Háblales a los vientos
Días apilados como plastilina de caja, en medio de una semana sin igual fortalecen el espíritu reconociendo el valor que la circunstancia proscribe en lo sucesivo. En esta ocasión puedo compartir con total seguridad que las tormentas nos cesan, por doquier ocurren circunstancias se levantan escenarios y surgen tempestades de donde menos se pueden esperar. A diario los individuos y las familias enfrentan toda clase de asuntos que retardan bendiciones, obligan a reforzar la fe y oración y agotan las fuerzas vitales. Lágrimas corren por las mejillas en ocasiones solo como una respuesta al agotamiento emocional mas que por la capacidad real de poder traducir ese líquido salado en palabras concretas. Meditaba en todo ello mientras las ventanas del alma se mantenían embestidas con incomprensión frente a situaciones que no me correspondía juzgar.
Próximo al momento de poner una mesa con total prontitud y diligencia, habiendo concebido todos los detalles apropiados y debidos según el momento se alcanzó a escuchar el murmullo dulce, seguro y viajero de las garzas que decían: -¡háblales a los vientos!- Esta frase se incrustó con fuerza en la cien y pude recordar aquella historia que la sustenta, cuando Jesús dormía en la barca en medio de una gran tormenta y sus discípulos aturdidos por el temor le despertaron, Él le habló a los vientos calmando la tempestad mientras a ellos exhortó por su poca fe.
La corta pero sublime historia nos recuerda que Jesús está en la barca independientemente de la tormenta que acedia y los rumores de destrucción, el temor tiende a exagerar las circunstancias y a deshonrar la fe, ya que el que espera alguna cosa debe creer que la recibirá, así como el que busca al Padre debe creer en su corazón que puede ser hallado. De tal manera, mi corazón cobró ánimo tuve la fuerza y el ímpetu para levantarme, y con autoridad hablarles a los vientos que me acorralaban en medio de una circunstancia cuyo origen y prosecución eran ajenos totalmente de mi control o responsabilidad. En medio de esto, me habilitaba únicamente el hecho de que el sujeto de la devoción y total adoración reposa en la barca.
Una pequeña meditación se constituye como mi regalo para aquellos cuyas barcas siempre están llenas, y sus contenidos parecen amenazados por vientos circundantes dispuestos a hacer mucha bulla. En tales momentos recordar quien reposa en la barca te dará total autoridad para sujetar los vientos, aumentando la fe con los frutos de justicia y reduciendo el temor a una simple interferencia ruidosa.
@alelinssey20
La entrada Háblales a los vientos se publicó primero en EL NACIONAL.