El último año de Petro, un presidente “en pie de lucha” pero de pocos resultados
El 7 de agosto de 2026 un nuevo presidente tomará las riendas en Colombia. Gustavo Petro, el primer mandatario de izquierda del país, habrá terminado el único periodo que le permite la constitución del país. Su recta final será, por tanto, una carrera por lograr que su proyecto político continúe en la Casa de Nariño y que no se diluya con su partida.
Analistas colombianos coinciden en que Petro parece estar en campaña, aunque no por él mismo. En marzo de 2026 hay elecciones para el Congreso y en mayo la primera vuelta presidencial, con los comicios previstos para junio próximo. «Si regresamos al sistema de la mercancía y los mercachifles, morirán más niños en Colombia», dijo en alocución pública el 7 de agosto mientras defendía su política de salud, quizá la única que ha podido echar a andar en sus tres años frente a la Presidencia.
El viernes fue más allá y dijo: «Hay que reelegir la reforma agraria. Miren los programas de todos esos candidatos a ver quién habla de reforma agraria. La Cabal –María Fernanda Cabal– seguro que no». Por ley, los funcionarios públicos no tienen permitido hacer campaña electoral.
Sergio Guzmán es fundador de la firma Colombia Risk Analysis, y afirma que desde hace años han determinado cuatro características de Gustavo Petro. «No tiene plan de gobierno, es mal gerente de personas, es mal ejecutor de políticas públicas y no le gustan los contrapesos institucionales» resume. Afirma que esa radiografía la sigue aplicando al presidente colombiano y cree que puede dar claves de cómo será su último año de gobierno.
«Petro sigue prometiendo cosas, sigue siendo grandilocuente y la narrativa de este último año será que hubo un bloqueo institucional para impedir ese plan que tenía. Veo difícil que se materialicen cosas», dice.
Sobre su gerencia de equipo, Guzmán pone el foco en las sucesivas renuncias de ministros de su gabinete, que ha debido refrescar por completo tres veces. «Van casi 60 ministros durante este gobierno», recuerda. Las últimas renuncias han sido las de Medio Ambiente y de Igualdad, además de su canciller. Su despacho insiste en los avances logrados, con resultados oficiales positivos, pero en los sectores de educación y salud los datos han sido cuestionados por expertos.
Por ahora, se sabe que se prepara una reforma tributaria para aumentar los gastos de funcionamiento del gobierno, lo cual se asume servirá para aumentar la burocracia pública. A eso se suma el aumento en el presupuesto para subsidios, que se denuncia pudieran estar amañados a favores políticos. Además, el martes pasado Petro dijo que, con o sin aprobación del Congreso, todos los soldados regulares del Ejército recibirán un aumento de salario a partir del 1 de enero de 2026.
Guzmán afirma, no obstante, que el presidente colombiano no podrá completar algún plan visible, ninguna transformación duradera. «No hay ningún proyecto de infraestructura de principio a fin desarrollado en esta legislatura. Las reformas han quedado cortas de implementación, exceptuando la de salud», explica.
En el ámbito internacional, Petro lidia con una relación tirante con Washington y una cercanía incómoda con Nicolás Maduro. Con Estados Unidos se ha encarado varias veces, la más reciente criticando la política antidrogas de Donald Trump, y afirmando que el gobernante venezolano lo ha ayudado a combatir el narcotráfico en la frontera común, a pesar de que su cancillería aún sostiene en documentos oficiales que no reconoce la legitimidad electoral de su vecino.
Por otra parte, entre Colombia y Perú hay un frente abierto de disputa internacional por razones territoriales: se disputan una isla en el Amazonas donde residen unas 3.000 personas. Está controlada en la práctica por autoridades peruanas desde hace décadas, cuando emergió por un desplazamiento natural del río, y esta semana ha visto a soldados peruanos izar su bandera nuevamente mientras Petro se acercó a la región para denunciar un atentado a su soberanía.
Es parte de las tensiones que afronta Petro, que se ve a sí mismo como un presidente «en permanente pie de lucha», dice Sergio Guzmán, de Colombia Risk Analysis. «Es lo mismo que vemos cuando se enfrenta al Banco de la República, al Congreso y a otras instituciones. Gobernar es buscar consensuar. Pero el presidente no pretende eso, porque considera que son sus maneras o si no nada sirve», asegura.