La nueva estrategia de Trump: Europa pagará la ayuda militar a Ucrania, pero EE.UU. proveerá las armas
En un nuevo giro que marca un antes y un después en la postura de Estados Unidos frente a la guerra en Ucrania, el presidente Donald Trump anunció este lunes un paquete de medidas que no sólo redefinen la política exterior de su administración, sino que también podrían alterar significativamente el equilibrio del conflicto en Europa del Este.
El anuncio llega tras la visita del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a la Casa Blanca, en donde Trump confirmó el envío de sistemas de misiles antiaéreos Patriot a Ucrania, así como la imposición de aranceles “muy severos” a Moscú si no se alcanza un acuerdo de paz con Washington en un plazo de 50 días. Un ultimátum que busca presionar al Kremlin, pero que también refleja el nivel de frustración que alcanzó el republicano frente a la intransigencia de Vladimir Putin.
Este viraje resulta llamativo si consideramos que fue el propio Trump quien, durante su campaña presidencial, prometía resolver la guerra en solo 24 horas.
Más tarde, ya instalado en el poder, llegó incluso a elogiar su relación con Putin y a calificar de productivas sus conversaciones. Sin embargo, los hechos han ido desmintiendo esa narrativa. Las promesas del presidente estadounidense sobre una posible tregua no se han materializado. Al contrario: los bombardeos rusos sobre territorio ucraniano se han intensificado como nunca antes, marcando récords diarios en el uso de drones y misiles, con más de 20 mil proyectiles lanzados solo este año.
Presidente de Rusia, Vladimir Putin. Foto: Kremlin.
La decepción de Trump con Putin ha sido evidente. El presidente estadounidense comentó sobre su homólogo ruso: “No quiero decir que sea un asesino, pero es un tipo duro”, “habla bien, pero no cumple nada”.
“Engañó a (Bill) Clinton, a (George W.) Bush, a (Barack) Obama, a (Joe) Biden; a mí no”, afirmó Trump refiriéndose a sus predecesores en el cargo. Y es que la escalada rusa, pese a los múltiples intentos de mediación liderados por Estados Unidos, ha dejado al descubierto que Moscú sigue avanzando con su propia hoja de ruta, sin atender los llamados a una salida negociada.
No es menor recordar que las negociaciones entre Ucrania y Rusia, celebradas en Turquía, fracasaron ante las exigencias del Kremlin: reconocimiento de Crimea y de las regiones ocupadas del Donbás como parte del territorio ruso, renuncia de Kiev a la OTAN y la Unión Europea, y una drástica reducción de sus capacidades militares. Kiev, firme en su negativa, terminó viendo cómo aumentaba su vulnerabilidad militar mientras las ofensivas rusas se intensificaban.
En este contexto, la política exterior de Trump comenzó a endurecerse. Si hace apenas semanas se especulaba con un eventual retiro del apoyo militar estadounidense, hoy la administración opta por otro camino: el de retomar la ayuda, pero bajo nuevos términos. El envío de hasta 17 baterías Patriot, uno de los principales objetivos de Ucrania, no será financiado por Estados Unidos, sino por sus aliados europeos. Un movimiento que busca equilibrar las demandas de apoyo a Kiev con las promesas de Trump de reducir el gasto norteamericano en conflictos externos.
Trump lo dijo con claridad: “Nosotros no vamos a pagar nada”. La OTAN y la UE lo financiará. En ese sentido, Washington ofrecerá los sistemas de defensa y municiones, mientras que países como Alemania, Noruega y al menos otros cuatro miembros de la OTAN ya han manifestado su disposición a cubrir los costos. La transferencia será rápida y, desde el punto de vista logístico, más eficiente, ya que muchas de estas armas ya se encuentran en territorio europeo. El cambio sería que estos países transferirán los sistemas Patriot que tienen en su territorio y Estados Unidos les venderá los reemplazos.
Sistema antiaéreo Patriot estadounidense, desplegados en Israel. Vía X@IDF
Además de las baterías de misiles Patriot, Estados Unidos también podría vender misiles de corto alcance, cartuchos Howitzer y misiles aire-aire de alcance medio a los miembros de la OTAN, que luego se transferirían a Ucrania.
“Estados Unidos venderá unos 10 mil millones de dólares en armas a los aliados de la OTAN en la primera oleada”, afirmó Mark Rutte, a la prensa. “Los suministros destinados finalmente a Ucrania incluyen misiles, armamento de defensa antiaérea y proyectiles de artillería”, agregó.
La doble estrategia de Trump
Por un lado, Trump busca mostrarse firme frente a Putin, pero sin comprometer directamente a Estados Unidos en términos financieros o militares. Y por otro, intenta cumplir con sus compromisos de campaña de “hacer negocios” para el país, incluso en el marco de una guerra. Cada batería Patriot cuesta cerca de mil millones de dólares, lo que representa una ganancia significativa para la industria de defensa estadounidense.
La lógica detrás de esta jugada también es política. Al vender armas a terceros países que luego serán transferidas a Ucrania, la Casa Blanca busca blindarse frente a las críticas internas por un eventual involucramiento directo en el conflicto. A ojos de sus seguidores, Trump no está enviando armas a la guerra: está vendiendo sistemas de defensa a aliados que, en ejercicio de su soberanía, eligen ayudar a Ucrania.
Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.
Sin embargo, el trasfondo sigue siendo profundamente delicado. En una conversación telefónica reciente, Putin habría advertido a Trump su intención de intensificar los ataques con el objetivo de controlar regiones clave de Ucrania en los próximos 60 días. Trump respondió con su propio plazo: 50 días para alcanzar un acuerdo, o comenzarán las sanciones del 100% de aranceles a Rusia.
Además, en medio de estas tensiones diplomáticas, la pregunta inevitable es si este nuevo movimiento logrará realmente cambiar el rumbo del conflicto. Porque, más allá del aumento en la ayuda militar, lo cierto es que Ucrania continúa enfrentando un serio problema de desgaste: escasez de tropas, debilitamiento logístico y la creciente presión de una guerra que ya lleva más de tres años.
Por mucha ayuda que reciba, si no hay un cese del fuego o una recomposición sustancial de sus capacidades, el tiempo seguirá jugando a favor de Rusia, que ha librado esta guerra bajo una estrategia de desgaste prolongado. Una guerra que, hoy más que nunca, se juega también en los despachos de Washington y Bruselas, sumado a la volátil relación entre Trump y Putin.