Uno de los principales problemas que afectan al crecimiento económico de nuestro país es la escasez de trabajadores que ocupen aquellos puestos disponibles, sin cubrir. Falta mano de obra , principalmente en el sector de la construcción. Así se desprende del informe 'El déficit de trabajadores en la construcción: causas y consecuencias' publicado hoy por BBVA Research. Ante la crisis de la vivienda que atraviesa España y sitúa el precio del metro cuadrado en los 2.438 euros de media en el país, rebasando máximos históricos, por encima de los 1.790 euros en los que cotizaba durante la burbuja inmobiliaria, la escasez de vivienda se sitúa como principal detonante. Faltan miles de viviendas por construir para poder hacer frente al problema de oferta que acumula España. Concretamente, el Banco de España cifra el déficit en 600.000 inmuebles residenciales -en proyección hasta 2025-. Con una demanda cada vez mayor y una oferta estanca, la solución pasaría por construir más viviendas. Sin embargo, aquí residen dos de los grandes problemas estructurales del sector de la construcción: la duplicación de la escasez de mano de obra, destinada a vivienda, desde 2020 y la cada vez mayor ausencia de suelo urbanizable. La preocupación de los constructores por cubrir estas vacantes de empleo pasa por encima del incremento en el coste de las materia y en los tipos de interés, otros de los grandes problemas del sector. Los trabajadores de la construcción han ido abandonado el sector , han reconvertido su actividad, se han jubilado anticipadamente o han pasado a formar parte del temido desempleo de larga duración. Todo ello con motivo de la fuerte destrucción de empleo experimentada tras la crisis financiera global de 2008, que trajo consigo unas expectativas de crisis prolongada ante el detonante de por aquel entonces, una excesiva oferta de vivienda, la conocida crisis del ladrillo. Sin embargo, la situación ha virado 180 grados. En tanto hace 15 años el sector atravesaba un redimensionamiento, con cerca el 14% de empleo respecto a la población ocupada, desde 2014 el umbral de ocupación se mueve entre el 6% y el 7%, reflejando la reducción de la fuerza laboral en un sector con escaso relevo generacional y envejecido . En 2024 solo el 10% de los trabajadores de la construcción tenía menos de 30 años, frente al 16% del conjunto de la economía; mientras el 35% tenía entre 45 y 54 años, cinco puntos más que en otros sectores. Resalta el incremento de edad en oficios como la albañilería o fontanería, cuyos empleados comprendidos en el rango de edad 45-54 años han pasado de representar entre el 15% y el 20% en 2007 -antes del estallido de la crisis- a un 40% en 2024. El crecimiento de la inmigración ayuda a cubrir estos desequilibrios, siendo un posible punto de inflexión para el envejecimiento de la fuerza laboral el ingreso de trabajadores extranjeros en ciertas profesiones, asegura Miguel Cardoso, economista jefe de BBVA Research. Desde 2019, el porcentaje de trabajadores nacidos fuera de España en la construcción pasó del 16 % al 26 %; en el particular caso de los albañiles se incrementó del 26 % al 40 %, según el informe. A la falta de mano de obra cualificada , la complicada continuación del tejido empresarial y su fuerza de trabajo y la reducción del tamaño de las empresas -empresas pequeñas y poco productivas-, se suma la carencia de suelo urbanizable . Cardoso advierte que los problemas que retrasan la disponibilidad de terrenos continuarán debido al rechazo a la reforma de la ley del suelo. Hace poco más de un mes la Comisión Europea recomendaba a España completar la reforma de una ley cuya modificación fue rechazada, por segunda vez, en el Congreso el pasado febrero. La excesiva regulación a que obliga esta normativa impide dar luz verde a las miles de construcciones necesarias para paliar los efectos de la crisis inmobiliaria que arrastra nuestro país. En una de las recomendaciones, Bruselas sugería la reducción de los plazos de tramitación de permisos, la eliminación de obstáculos administrativos y el abordaje del problema de mano de obra en el sector. Así las cosas, el aumento de los salarios y del número de asalariados actúan como mecanismos correctores del mercado, pero no son una solución definitiva, pues una mayor retribución como incentivo al empleo «puede no ser sostenible a largo plazo». Mientras el estancamiento de la productividad en la construcción se prolongue los precios de la vivienda seguirán disparados, sin existir a día de hoy una estimación exacta donde el despunte toque techo toque techo.