Extremadura enamora a quienes la visitan. Es un destino que triunfa: la región registra cifras históricas en la llegada turistas, en las pernoctaciones, en el gasto medio por turista y en el empleo vinculado al sector. Aunque lo importante de este éxito, más que las cifras, es el modelo elegido. La región, bajo el lema «Extremadura extraordinaria» ha convertido en fortalezas lo que durante años se percibió como desventajas: la baja densidad de población, las grandes distancias, los espacios abiertos…autenticidad, calma, como sus señas de identidad. El pasado mes de mayo, la región registró 136.450 viajeros y más de 250.00 pernoctaciones, mientras las cifras nacionales descendían. Extremadura es una región que cuenta con siete Banderas Azules en playas de interior, tres ciudades Patrimonio de la Humanidad, dos restaurantes con estrellas Michelin y, lo más importante, con una red humana que hace posible este modelo: hoteleros, restauradores, artesanos, guías locales, emprendedores… Son ellos, con su profesionalidad, junto con la amabilidad de los extremeños, los que han hecho posible que Extremadura esté en boca de todos. El turismo ha crecido en Extremadura y ha creado empleo real. El número de afiliados en el sector ha alcanzado su mejor dato desde 2011: 29.761 trabajadores, de los cuales casi 8.000 son autónomos. Una dinámica que se extrapola a otros sectores de la economía; en junio, la región registró su cifra más baja de paro desde que hay registros, con 65.972 desempleados. Una dinámica que beneficia a todos, en especial, a los pequeños negocios, a los comercios rurales, a la artesanía… Cáceres, Mérida y Guadalupe son tres joyas declaradas Patrimonio de la Humanidad. Extremadura respira historia en cada uno de sus pueblos, en cada rincón, y ha hecho de la cultura una de sus mejores cartas de presentación. Este mes de julio comienza la 71ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, el más antiguo del país. Con un marco inigualable, el Teatro Romano de la capital extremeña, y un programa siempre sorprendente, el año pasado reunió a 179.000 espectadores. Roma, Lisboa u Osaka son algunas de las ciudades en las que se ha presentado esta cita cultural. Y es que Extremadura exporta cultura. Y no es el único hito cultural: WOMAD, el Festival de Teatro Clásico de Cáceres, BADASOM y decenas de festivales y propuestas locales llenan el calendario de citas creativas. Además, este año Cáceres ha presentado su candidatura para ser Capital Europea de la Cultura en 2031, y la región acogerá, por primera vez fuera de Hispanoamérica, el Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Pero el pasado también es un gran atractivo. Extremadura es tierra de historia, donde romanos, árabes o tartesos dejaron huellas profundas, valiosas y únicas. Entre ellas, el Yacimiento del Turuñuelo, en Guareña, que está considerado uno de los grandes descubrimientos arqueológicos de Europa. Para protegerlo y hacerlo visitable, la Junta de Extremadura va a invertir siete millones de euros en una cúpula ajardinada, la más grande del mundo sin pilares centrales. Además, en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz se puede recorrer una de las salas de protohistoria más innovadora del país, con más de 400 piezas únicas, incluidos los famosos rostros del Turuñuelo. Otra de las riquezas de la región es su gran calidad culinaria, en un modelo de turismo con denominación de origen. Extremadura no se entiende sin queso, sin vino, sin ibérico. Sin pimentón, miel o cordero. Las Rutas Gastronómicas Sostenibles del Queso, del Ibérico y del Aceite, junto con la Ruta del Vino Ribera del Guadiana o la posibilidad de beber el cava extremeño, nos permiten recorrer la región de otra forma, a través de los sabores, degustándola. La Junta de Extremadura, comprometida con promover una experiencia basada en productos con denominación de origen, ha iniciado el proceso de modernización de ocho hospederías públicas, en enclaves únicos, con una inversión de dos millones de euros. Gracias a ello, los visitantes degustarán las joyas de la gastronomía regional: jamón ibérico, Torta del Casar, AOVE, cerezas del Jerte… En cualquier rincón de Extremadura, entre dehesas o en una ciudad histórica, el viajero encontrará un bar o un restaurante dispuesto a sorprenderle. La cocina extremeña se cuida con mimo, se elabora con productos locales, de calidad, de temporada. Es una gastronomía que respeta la tradición sin olvidar la creatividad, pero que, sobre todo, es auténtica. Puede sonar sorprendente, pero sí, Extremadura tiene playas. Es la comunidad con más Banderas Azules en playas de interior, con siete de ellas reconocidas con un distintivo especial. La Junta de Extremadura ha destinado 2,6 millones de euros a mejorar estos espacios diseminados por toda la geografía: obras, sombra, formación de socorristas… porque se puede atraer turismo desde el respeto al entorno, cuidando el medio ambiente y disfrutando. La región ha hecho del turismo de salud y bienestar una gran apuesta. Sus balnearios, históricos y a la vez actuales, como los de Alange, El Raposo o Baños de Montemayor, entre otros, son destinos ideales para los viajeros que buscan algo más que descanso: cuidado, bienestar, calma, salud. Un segmento, el turismo termal que es un motor para el empleo rural y la fijación de población. El modelo extremeño no pasa desapercibido: destaca por la unidad entre instituciones y tejido empresarial, que trabajan de la mano, y por eso, en octubre de este año, Cáceres será sede de la V Convención de Turespaña, una cita que reunirá a más de 600 profesionales del sector turístico. Gracias al turismo, en Extremadura se crea una red que permite a los bares de los pueblos abrir durante todo el año, a los jóvenes emprender en su región, a los artesanos vender sus productos, a los mayores enseñar su tierra y sus costumbres y a los visitantes, descubrir una tierra que tiene mucho que ofrecer. Porque Extremadura siempre sorprende. Y siempre deja con buen sabor de boca.