La travesía de la Princesa Leonor a bordo de "Elcano" llega a buen puerto
El buque escuela "Juan Sebastián de Elcano" acaba de atracar en el muelle de Torpedos en la Escuela Naval de Marín. Con la marea alta y rodeado de decenas de barcos de recreo ha entrado silencioso en la ría de Pontevedra el mítico velero de cuatro palos con la Princesa Leonor y los otros 75 guardiamarinas a bordo.
En esta escala final también ha sonado un pasodoble. Toda la tripulación formada en cubierta ha saludado al ritmo de la música mientras se escuchaban vivas al Rey y a España. Desde uno de los barcos que han formado la escolta espontánea incluso sonaba Manolo Escobar.
Antes de descender, uno a uno se han despedido del comandante y han saludado a la bandera de popa. Al bajar por la inclinada y húmeda rampa, Doña Leonor ha torcido el gesto con una media sonrisa como si temiera un resbalón.
Tras formar ya en tierra con el resto de batallones han recibido la orden largamente esperada del “Rompan filas” y se han reunido con sus familiares entre aplausos.
Medio año de metáforas náuticas y sinónimos imposibles, de verbos que algunos no habíamos conjugado nunca en un artículo y que nos quedaban algo lejos. Y es que ha sido una travesía radiada y seguida muy de cerca, tanto por los de aquí como por los de allí. Un viaje que, instrucción militar aparte, se antoja un rito de paso, una iniciación para el mundo de exposición y visibilidad en el que Doña Leonor, a sus 19 años, apenas comienza a aventurarse.
La guardamarina Borbón (sobrenombre que hemos agotado de tanto usarlo) ha vivido una travesía intensa que, pese a algunos temporales, parece haber llegado a buen puerto. Desde que el «Juan Sebastián de Elcano» partiera de Cádiz el once de enero de este año, ha tocado tierra en ocho países americanos. Según dicen los que saben de esto, la navegación transatlántica de 22 días fue la parte más dura del entrenamiento. Luego llegarían los puertos en Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Panamá, Colombia, República Dominicana y Nueva York, donde los 77 novatos hicieron distintas escalas en las que hubo de todo.
Desde aquel supuesto beso en un concierto en Salvador de Bahía que nunca vimos hasta una portada en bikini que sí compramos, la heredera al Trono ha sido perseguida por fotógrafos con una intensidad que, a buen seguro, nunca había experimentado. La Casa del Rey llegó a poner una denuncia, la primera de esta naturaleza, contra un centro comercial de Punta Arenas (Chile) por la difusión de unas imágenes de la Princesa de civil en un centro comercial.
Los Reyes no han estado hoy en el puerto de Marín como sí lo hicieron en la despedida en Cádiz. La reunificación familiar se produjo en Madrid a principios de junio cuando la primogénita voló desde Nueva York para incorporarse a la instrucción de dos semanas en la fragata de guerra “Blas de Lezo” en Canarias. Antes había recibido la visita de Doña Letizia en una escala en Panamá tras varios meses separadas.
Parte de esta transición a una vida más adulta y con una agenda más propia tiene que ver con el hecho de que está siguiendo el camino que hizo su padre sin ahorrarse ningún tramo. Es verdad que la formación de Don Felipe en el mismo barco hace 38 años fue bastante más protocolaria y con encuentros de alto nivel en los que llegó a verse, aunque fueran diez minutos, con el entonces presidente de EE UU, Ronald Reagan. Pero el esfuerzo físico y mental requerido se antoja calcado, sobre todo si tenemos en cuenta el perfil de la Heredera, menos atlética que su padre y con intereses e inquietudes seguramente bien distintos.
El miércoles se cerrará otro ciclo cuando acompañe a su padre en la entrega de despachos a los nuevos oficiales de la Escuela de Marín, una ceremonia a la que ya asistió el año pasado. La diferencia es que, esta vez, ella estará entre los graduados y recibirá el título de alférez de navío. Lo hará de manos de Felipe VI y en presencia de su madre y su hermana Sofía, como ya sucedió en su graduación en el Ejército de Tierra.
La Princesa tiene aún por delante la última etapa de su inmersión en este mundo eminentemente masculino. Está previsto que, tras la desconexión estival, se incorpore a la Academia del Aire y el Espacio en San Javier (Murcia), de donde saldrá en julio de 2026 con rango de teniente. Será el final de una formación militar que ha sido cuidadosamente diseñada al detalle, entre otros, por la teniente coronel Margarita Pardo de Santayana, y supervisada muy de cerca por el Rey. Cuando herede el Trono se va a convertir nada más y nada menos que en la primera mujer en ostentar el mando supremo de las Fuerzas Armadas en España. Un horizonte que, según las últimas macroencuestas sobre la afección de los ciudadanos a la Corona, se divisa despejado y con vientos favorables. Parece que, después de todo, nos va a costar a desprendernos del lenguaje marinero de este medio año.