El médico ruso que se operó a sí mismo en la Antártida y sobrevivió contra todo pronóstico: el increíble caso de Leonid Rógozov
Leonid Rógozov, un joven cirujano de 27 años, protagonizó una de las hazañas médicas más impresionantes del siglo XX durante su sexta misión soviética en la Antártida. En ella, fue el único médico de la base Novolázarevskaya, donde, aislado de todo el mundo, sufrió una apendicitis aguda.
Debido a las condiciones climáticas y la imposibilidad de recibir ayuda, la situación resultó crítica tanto para él como sus ayudantes, quienes pertenecían a rubros alejados de la medicina. El barco que los había llevado no podía regresar y, hasta el deshielo, su equipo debía permanecer allí. Rógozov, resignado, no tuvo más opción que operarse así mismo sin anestesia general y ni apoyo profesional.
Leonid Rógozov atrapado en una base soviética alejada de todo el mundo
La expedición soviética había zarpado el 5 de noviembre de 1960 rumbo al inhóspito continente helado. Rógozov, sin completar su residencia médica, integró la misión como parte del esfuerzo por construir la nueva base científica Novolázarevskaya. Durante las primeras semanas, trabajó como meteorólogo, conductor y distribuidor de mercancías, aportando en distintas tareas necesarias para levantar la instalación.
El grupo quedó completamente aislado de la civilización. En fines de abril, el joven médico empezó a sentir náuseas, fiebre y un dolor punzante en el abdomen. Sospechando que se trataba de una apendicitis, anotó sus síntomas en su diario personal y decidió no alarmar al resto del grupo. Al cabo de unas horas, entendió que su condición se agravaba rápidamente y que la peritonitis era inminente.
El plan quirúrgico que desafió lo posible
Ante la falta de colegas con conocimientos de medicina, Rógozov designó como asistentes a un ingeniero mecánico y a un meteorólogo. Les explicó cómo pasarle los instrumentos quirúrgicos, usar un espejo como apoyo visual y qué hacer si perdía el conocimiento. Planeó cada detalle: desde la desinfección hasta el uso de adrenalina en caso de emergencia. La operación se realizó el 1 de mayo, con una aguja cargada de novocaína y el reflejo del espejo como única guía.
Sin embargo, el procedimiento se volvió más complejo de lo previsto. El cirujano decidió abandonar el espejo por la imagen invertida y continuar guiándose solo por el tacto. Durante la intervención, se lesionó el intestino ciego, provocando un abundante sangrado que debió controlar al instante. Debilitado, hizo cortos descansos mientras mantenía la temperatura corporal en medio del clima hostil.
Leonid Rógozov como héroe de la Unión Soviética
A pesar de las circunstancias extremas, Leonid Rógozov logró extirparse el apéndice y salvar su vida. En sus notas describió cómo, en el momento más crítico, sintió que su corazón se detenía y sus manos perdían fuerza. Sin embargo, al retirar el órgano inflamado, supo que había superado lo peor. Su hazaña se convirtió en un símbolo de resistencia para la Unión Soviética.
Tras su regreso a Leningrado, actual San Petersburgo, recibió la Orden de la Bandera Roja del Trabajo, el mismo año en que Yuri Gagarin se convirtió en el primer cosmonauta. Luego trabajó en el Instituto de Investigación de Neumología Tuberculosa y participó en controles de salud exhaustivos.