El viaje de Luisa Marabolí: “Estos últimos meses me cargué de energías. Me sentí más querible, que sirvo para algo como ser humano”
Hace tres meses que la vida de Luisa Marabolí dio un giro en 180 grados. Su nombre saltó a la fama junto al de DJ Fuego, Tío Lelo y el abogado Peñailillo tras el estreno en abril de “Denominación de origen”. La más reciente película del director Tomás Alzamora que ahonda en la batalla de un grupo de sancarlinos por adjudicarse el origen geográfico de la longaniza.
Cuatro personajes que, sumergidos en la autenticidad de sus propias personalidades, se transformaron en verdaderos héroes cinematográficos que hoy gozan del cariño de un público que encontró en esta propuesta una revitalización de la cartelera nacional.
Una valoración que se respira al final de cada una de las funciones, y de la cual Luisa ha sido testigo. “Aquí en Valpo, en Viña, siempre voy a la última función. Cuando ya está terminando la película, de repente me pego el rally y voy un ratito, y la gente igual queda contenta“, comentó la actriz desde su casa, ubicada en la población porteña Montedónico. Lugar que la vio nacer y crecer, y desde el cual desarrolla su vocación de dirigente social.
Lo de “Denominación de origen” se convirtió rápidamente en un fenómeno pop. De hecho, y a la fecha, acumula cerca de 100 mil espectadores y más de 12 semanas seguidas en cartelera. “Creo que eso nos ayudó mucho, el hacer un puerta a puerta con el ‘longatour‘. Había una brecha desde el actor hacia los espectadores. El actor era como inalcanzable. En cambio, mucha gente me ha dicho ‘primera vez que estoy con una famosa’. Y yo pienso ‘hueón, hay tanta gente aquí que es famosa, conocida, ¿por qué le dan tanto color por una foto?’. Si les van a llegar puras vibras positivas. Por lo menos yo me cargué de energía en estos tres meses. Me sentí más querible, que sirvo para algo como ser humano“, confesó Marabolí.
“Denominación de origen”, película
“Es bonito, y le agradezco a la gente, en realidad. He dado muchas entrevistas a cabros de las universidades y es bonito ver cómo ellos te atienden y te miran con ese reflejo, como diciendo ‘está aquí, qué bonito que esté’. Y me siento normal, todavía no le tomo el peso a la fama, entre comillas, que tengo por la película. Porque aquí una es famosa un día y al otro estás en la miseria, porque así somos los chilenos. Los 30 segundos de fama y chao”, sumó entre risas.
Por estos días, el filme de Alzamora conquistó un nuevo hito con su estreno mundial vía streaming. “Es para que la vea la gente que está fuera del país. Y para la gente que, en realidad, es floja. ¿Cómo le inculcamos a la gente que vaya al cine? Creo que perdimos un poco la cultura, porque tampoco llega a los cerros como para que la gente lo haga y espere los estrenos nacionales”, reflexionó Luisa.
“Encuentro que también es un poco de falta de cultura, porque suponte que en los colegios, una vez al mes, pusieran el Día del Cine Chileno, y fuera obligación ver una película chilena, para que no se pierda la cultura. Es lo mismo que pasó cuando sacaron cívica. La gente no está tan atenta a la política. Y toda es política en la vida“, afirmó.
“Cocinas y haces política; cantas y haces política. Porque en cualquier cosa puedes ocuparla, en el día a día. En eso estamos flojitos y al debe los chilenos, los jóvenes sobre todo. Siempre que voy a los conversatorios les digo: ‘ustedes son el presente y el futuro de Chile’. Ya tenemos muchos profesionales, y estos tienen que ser parte de los CORE, de los concejales, diputados, senadores. Ya basta de pasarle la pelota al de al lado, al que se ve más bonito, al que se viste de cuello y corbata, al que tiene magister. Tenemos que ser parte también de nuestra sociedad. Y hacernos cargo de los problemas políticos que tenemos“, sumó.
Apostar por el colectivo
Para Luisa, titulada de Gastronomía y jugadora 9 del club de fútbol Placeres, el éxito de la historia cinematográfica que le permitió consagrar su debut actoral tiene varias capas. La primera de ellas, la honestidad con la que retrata la importancia de luchar en bloque.
“Esa es la idea, tratar de cultivar el hacer las cosas bien. Hacer cosas positivas y reencantar a la juventud para que se hagan cargo del país, que podamos ponernos de acuerdo, que nos toleremos más. Que empecemos a ver al ser humano bueno y al ser humano malo. Porque de repente podemos tener distintos pensamientos, pero queremos el mismo futuro. Y para eso tenemos que tolerarnos”, explicó la actriz.
Principio que ha movilizado su vocación social: “Por eso trabajo para juntas de vecinos y estoy aquí, en la población. No ando tanto en la organización LGTBQA+ porque eso nos hace minimizarnos más y dividirnos entre las comunidades. Antes era una pura comunidad. Se juntaban mariconas, lelas y bisexuales. Era una pura fuerza, ahora no. Las lelas por un lado, el comedor marica por otro, el comedor disidente, los no binarios… Y eso nos hace estar más alejados como sociedad, como comunidad”.
“No somos una fuerza completa. Y eso nos pasa hasta en la discoteca. En Fausto va poca lela. No tenemos un espacio para reunirnos entre todos. Eso creo, que a nosotros nos falta tomar las astas y empezar a tolerarnos, hacer un puro núcleo, si al final hay mucha gente distinta con la que podríamos trabajar entre todos, juntos. Tenemos que apoyarnos y ser aporte. Porque así nos minimizamos más, sobre todo con esto de que de nuevo volvió la moral”, desmenuzó.
“Denominación de origen”, película
Algo que, sin embargo, reconoce como extensivo a todo nuestro tejido social. “Me pasó en la población, pasa en muchos clubes deportivos, en centros de alumnos, que no nos podemos poner de acuerdo. La gente no quiere ir a reunión. ¿Y cómo hacemos para que vayan? ¿Cómo hacemos que nuestros mismos estudiantes se interesen por el centro de alumnos? Nos está faltando eso, el unirnos. Yo sé que la modernidad llegó para quedarse, pero eso también nos ha quitado mucho de la vida”.
“A mi me decían ‘sí, es que la gente antes iba a reunión, se juntaba’. Y claro, pero antes no tenías internet ni cable. Así que en los momentos de ocio claro que había más tiempo para jugar al luche, para estar con los amigos, para ir a reuniones, juntarse, porque no había otras cosas entretenidas que hacer. Pero, ahora, el internet y el teléfono pegó mucho, los juegos pegaron mucho, y de repente los cabros ni salen de sus piezas“, observó Marabolí.
Es en ese sentido que considera que una película como “Denominación de origen” tiene que “llegar al debate. Tienen que hacer que la den en los colegios para que los cabros chicos se empapen un poco de lo que es el trabajo colectivo, que es lo que nos está faltando. Hacernos cargo de nosotros mismos. ¿Por qué chucha siempre tienes que esperar que lleguen asistentes sociales, que llegue gente para que tú te empoderes? Por eso después te dicen que quieres todo gratis”.
Ese espíritu del trabajo colectivo fue, una vez más, el que movilizó al equipo del filme para ir en ayuda del Centro de Educación y Trabajo (CET) de San Carlos. La fábrica que hace unos años coronó a la ciudad como la breve ganadora de la mejor longaniza de Chile y que sufrió un incendio en sus instalaciones.
“Me da pena porque lo que más necesitan ellos son oportunidades“, compartió Luisa. “Más de 16 familias dependían del CET. Había un caballero que decía que su hija estudiaba en la universidad. Eso a mí es lo que me da pena y angustia, porque en realidad no se sabe qué es lo que va a pasar con la gente, si acaso ellos tenían contratos por estar privados de libertad. No sé cómo se generará eso, si la Inspección del Trabajo hará algo”.
“Cuando fueron las funciones solidarias Tomás estaba en Isla de Pascua. Yo fui solita porque es parte de. Si la película nos ha dado tanto, por qué una no iba a poder ir. Fui a las cuatro funciones, hicimos una rifita, me conseguí un local para hacer un karaoke allá, donde también nos fue bien con la gente, para poder aportar el granito de arena desde acá, desde Valparaíso”, recapituló Marabolí.
Sobre la reinserción, expresó que “es súper difícil, al tiro te critican, si bien creo que todos podemos cometer errores en la vida. Aparte que la cárcel es la ley del jabonero, nunca sabes cuándo vayas a estar. Porque por cualquier cosita casi siempre quedas ahí. Y eso le pasa más a la gente pobre, porque como no tienen para abogado es muy difícil que ellos salgan. Y si tú ves el prontuario, no es tanto en comparación a personas que sí tienen plata y salen al tiro. Gente que ha trabajado de comerciante ambulante está presa. La brecha es muy grande de un polo al otro, cuando a toda la gente se le debiera juzgar por lo mismo. Y que los abogados no participen tanto con los delincuentes de cuello y corbata porque después a ellos los mandan a hacer clases de ética“.
Defender la diferencia
Otro punto que la actriz destaca es la particularidad de la propuesta de Alzamora. “Cuando Tomás me dijo de la película al principio igual me cagué de la risa, porque era trabajar con una longaniza”, confidenció con una sonrisa. “Yo le decía ‘hueón, igual es bizarro que pongas a una travesti a que luche por la longa’, aparte que casi siempre tienen el concepto de la cola, de la maricona que es muy afeminada, se pinta mucho. A lo mejor pensaron que me iba a caer a mí una longaniza, pero eso ni siquiera es tema en la película. Me pasaba cuando estaba grabando allá que iba a almorzar al mercado y muchas señoras me decían ‘¿y usted es casada? ¿Cuántos hijos tiene?’. Y yo pensaba ‘me quieren agarrar pa’l hueveo'”.
“Le dije a Tomás: ‘le tengo fe y le va a ir muy bien porque, en realidad, estás usando conceptos nuevos. Estás usando a la cola sin ser cola en una película y eso también le da otro switch, de que cualquiera puede luchar por cualquier cosa. Igual creo que alguna gente sancarlina se molestó porque me llevé el protagónico, siendo que no soy de allá. Pero era la magia del cine, la magia de juntar a las personas y que generó que esto se diera así”, sumó Marabolí.
Una naturalidad que incluso le permitió derribar barreras dentro del mismo elenco: “¡Ojo ahí! El abogado era medio homofóbico el hombre. No lo sabía hasta ahora. Hace poco que él me lo confesó vía internet. Me dijo ‘hueona, buena onda conocerte, yo antes les tenía recelo’. Porque se quedan con el travesti que se prostituía. No conocía bien el concepto del travesti, de que, en realidad, una también es un ser humano bueno. No violo, no mato, no robo, como para que a mí se me juzgue por lo que hago en mi cama o por lo que me gusta, cuando nadie debiera meterse en eso”.
“Los prejuicios debieran ser otros. Hablan tanto de moral y los que más violan son los curas, los papás, los tíos, los primos, los vecinos, y es gente cis. Ellos se hacen llamar ‘heteronormales’, pero sí han dejado cagaitas”, ejemplificó. Varias situaciones que la hacen valorar aún más su propio crecimiento personal.
“Denominación de origen”, película
“He abierto harto el hocico, como digo yo. En mi entrevista del The Clinic decían ‘ay, ya se empezó a victimizar’. Y no, es mi vida, lo que me tocó. Soy pobre, no tengo lucas, no nací acomodada. Me costó salir adelante y sobre todo en la época en que nací, el 76. En los 80 era muy prejuiciado todavía lo que era ser homosexual o ser distinto. Sobre todo para la gente pobre. En ese tiempo sí tenías que prostituirte, sí tenías que estar en un circo de colas… Porque era lo único que podías hacer para poder salir adelante. Y ahí le doy las gracias a la Fabiola Taylor, que fue mi madre en el mundo gay”, afirmó sobre la icónica figura porteña trans.
“Gracias a su circo, algo que sin querer ella impulsó, le dio cobijo a mucho cola. De repente los papás te echaban. Mucha gente le decía a Fabiola que era abusiva, pero ella no le ponía a nadie una pistola en la cabeza para decirle ‘chuta, vente a mi casa de putas’. Pero era el único lado que teníamos. Ella nunca me obligó a prostituirme. Si yo quería hacer algo, lo hacía, si no quería, no. De repente, a la Fabiola la han dejado bien mal parada cuando es una muy buena referente para esos años, donde no tenías ni a donde estar. Y creo que eso nos hace falta también como sociedad”, dijo, recalcando la importancia de apoyar a las y los jóvenes de la comunidad.
“He escuchado mamás que dicen ‘prefiero tener 10 maracas en vez de un maricón’. Era la humillación más grande tener una persona que fuera distinta, homosexual o lesbiana. Y los tapaban. Una tenía que estar callada y hacer su vida como fuera. Era difícil, en realidad es difícil. Una tiene que ser muy valiente y es muy complicado cuando eres distinta. Porque en realidad remas más contra la corriente”, ejemplificó.
“Me hubiera gustado tener un hijo. Hablábamos con una amiga y le decía ‘chuta, yo no tendría problema en tener un hijo, aunque fuera artificialmente, pero va a ser hecho con amor’. Porque le estoy dando mi amor, porque yo lo quiero tener y la otra persona también. En cambio, los papitos corazones llegan, prometen hasta que lo meten y después a los cabros chicos los dejan todos tirados“, cerró.