Nada nuevo…
Como era de esperarse, desde el mismo domingo por la noche, la letanía de lambiscones y demás bichitos de similar pelaje está en pleno apogeo. Debe decirse que sus decibeles cada vez son menos estruendosos, no creo que por vergüenza o alguna remota contrición. Seguro es que ya no encuentran a qué maroma recurrir para justificar lo que no puede ser reconocido. Quién sabe si es que ya las miseras limosnas que el propio gobiernucho les hace llegar no les da para comer suficiente y están muertos de hambre, furiosos y sin militancia.
Se les oye llorar que ni Juana la Loca sollozando por Felipe el Hermoso mientras llevaba su cuerpo embalsamado desde Burgos hasta Granada. El Felipillo murió tras estar jugando pelota. Las primeras versiones aseguraban que fue producto de beber agua fría luego de los menesteres deportivos lo cual provocó el colapso. Tiempo después se dijo que había sido su suegro, el muy piadoso Fernando el Católico, quien lo hizo envenenar para sacarlo del medio. Más recientemente se ha dicho que ha podido ser un ataque cardíaco que acabó con él.
La cosa fue que la viuda arrancó con su finado esposo y fue dando tumbos por Torquemada, Palencia, Valladolid, y muchos otros pueblos de Castilla. El periplo fúnebre arrancó a fines de diciembre de 1506. La obsesión de ella por el difunto era de tal tesitura que giraba instrucciones para no alojarse en lugares donde hubiera otras mujeres ajenas a su cortejo. La celopatía póstuma era digna de Corín Tellado, quien sabe si de Delia Fiallo. Lo cierto es que a fines de febrero llegó a Tordesillas y se instaló en el monasterio de Santa Clara. Su padre aprovechó y ordenó los dejaran encerrados allí y tomó el control del reino que a ella le pertenecía, pero eso es harina de otro costal a la que no quiero dedicarme a cernir en la presente ocasión.
Salvando las distancias, y la dignidad de los actores, algo de eso estamos viendo en estos días en esta tierra alguna vez de gracia, hoy transformada en un erial de desgracias. Los Clausewitz del quehacer político vernáculo no pueden ocultar su intenso salivar ante el anuncio del hijo ilustre de El Furrial de la posible detención de la señora Machado. Sobran los bachilleres Mujiquita que tratan de endilgarle a ella que el país se quedó en casa el pasado domingo 25 de mayo.
Es una extensa manada de asnos y chigüires, con el debido respeto por tan nobles animales, los que andan tratando de entender, con un aún más confuso explicar, lo ocurrido. Todos se veían sentados en curules o despachos de gobernaciones. Naiboa con papelón. Sólo llegaron los más conspicuos “opositores”, entiéndase los más menesterosos, los que supieron demostrar mejor sus dotes celestinescas, aquellos de manifiesta vocación como cómplices… En pocas palabras: los que, a ellos, el combo de Maduro-Cabello-Padrino-Rodríguez, les dio su real gana.
El libreto del melodrama bufo sigue las pautas establecidas por los dueños del circo. Cada cual realiza la morisqueta que le hacen saber debe ejecutar. Lamentable, por decir algo, el papel desempeñado por tanta gente a la que en algún momento se le tuvo consideración y respeto. Imposible dejar de recordar la frase de Shakespeare en Rey Lear, puesta en labios del conde de Gloucester: “Es la plaga de estos tiempos un loco guiando al ciego”.
Aunque tal vez les venga mejor aquella otra de Macbeth: “He pisado tan hondo en esta sangre que volver atrás es tan difícil como seguir adelante.” Dignos de lástima unos y otros.
© Alfredo Cedeño
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