Alberto Texido, arquitecto: “El patrimonio recuperado, para que no lo habite nadie, no funciona”
Semanas atrás, el abogado penalista Juan Carlos Manríquez se dirigió a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para denunciar una serie de problemáticas que afectan a la ciudad de Valparaíso y que, en sus palabras, constituyen un “ecocidio”.
Lo anterior, apelando a que existe una destrucción de las condiciones que resultan esenciales para el desarrollo de la vida, y que obligarían al desplazamiento forzado de personas. Esto, en una acción que para el abogado podría significar incluso la vulneración de un derecho internacional.
“Lo que buscamos es que se tomen medidas efectivas, no solo anuncios rimbombantes de muchos miles de millones de pesos que, en definitiva, no se conocen cómo se invierten ni para qué. Por otro lado, que ya a 23 años de la declaración del sitio como Patrimonio de la Humanidad se inicien acciones concretas, puesto que los planes, las líneas de tiempo, las promesas, se ven contrastadas con un diario deterioro producto de la delincuencia, de los incendios, de la falta de control, de la desidia y a su vez de un exceso de evaluaciones de largo plazo que no dan ningún resultado práctico”, afirmó el legista en entrevista con La Tercera.
Una declaración que también despertó reacciones desde el mundo académico. “Desde la Facultad de Arquitectura y Urbanismo y el quehacer académico venimos estudiando este tema hace ya 10 o 12 años, por lo tanto, entender esta respuesta tiene muchas líneas”, explicó el arquitecto y docente de la Universidad de Chile, Alberto Texido.
Arquitecto, Alberto Texido.
“Hay gremios preocupados por esto. La academia estaba atendiendo el proceso evolutivo del Valparaíso Patrimonial, y también el Estado, la sociedad civil y el mundo privado indirectamente, que también han generado inversiones. Lo cierto es que vemos que hay un proceso de deterioro y abandono del centro de la ciudad que llega a datos muy llamativos respecto a la poca gente que habita la zona plana”, ilustró.
Sobre esto último, Texido explicó que: “Existen estadísticas que hablan de 6 mil habitantes en toda la zona plana de la ciudad, pero con una capacidad de 100 mil. El resto está optando por la periferia y prefiere irse lejos de Valparaíso, una ciudad que pierde atractivo y base económica, y dentro del cual, el debate sobre la ampliación portuaria y la supuesta inyección de recursos que permiten ampliar el puerto para llegar a las metas globales que el país se ha puesto para estos dos millones de TEUs, estos datos medio raros de mover contenedores, para nosotros significó un incentivo de investigación y propuesta”.
“Digo investigación y propuesta porque es re fácil venir aquí y decir que está todo mal. Pero el planteamiento siempre ha sido encontrar la salida con la mejor ecuación, que equilibre estos intereses macroeconómicos con un problema propio de la ciudad fuera del polígono portuario, que es grande. Porque tenemos un puerto que tiene un polígono que se ha ido cerrando en el tiempo, aislando física y administrativamente de la ciudad. Esto también tiene que ver con los recursos que el puerto deja, más allá de dar trabajo”, sumó el experto.
En esa línea, añadió que “con esta posibilidad de que desde el diseño de ese borde, donde el puerto tiene una tarea principal, se puedan resolver también los espacios de coexistencia que permitan que la ciudad sea nuevamente atractiva para la población y promueva la causa real de la recuperación del patrimonio”.
“El patrimonio recuperado, para que no lo habite nadie, no funciona. Entonces, la ciudad, paralelamente a las acciones que se están llevando a cabo en el polígono Unesco y su área de amortiguación, implica también resolver otras problemáticas que están fuera y que parecen indirectas, pero que son fundamentales para que la ciudad recupere también su sentido del espacio cohabitado, activo, beneficioso, cómodo, que es lo que finalmente hace que habitemos en ciudades”, concluyó.