OBBB: Remesas, IED y control de frontera
Con la aprobación de la llamada “One-Big-Beautiful-Bill” (OBBB), Donald Trump aseguró el financiamiento de su programa de gobierno para su segundo mandato, con lo que podrá cumplir muchas de sus promesas de campaña, como la exención de impuestos a los ingresos por propinas y tiempo extra. Y sobre todo, dejó ver el control abrumador que tiene sobre el Partido Republicano, lo que le permitirá implementar sus políticas con relativa facilidad, al menos hasta enero del 2027 cuando inicie la 120 legislatura, en la que se espera que el control del Congreso vuelva a dividirse entre republicanos y demócratas.
Hay tres temas de la OBBB que afectan directamente a México: el impuesto a las remesas, el fuerte aumento en gastos para control de la frontera y los efectos que tendrán diversas medidas fiscales para generar y atraer nuevas inversiones a territorio estadounidense. El gobierno mexicano no puede ignorar que el paquete aprobado la semana pasada estará vigente del próximo primero de octubre hasta el 30 de septiembre del 2029 y que los fondos asignados a cada una de las dependencias no están sujetos a gastarse en la misma cantidad cada año.
El impuesto del 1% a las remesas que se envíen en efectivo, con giro o cheque de caja entrará en vigor este primero de enero y, de acuerdo con diversas estimaciones, generará menos de mil millones de dólares al año. Sin embargo, el objetivo principal de esta medida no es recaudatorio, sino ayudar a identificar a personas que puedan estar viviendo ilegalmente en Estados Unidos. Por otro lado, los ingresos por remesas es una de las tres principales fuentes de divisas de México y luego de haber llegado al máximo histórico de 64,745 millones de dólares el año pasado, la incertidumbre generada por el gobierno de Trump puede reducir esta cantidad por debajo de los 60,000 millones en 2026.
Para el control de la frontera, la OBBB asignó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas –conocido en inglés como ICE– poco más de 130,000 millones de dólares, cuando su presupuesto anual era de 8,000 millones. Incluye 46,500 millones para la construcción del muro; 45,000 para construir centros de detención de inmigrantes, con una capacidad de 116,000 personas; 30,000 para contratar y entrenar 10,000 agentes más y; 5,000 para construir nuevas instalaciones y mejorar la tecnología a lo largo de la frontera. Además, planea aumentar el número de soldados y marines en la zona.
El gasto para control de la frontera llama la atención tanto porque ICE será la dependencia con el mayor presupuesto en Estados Unidos y porque las estadísticas muestran la caída en las detenciones de ilegales desde marzo. Con este escenario, surge la pregunta de qué pueda pedir Estados Unidos a México ahora que está negociando un acuerdo marco sobre seguridad, migración y comercio –como lo comentamos en este espacio– antes de iniciar la renegociación del T-MEC. Sólo sabemos que Trump solicitó en enero 10,000 elementos de la Guardia Nacional en la frontera con Estados Unidos.
Pero las medidas fiscales para atraer y generar nuevas inversiones en la Unión Americana deben ser el tema de mayor atención para el gobierno mexicano. La OBBB extiende la reducción al 21% de la tasa que pagan las empresas más grandes y otros beneficios fiscales a las Pymes que se implementaron durante el primer periodo de Trump y reduce la tasa que tienen que pagar las personas físicas con mayores ingresos, del 39.6% al 37%. La intención es que estas medidas, junto con la aplicación de aranceles al resto del mundo, atraigan nuevos inversionistas, por lo que la versión final del paquete desfasa más lentamente, que la versión de la Cámara Baja, la eliminación de los subsidios a proyectos con energías limpias y sustentables y deja abierta la puerta para reformas posteriores.
El entorno económico generado por Trump supera por mucho los retos identificados por Morena al inicio del sexenio de la doctora Sheinbaum y será determinante para el futuro de su partido. La pretensión del gobierno de controlar el funcionamiento del mercado, centralizar el poder en la figura presidencial e ignorar la inseguridad en la que operan las empresas sigue ahuyentando a los inversionistas y ha estancado la economía. Si el gobierno insiste en determinar los sectores y las condiciones para la inversión privada, ni siquiera una buena renegociación del T-MEC será suficiente.
Seguramente todo esto será parte de la conversación este sábado en la cena de bienvenida que se ofrece al embajador Johnson.