Camila Moreno: “Creo en que la gente se enamore de los discos y vaya a los conciertos”
“Éste es el disco más despojado que he hecho”, define en un momento Camila Moreno a propósito de “La primera luz”, su quinto álbum, y es sólo una de varias particularidades de este estreno. Para grabarlo trabajó por primera vez en México, con el productor Adán Jodorowsky. Cada canción está concebida junto a un video, dirigido por Carolina Moscoso. Y todo es un regalo. La cantante estrenó el disco el 4 de junio vía descarga gratuita desde su web oficial, camila-moreno.com, más allá de la lógica de las plataformas digitales.
Cinco de sus canciones han sido presentadas ya, entre “Fuga”, “Vapor”, “Irreversible”, “La primera luz” y “Madre nunca niña siempre”, y ahora la autora va a llevar a escena el disco con tres conciertos: el domingo 6 de julio en el Parque Cultural de Valparaíso, el sábado 12 de julio en el Teatro Oriente en Santiago y el miércoles 13 de agosto en el Teatro del Biobío en Concepción, con boletos en Passline, Ticketmaster y Ticketplus respectivamente. En esos shows recreará además música de sus previos discos “Almismotiempo” (2009), “Panal” (2012), “Malamadre” (2015) y “Rey” (2021).
“Hay una narrativa que va a acompañar las canciones y que se parece a esta suerte de película que hicimos con Carolina Moscoso, que está intervenida por bitácoras. El concierto también es así”, adelanta Camila Moreno acerca de esas actuaciones. “Es riesgoso para mí porque nunca he hecho y va a ocurrir solamente en estas tres ocasiones, no es algo repetible en un festival ni en otro tipo de concierto. Estos tres conciertos en Valparaíso, Santiago y Concepción son los momentos para meterse realmente en ‘La primera luz’ y en la puesta en escena propuesta para este disco. Vamos a tocar el disco en orden además. Y bueno, después de ‘La primera luz’ vamos a cantar canciones del recuerdo. Hay como dos actos en estos conciertos”.
Camila Moreno. Foto: Valentina Palavecino
– ¿Hay un relato aparte de lo audiovisual que une las canciones en la puesta en escena?
“Sí, el mismo que el disco quizás, y tiene que ver con ir desde la oscuridad o jugar en una constante penumbra, que es lo que estamos proponiendo en cuanto a luces. Estamos apostando mucho al texto, entonces la gente va a poder leer las letras y las bitácoras. Me interesa que cada uno lea con su propia voz, no que esté mi voz leyendo. Es súper introspectivo al final y ése creo que es el relato que une todo. También hay una cosa de nacimiento y muerte que constantemente ronda el show, y el disco”.
– A propósito de introspectivo, son canciones muy personales también. ¿Hay un paso importante en atreverse a llevarlas al escenario, compartirlas con tanta gente?
“Sí, justamente es algo que va a ocurrir solamente tres veces. Porque, en general mirando conciertos, veo que hay harto intento de mantener una energía alta, y la energía de ‘La primera luz’ parte bastante arriba pero va enterrándose, enterrándose, enterrándose, yéndose adentro. Entonces vamos a tocar sentados. Eso también es nuevo para mí, es raro tocar sentada. También encuentro que es justo, si el público está sentado, que yo esté sentada, ¿verdad? Yo como espectadora prefiero ir a un concierto y que haya sillas; soy una señora”, sonríe.
– ¿Eso fue siempre así, o te pasa últimamente?
“No, en los conciertos de Pánico me gusta meterme al pogo, me encantan los codazos y toda la cuestión. Si voy a escuchar música, no solamente a bailar ni a estar eufórica, prefiero estar sentada, escuchar cada cosa. Pero, como artista, el público sentado es lo más fome que hay. O sea, pregúntale a Juana Molina (cantante y autora argentina), que se enoja con la gente sentada, incluso cuando hay butacas les pide que se paren. Para mí por ejemplo tocar en la Blondie es lo máximo, que la gente esté ahí en una sintonía fiestera, lo mismo con los festivales. Pero entiendo que cuando uno está sentado y escuchando un concierto no tienes por qué estar fervoroso, y no por eso no estás involucrado ni realmente emocionado”.
La luz
“Una cosa que digo a mis alumnos, mi opinión, es que, para escribir letras de canciones o cualquier tipo de texto, hay que leer”, considera Camila Moreno, a propósito de las letras de “La primera luz” y de sus influencias. “Eso lo encuentro crucial. Aparte de eso, creo en la riqueza del vocabulario y la emotividad o las imágenes que puede poner, por ejemplo, Sharon Olds”.
Camila Moreno. Foto: Daniela Prieto
Sharon Olds es una poeta estadounidense que empezó a publicar libros en 1980, cuya más reciente obra es “Balladz” (2022) y es una de las lecturas poéticas actuales de la cantante, junto a autoras como Sylvia Plath. “Sharon Olds es la que escribe ‘Nada llega al universo y nada lo abandona’, que es una frase de ‘Vapor’ (una de las canciones del disco) que le tomé prestada”, guiña Camila Moreno. “Es una frase que tiene que ver con esta idea de John Lennon también, de que la vida fluye más allá de ti. Si estás adentro o no estás adentro de ella, igual hay vida. Esta idea de decirte, con buenas palabras, ‘No eres tan importante’, te da una perspectiva con respecto a una persona que tiene depresión. Es algo que por lo menos a mí me ayudó mucho para atravesar mi depresión”.
– “Nada llega al universo y nada lo abandona / y en el baño se destempla una escena con tu nombre”, dicen esos versos en la canción.
“Claro, ese juego de ir de lo cósmico y a lo cotidiano es algo que aprendí en la poesía. Las poetas chilenas siempre me acompañan: la Cecilia Vicuña, la Stella Díaz Varín… Son súper importantes para mí y siempre vuelvo a ellas porque al leer poesía, que me encanta, la puedes abrir en cualquier página, a diferencia la ficción. Y tiene algo de oráculo”.
– En esa misma canción, “Vapor”, aparece uno de los motivos del disco, que es la luz versus la oscuridad. En “Fuga” cantas “Miré tanto la luz que no pude verla”, en cambio en “Vapor” escribiste “Ahora veo tu luz”: una luz te ciega y otra te ilumina.
“Sí, de hecho el título de este disco no fue tan fácil de encontrar, pero una vez que me puse a mirar las letras, todas en algún punto hablaban de la luz. ‘Madre nunca niña siempre’ dice ‘Deja que las luces se apaguen y no puedas bailar sin el diablo en el cuerpo / Deja que las sombras se vayan persiguiendo a Dios’. Entonces está todo el rato hablando sin querer de la luz, o del sol, del amanecer, del fuego. Inevitablemente estuve hablando de eso, sin darme cuenta necesariamente, y el disco tenía que llamarse así, ¿no? Y también, coincidentemente, el segundo nombre de mi novia es De la Luz. Entonces también hay una cosa como de amor en ese sentido, porque ella fue un gran soporte para mí durante mi crisis de salud mental. Es una persona que me sostuvo harto. Estaba todo unido en ese sentido”.
– También aparece, o reaparece, la figura de la madre, partiendo por la canción que literalmente se llama ‘Madre nunca niña siempre’. Estamos a diez años de “Mala madre”, disco que también fue muy importante, muy experimental, que a lo mejor te abrió también a otra esfera de público. ¿Hay un cierre de ciclo, o un ciclo que se abre ahora con este disco nuevo?
“Sí, creo que hay un mirar atrás, por una parte, y también siento que ‘La primera luz’ tiene algo de un nuevo comienzo. Pero el tema de la madre me apasiona, me apela, y es un tema en el que nunca termino de tener una respuesta, la verdad. Es tan transversal a lo humano, tan definitorio de quiénes somos. Claro, en mis investigaciones de ‘Mala madre’ me metí en un universo inagotable, desde las brujas, la inquisición, el ‘Malleus maleficarum’ y también cómo hemos llegado a este tipo de sociedad al final, y el rol de la madre, de la mujer, la exigencia, y cómo por ejemplo en Chile es distinto a otros lugares. Hay hartas cosas que pasan ahí. También está la propia madre, en lo íntimo, y yo siendo madre, y ver a mi hermana siendo madre. Son distintas maternidades y eso se va ramificando y va cambiando la perspectiva de la vida. En ‘Madre nunca niña siempre’ hay una cosa de espejo de mi propia maternidad, pero también de pensar que parece que nunca llegamos a crecer, a ser madres realmente. Siempre somos como niños jugando a ser adultos”.
El sonido
– En un momento en que la tecnología y la IA está tan bullente, ¿por qué dejas eso de lado y retornas a lo acústico y lo análogo en “La primera luz”?
“Hay dos cosas. Una es oponerse al trabajo anterior, que siempre lo hago y siempre lo voy a hacer, yo creo. En este caso “Rey” (el disco previo, de 2021), que era como si no hubiera humanos tocando. Eran casi puros samplers y cosas que salían de la nube. Pero también creo que hay una respuesta medio natural a esta saturación de información que vivimos hoy, por estar tan conectados a la Internet y todo el día en el teléfono. En ‘La primera luz’ quiero que haya limpieza, no quiero tanto ruido, tanta info, tantas capas. Igual vengo de una educación musical súper noventera que sí tiene hartas capas, como Radiohead, por ejemplo. Y en mis discos en general, en todos menos en éste, hay muchas más capas. Creo que éste es el disco más despojado que he hecho, con menos información de arreglos y de instrumentos. Para mí responde también a un hastío de las cosas sobrecargadas, a un abrazar el minimalismo y querer volver a tocar sin necesitar una computadora ni una máquina. Que sea todo tocado por humanos un poco en la escuela de lo que pueden ser Beatles o Fleetwood Mac, como una cosa súper vintage si se quiere”.
– Ahí entra en juego el productor. ¿Por qué quisiste trabajar con Adán Jodorowsky?
“Adán me contactó hace muchos años por Facebook diciendo que le gustaba ‘Mala madre’. Y eso fue súper bacán para mí porque soy muy fan de Alejandro Jodorowsky (su padre), de su obra, de los cómics, de las pelis y todo eso. Y obviamente ahí caché mucho más la música de Adán, me interesó y tuvimos una buena onda. Después, cuando decidí buscar cosas nuevas, salir de mi zona de confort, pensé en él. Y cuando le escribí me dijo ‘sí’, sin siquiera haber escuchado nada ni decirme ‘oye, quiero escuchar los demos, las maquetas’. Eso para mí siempre es una buena señal, trabajar con gente que crea en lo que estoy haciendo artísticamente, más allá de la canción específica, de si tiene o no tiene coro, de si es no es pop, de si va a pegar o no va a pegar el hit. Eso para mí habla del interés común de realizar un disco que tenga más que ver con el arte que con un producto”.
“Adán, aparte de todo esto que dije, maneja muy bien el sonido análogo”, agrega Camila. “Las grabaciones de las guitarras, de los pianos, de las baterías, fueron súper cuidadas y con mucha calidez, también por los equipos que tiene y el lenguaje musical que maneja. Entonces tenía mucho sentido que él lo hiciera. Ahí fue importante recordar que yo tenía que entregarme al proceso, soltar el contro, aunque no por eso soltar lo que ya sabía que quería. Por eso es necesario trabajar con moodboards, para ponerse de acuerdo en palabras que son cruciales: crudeza, desnudez, vulnerabilidad, fragilidad, cotidiano, análogo, acústico. Todas eran palabras que yo ya traía, ¿no? Cada vez que nos íbamos por las ramas: ‘ey: aquí están las palabras’”.
Camila Moreno. Foto: Daniela Prieto
Por intermedio del productor, Camila Moreno grabó en el disco con los músicos Lari Ruiz (guitarra) y Bernardo Rodríguez (batería) en México. “Son personas que tienen muchos referentes, mucha historia, mucha experiencia laboral”, destaca. “Lari, por ejemplo, toca con Ana Torroja, y hablamos mucho de eso, de Mecano. Alguien puso en redes sociales que ‘Madre nunca, niña siempre’, es como Mecano en LSD. Me dio mucha risa, igual sí. Así que lo disfruté mucho y fue muy bonito. También fueron amigos a grabar: fue la Ximena Sariñana, el Benja Walker, Francisco Victoria, la Marian Ruzzi a grabar coritos en ‘La primera luz’ y en ‘Antorcha’. Y la Alfi (Alfilera, la violonchelista Alfonsina García) que tocó el chelo desde acá en Chile”.
– Liberaste este disco con un manifiesto. ¿Cómo es esa realidad expansiva que imaginas y cómo llegar a ese anhelo de la colectivización de la música?
“El gesto que hicimos de regalar el disco, y tenerlo en la página web para descarga gratuita, tiene que ver con oponerse a esta única opción que parecen ser las plataformas, ¿no? Donde los artistas salen con muy mal resultado y también los mismos usuarios. Y además hay una cosa de cómo podríamos imaginar otra industria. Es un intento, una piedra en el agua, una búsqueda, finalmente. No tengo la respuesta de cómo hay que hacer las cosas, pero sí creo que estamos viviendo en una lógica muy perjudicial para los músicos en general”.
– Eso recuerda a la plataforma MySpace, que también consistía en poner música a libre disposición, que partió justo cuando empezaste a tocar y que ya no existe.
“Sí, MySpace era maravilloso porque, primero, se trataba de la música: ése era el centro de todo, mucho más que el comentario, que si es bueno o es malo, que el hate. No estaba tan cargado a la imagen ni al discurso sino a la música, eso era para mí muy valioso. Y también había mucha comunidad en torno a MySpace. Conocí a (la cantante colombiana) Lido Pimienta, a Astro (grupo chileno), me hice amiga de Jóvenes y Sexys, una banda de Venezuela… es la única vez que me ha pasado eso: realmente hice redes a través de la Internet. Entonces lo recuerdo como una época medio gloriosa. Digo ‘¿Por qué no vuelve esto, qué pasó con toda esa música, con todas esas páginas?’”
– Pasamos en veinte años de tener MySpace, o Napster, que produjo una crisis en la industria, a tener Spotify, que hace listas con canciones y discos de bandas generadas por inteligencia artificial para precisamente no pagar a los músicos.
“No, es fuerte. Y aparte este tipo (Daniel Ek, fundador de Spotify) ahora está invirtiendo en drones militares, hay todo un tema. Entonces ojalá existiera una estampida masiva de esta plataforma que es nefasta, la verdad. Muchos otros artistas, Björk, gente de la industria, lo han dicho: a la hora de cómo se distribuye y se gana a través de las plataformas digitales, ésta es una de las peores eras. Suponemos que, como todas las eras, en algún momento va a morir. Y qué va a pasar en ese momento: yo creo hoy día en la posibilidad de colaborar, de que existan espacios análogos, físicos, de volver a tomar la calle, de que la gente se enamore de los discos y vaya a los conciertos. Entonces (el disco) se suelta y ojalá vayan a los conciertos, para que esto pueda seguir existiendo. Si no van a los conciertos es imposible que el hacer discos sea viable. Ésa es la apuesta mía por lo menos. Porque el privilegio de que gente que uno no conoce se apropie de las canciones, y haga suyas esas canciones que hiciste con harta dedicación y trabajo, y que existan en lo cotidiano de otro ser humano y puedan conmoverles, es una cosa que pertenece al reino de la magia, encuentro yo”.