirse en un «auténtico 'hospital de campaña'» para salir al encuentro de «la humanidad herida, con compasión, cercanía y consuelo». «En un mundo herido y desconfiado, la Iglesia sana en lugar de condenar (...) Se convierte en el signo luminoso de la esperanza cristiana «. Con la 'séptima palabra' -«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»-, San José Prisco ha explicado que Jesús se «entregó totalmente» al Padre, «en un acto radical de abandono, no resignado, sino lleno de fe». «Es la oración de quien ha entendido que el amor de Dios no depende de que todo salga bien, ni de que la vida sea fácil, ni de que se cumplan nuestros planes Es la oración del que, aunque haya oscuridad alrededor, cree firmemente que no está solo, porque el Padre sigue ahí, silencioso, fiel, presente». En este sentido, ha subrayado la necesidad de confiar en ello porque «no nos hace más débiles» sino «más hijos, más libres». Es una de las últimas reflexiones que el sacerdote ha querido lanzar en el Sermón, que ha concluido con un epílogo en el que ha remeorado a los presentes que «la Pasión no es el final, sino el camino que conduce a la gloria», que precisamente es el «mensaje clave» en este Jubileo de la Esperanza: «Contemplemos el misterio de la cruz como el lugar donde nuestra esperanza se afianza».