Felipe Metraca y los 15 años de “Colores y cadáveres”: “Eran tiempos bonitos, hacíamos cosas sin pensarlo tanto”
Para Felipe “Metraca” Salas, baterista de la icónica banda Cómo asesinar a Felipes (CAF), retroceder 15 años significa observar una época marcada por la inquietud y el vigor que dio curso a este proyecto. “Teníamos muchas ganas de hacer música y empezamos a tocar harto en vivo en Santiago, en todos los clubes posibles. Había tocatas buenas, tocatas malas, pero, con 15 años menos, teníamos muchos sueños y energía por delante“, recordó el músico.
Ese es, precisamente, el ejercicio que los convocará este viernes 9 de mayo en la Sala Master de Radio Universidad de Chile, escenario habitual para los chilenos y que esta vez los convocará para la celebración de la primera década y media de “Colores y cadáveres”, su tercera placa de estudio. “Este disco nace un poco en respuesta al anterior, que fue con la Orquesta Sinfónica Juvenil, y que era súper denso”, contextualizó Salas, refiriéndose a “Un disparo al centro“.
“Tenía una atmósfera oscura, densa. Por eso, tratamos de hacer algo que fuera un poco más fácil de llevar, con canciones más cortas, y quisimos invitar a músicos que nos gustaban, de los estilos que mezclamos”, sumó sobre esa experiencia, que convocó a un artista por cada estilo.
“Del hip hop, invitamos a un MC que se llama Epicentro, que también tiene una canción con Makiza, un súper rapero que cubrió esa área. Por el lado del punk rock, tuvimos al Álvaro España, de Fiskales Ad Hoc, que también nos gustaba mucho y habíamos compartido con él. Y en el jazz invitamos a Raimundo Santander, un guitarrista y acero que ahora es el bajista de CAF. Se anticipó un poco a la actualidad”, recordó el percusionista. “Eran tiempos muy bonitos. Estábamos terminando de estudiar música y teníamos muchas ganas de hacer cosas, sin pensarlo tanto. Era pura energía”.
omo Asesinar a Felipes en Sala Master
De hecho, esa convergencia entre diversos universos sonoros y estilísticos es uno de los elementos que caracteriza a la banda y que, para Salas, es casi un leitmotiv: “Siempre hemos creído que a la música no hay por qué ponerle etiquetas. Hay muchas cosas buenas que uno se pierde. Siempre hacemos, por ejemplo, la comparación con la comida. Te pueden gustar las pastas, pero también de repente es rico comer otra cosa. En la variedad está el gusto. Siempre rescatamos lo que más nos gustaba y creo que hasta hoy lo seguimos haciendo. Porque somos cinco integrantes de la banda, melómanos todos, y con gustos a veces muy cercanos y, a veces, muy disímiles también”.
“Responde a eso, y creo que funcionó, porque al final la música buena para mí es una sola. Si algo es bueno, es bueno, nomás”, reflexionó. Una diferenciación que también es posible reconocer en otros elementos que componen la línea musical de CAF, como la omisión de las guitarras en una buena parte de su discografía.
“Tiene que ver con lo mismo. Ya era un lugar muy común, quizás, y la guitarra durante años fue el instrumento insigne de la música popular. Teníamos la suerte de contar con un pianista, Marcos Meza, que es justamente el que va a tocar con nosotros ahora. Y sentíamos que no necesitábamos una guitarra en el sonido” afirmó el baterista.
Y aunque en algunas ocasiones han tenido guitarristas como invitados especiales, recalca que “a Raimundo le prohibimos tocar guitarra porque él toca bajo en el CAF. Y es un instrumento que a mí me gusta mucho. La mayoría de las canciones que compongo las hago en guitarra, son esas contradicciones de la vida. Pero nunca la habíamos usado hasta antes de ‘Colores y cadáveres’. Siempre molesto a Raimundo con que el mejor solo que ha hecho en su vida es el que hizo para CAF”, confesó entre risas.
Un viaje en el tiempo
Sin embargo, es esa misma variedad sonora la que hace que las celebraciones de sus primeras placas impliquen una reconexión particular con su repertorio. “Llevamos 18 años tocando, es un largo recorrido. Para una banda independiente es difícil resistir en este país, siendo un grupo que no es masivo. Han sido muchas aventuras, grandes logros también, hartas decepciones, como la vida misma, diría yo. Pero ha sido entretenido. A estos discos les tenemos mucho cariño y, como ya han pasado 15 años, también hemos cambiado”, expresó Salas.
“Cuando estamos ensayando para estas tocatas que se vienen, nos tenemos que volver a situar un poco en el ‘modo’ de esa época, porque musicalmente fuimos desarrollando otro lenguaje”, explicó sobre esas adaptaciones. “Como empezamos a trabajar con el bajista de Faith No More, la banda tomó inevitablemente un rumbo más rockero. Y al volver a esto, al origen, a estos primeros discos, nos cuesta agarrar de nuevo la vibra. Porque ha pasado tanto tiempo y, a la vez, es un desafío muy entretenido”.
Algo que también salda una deuda histórica con las composiciones de su repertorio y que suenan menos en los setlist de los conciertos: “Hay canciones que tocamos dos veces y nunca más. Entonces, es como ‘chuta, hay que volver a estudiarlas, a sacárselas’. Pero es entretenido volver al pasado, es nostálgico también y uno aprende. Es enriquecedor“.