El doctor tenía razón sobre las presas
Hace unas semanas, un médico español que estudia y vive en el país me comentaba sobre el enorme fastidio que la provocan las presas de San José.
Oriundo de Barcelona, me dijo que aunque en su ciudad natal también hay embotellamientos, ninguna experiencia se compara con la impotencia y el enojo que siente cuando maneja el vehículo con que realiza visitas domiciliares.
Él jura no entender cuál es la hora pico porque, desde su perspectiva, aquí hay presas a toda hora. Tampoco se explica por qué el gobierno no hace nada para resolver el problema.
Me acordé de esta plática mientras cumplía, resignado, mi ritual de todas las mañanas de bajar a 20 km/h por la ruta 32 detrás de una interminable hilera de automotores.
Llegar al llamado cruce de doña Lela se ha convertido en una verdadera prueba de paciencia para los conductores y una gran oportunidad para los vendedores ambulantes.
La intersección sencillamente ya no da abasto para brindar un servicio eficiente. Obviamente, cuando fue construida, décadas atrás, la realidad de la flotilla vehicular era muy distinta.
Igual ocurre con muchos otros cuellos de botella que no solo dificultan la movilización de los ciudadanos, sino que también nos roban calidad de vida.
De hecho, a poca distancia del cruce de doña Lela, los usuarios que viajan en el sentido San José-Limón sufren al pasar por el recién ampliado puente del Saprissa.
Como resultado de la ocurrencia de algún genio, la estructura de dos carriles cae a una vía que solo tiene un carril y que está la espera de que algún día se haga una ampliación.
Tristemente, a nuestras autoridades poco parecen importarles las congojas diarias de los usuarios de las carreteras porque, tal y como me comentó el doctor, no se ven las soluciones.
Es obvio que el cruce de doña Lela debe ser sustituido por un moderno paso a desnivel y que es urgente terminar la ampliación de la vía entre el puente del Saprissa y el barrio del Socorro.
Sin embargo, como diría el gobierno del jaguar, lo que se ve no se pregunta. Resulta muy claro que no hay soluciones a la vista para estos y otros problemas viales.
De momento, los contribuyentes estamos condenados a aguantarnos las presas porque, como bien me lo dijo el doctor español, se han convertido en parte de nuestro paisaje urbano.
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Ronald Matute es jefe de Información de ‘La Nación’.