Palestina: ninguna otra tierra
¿Cómo sentir la estética de un horror? ¿Una historia de crímenes puede sentenciarse por el gusto? ¿Se puede despolitizar el arte del espanto? Es pavoroso salir de una sala de cine después de ver un documental y no encontrar ningún adjetivo que se remita a la obra, sino tropezar con un montón de calificativos que te sumergen en la más absoluta amargura.
No Other Land, (ninguna otra tierra o no hay otra tierra), es un documental realizado por el palestino Basel Adra y el israelí Yuval Abraham, obra que relata la institucionalidad de un robo, de un crimen, de una impunidad.
Suena alentador para el espíritu registrar la amistad de un palestino y de un israelí que ayuda a defender y denunciar el despojo que el Estado israelí realiza de las tierras a sus habitantes, Masafer Yatta se llama la localidad y queda en Cisjordania.
La película no nos activa esa primera capa de nuestra sensibilidad, se aleja de presentar una amistad en donde los dos protagonistas son víctimas de las circunstancias y del mundo adulto que no terminan de entender y no quieren incorporarse, pues sus “almas” todavía son puras y bendecidas por la ignorancia. Es una narración dura, en donde la relación está mediada por el propósito y ese objetivo no es otro que no permitir que la ocupación israelí siga extendiéndose.
No Other Land es el relato de dos jóvenes que no temen llamarle al ladrón, ladrón; al homicida, homicida; al Estado de Israel, sionista. Son dos muchachos que combaten un crimen institucionalmente perfecto: en donde lo legal y lo ilegal se intercambia; la bala militar y el disparo civil sale del mismo fusil; el usurpador está en presencia y ausencia; el silencio y el ruido son dos ebulliciones de un mismo movimiento, saquear; en donde lo religioso no está presente, pues no es el motivo de la invasión occidental a Palestina.
Frecuentemente, condenamos al gobierno de Israel y a las llamadas Fuerzas de Defensa Israelí, invisibilizando de ese modo el universo que sustenta a esas instituciones, las cuales, más temprano o más tarde, serán denostadas por los mismos que hoy las alimentan. Debo convenir, que en ese ocultamiento se nos olvidan los cimientos del Estado de Israel, la “maquinaria” que sustenta sus crímenes, el “mecanismo” delictual presente en Palestina, en Chile y el resto del mundo.
Permítanme hacer una breve enumeración de los personajes de este documental, no haré “spoiler”, pues en esta historia, tan conocida como ignorada, no hay como hacerlo. Los conductores de las retroexcavadoras y grúas, el “capataz” que elige las casas que se deben demoler, el sujeto que por televisión defiende la apropiación de tierras ajenas; el militar disfrazado de paramilitar que dice ser colono, el ex gobernante que frente a las cámaras se apiada y no permite derrumbar una escuela y sin focos televisivos fomenta el financiamiento del armamento israelí: todos ellos, ¿son menos culpables que los soldados y/o mercenarios que visten el uniforme militar?
No Other Land, es el registro audiovisual de dos jóvenes que muestran la dignidad, discúlpenme por utilizar mayúsculas: la DIGNIDAD de un pueblo que puede soportar vivir en cuevas para defender sus tierras, sus tierras no como un bien especulativo, sino como un territorio cultural, identitario, constitutivo de lo más esencial de un/a ser humano: de la vida.
No Other Land es una obra necesaria para todo público, sugiero verla a todo evento, es una película urgente para conocer (se), enrabiarse y movilizarse.