¿Te muerdes las uñas sin darte cuenta? Así puedes dejar de hacerlo
Estás viendo una serie, repasando mentalmente todo lo que
tienes que hacer mañana… y de repente, ahí estás otra vez: mordiéndote las uñas
sin darte cuenta. No es algo que se planee ni que se haga con mala intención.
Simplemente pasa. Y cuando lo notas, ya es tarde.
Si te reconoces en esto, no estás sola. Morderse las uñas es
un hábito más común de lo que parece. Lo peor es que suele ir de la mano de
momentos de estrés, ansiedad o aburrimiento, así que encima aparece justo
cuando más necesitamos cuidarnos.
¿Por qué lo hacemos?
Este gesto tiene nombre: onicofagia. No es solo una manía,
sino un comportamiento repetitivo que, con el tiempo, se automatiza. Puede
estar ligado a nervios, tensión, perfeccionismo o simplemente a la necesidad de
liberar energía. Algunas personas lo hacen cuando se concentran, otras cuando
están nerviosas. En cualquier caso, es algo que muchas veces se escapa de
nuestro control consciente.
Qué puede provocar morderte las uñas (además de estropearlas)
Más allá del tema estético (que también importa), morderse
las uñas puede dañar la cutícula, provocar heridas, infecciones o incluso deformaciones en la uña. A nivel emocional, también tiene su impacto: esconder
las manos en fotos, evitar enseñar las uñas o sentir que no puedes mantenerlas
bonitas puede afectar más de lo que parece.
5 trucos que sí funcionan para romper el hábito
No hay una fórmula mágica que funcione igual para todo el
mundo pero sí hay pequeños cambios que pueden ayudarte a romper ese
automatismo. Aquí van algunos que sí marcan la diferencia:
- Lleva
las uñas pintadas, aunque sea con una base transparente. Cuando las
ves cuidadas, da más reparo estropearlas. Además, te acostumbras a
prestarles más atención.
- Prueba
un esmalte con sabor amargo. No es agradable pero funciona como
recordatorio inmediato. Si estás a punto de morderte la uña, el sabor te
frena en seco.
- Ten
algo en las manos. Un anillo que puedas girar, una pulsera elástica,
un llavero pequeño o incluso una bolita antiestrés. Cualquier objeto que
puedas manipular te ayuda a redirigir ese gesto automático cuando notes
las ganas de morderte las uñas.
- Crea
una mini rutina de cuidado. Aplicar crema de manos, masajear las
cutículas o limar suavemente las uñas puede ayudarte a prestarles más
atención y empezar a cuidarlas como se merecen.
- Haz
seguimiento de tu progreso. Hacerte fotos, apuntar los días sin
morderte las uñas o simplemente darte cuenta de que ya no lo haces con
tanta frecuencia, también motiva.
Cuando dejarlo es solo el primer paso
A veces pensamos que cuidar las uñas es solo una cuestión de
estética pero va mucho más allá. Es un gesto pequeño, sí, pero también una
forma de reconectar contigo misma. De estar más presente. De darte cuenta de
cómo estás y qué necesitas.
Si llevas años mordiéndote las uñas, no esperes que se
solucione de un día para otro. Pero si empiezas a prestarle atención, a
cuidarte, a darte tiempo… algo empieza a cambiar. Y sin darte cuenta, vuelves a
sentirte bien con su aspecto.
Porque dejar de morderte las uñas no va solo de tenerlas
bonitas, sino de recuperar el control (y el cariño) por algo tan tuyo como tus
manos.