Política arcaica
El Museo Tamayo, para mí parada obligatoria en Ciudad de México, presenta actualmente una exhibición que me capturó, tanto por su calidad plástica –las propuestas de 40 artistas representados en su colección– como por el retador título que las cobija: “Futuros arcaicos”. Se refiere a obras que combinan la oscuridad, la soledad, la aridez, las ruinas y las obsesiones telúricas, para sumergirnos así en visiones regresivas de lo que podría venir. Las excepciones son pocas.
Tan pronto leí la ficha inicial y entré en la primera sala, no pude evitar relacionarla con nuestra coyuntura política. Encontré en el título una especie de guía, o “variable operativa”, para orientar, por oposición, preferencias –muchas preliminares– ante las ofertas electorales. Es lo que comparto a continuación.
Toda propuesta política plantea una visión de porvenir; si no, ¿qué razones válidas existirían para pedir votos? Nuestro deber es seleccionar bien entre ellas. Aquí regreso al hilo conductor de la muestra. ¿Es el futuro que nos ofrecen inclusivo, sólido, respetuoso, democrático, realista, ilustrado, razonable, justo y equilibrado; es decir, mejor que el hoy? ¿O, al contrario, nos confrontan, como el Museo Tamayo, con modelos arcaicos, anclados en jerarquías cerradas, categorías enmohecidas, miradas sombrías, parálisis, irrespeto y autoritarismo?
Sé que, por razones diversas, existen personas, quizá muchas, que se inclinan por esta opción: el futuro como reafirmación del pasado o, si apelan al continuismo, como sobredosis del presente. Oscilan entre el retroceso y la parálisis. Derecho tienen, aunque no razón. Yo me adhiero al otro grupo, que espero sea mayoría. Es el de quienes, al decidir a qué agrupaciones y dirigencias escoger en la confusa sopa de letras que se perfila hacia el 1.º de febrero, rechazan lo fantasmagórico, desértico u oscuro, y buscan propuestas no contaminantes y lúcidas, activadas por equipos sólidos, ideas sensatas y energías políticas sostenibles.
Faltan pocas semanas para conocer la lista completa de partidos; luego vendrán las candidaturas y, al final, las votaciones. Mi sugerencia es esta: al decidir, apliquemos miradas precursoras, rechacemos imágenes turbias y tengamos presente que el futuro y la política, para valer la pena, deben rechazar lo arcaico.
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@eduardoulibarr1
Eduardo Ulibarri es periodista y analista.