Ramón Griffero, escritor y dramaturgo: “La privatización de la cultura lleva a que la farándula empiece a ser más protagónica que el arte”
Hay muchas ocasiones en que la realidad supera la ficción. Eso es parte del encanto de “Ópera para un naufragio“, la primera novela del dramaturgo y Premio Nacional de Artes Escénicas (2019), Ramón Griffero, y que reconstruye la historia de varios de los pasajeros que navegaron en el buque escuela Priwall, emblemático navío del Tercer Reich que luego quedaría en manos de la Armada Chilena.
Un traspaso que, sin embargo, tuvo un final complejo para la milicia de nuestro país. “Hay varios naufragios reales dentro de la novela, pero el principal es este barco insigne de la Armada nazi“, comentó Griffero en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile. “Cuando llega a Valparaíso, los Aliados presionan a Chile diciendo, bueno, una cosa es que el país sea neutral, pero otra es que tenga este barco en su bahía. Así, el gobierno dice que se tienen que ir los marinos, pero que se puede quedar el barco y que cuando termine la Segunda Guerra lo devuelven“.
“Pero el ministro de Relaciones Exteriores de la Alemania nazi decide que mejor le van a regalar el velero más grande del mundo a nuestra Armada. Hecho que es recibido con aplausos, vítores y abrazos. En la novela se ve mucho esa unión que había de grupos nazistas en Chile con Alemania nazi. Y se acepta este regalo. Se le pone el nombre de Lautaro, que es el predecesor de la Esmeralda. En su viaje es reformado, tiene el típico viaje inaugural de estos buques escuela, y parten hacia San Francisco llevando salitres. Y a la altura del Perú este navío explota. Hay muchos fallecidos“, recapituló el artista.
Ramón Griffero, dramaturgo y director teatral.
Esto, en un acontecimiento que forma parte de la novela y que incluso se vincula con su propia biografía: “Mi padre era uno de los náufragos. Toda esa parte es verídica históricamente, y además tiene ese relato que estuve escuchando desde pequeño de mi padre, de cómo estuvieron 36 horas a la deriva, con las señales bloqueadas porque el Pacífico estaba en guerra. Y también da cuenta de los sentidos de vida. Incluso iba un primo hermano de mi madre, Mario Ossandón, que fallece en el Lautaro. Mi padre era íntimo amigo de este fallecido, y así es como conoce a mi madre“.
De esta forma, “Ópera para un naufragio” se constituye como un debut editorial cargado de simbolismos. “La novela tiene el mismo nombre que mi primera obra de teatro porque en cierta manera hay un espíritu que lo une”, ejemplificó Griffero. “Este espíritu del buscar de la especie, de encontrar siempre un mundo mejor, un bienestar, y los conflictos a los que se confrontan. En cierta manera, el Priwall también lleva a jóvenes que quieren arrancar del frente de batalla a pesar de estar enrolados por los nazis, porque la única manera de evitar ir al frente era tomar este navío que partía a Chile”.
“Incluso, la portada es la misma gráfica, el mismo diseño del afiche de la obra, realizado por Herbert Jonckers, que vino a Chile y generó un gran aporte en el diseño escenográfico”, sumó el dramaturgo. “La novela también es muy bella porque genera toda una cuestión existencial donde se ve que, a pesar de todo, siempre hay una sobrevivencia en estos naufragios. Los quereres, los amores, la amistad, en la lealtad que se va tramando. Van viendo que allí es donde se puede resistir, y a través del arte también“, aseguró el artista.
Portada de “Ópera para un naufragio”, primera novela de Ramón Griffero (editorial Cuarto Propio)
Desprivatizar el arte
Dentro de su historia personal, Griffero también tiene una fuerte conexión con la Universidad de Chile. Fue allí donde cursó Sociología durante los años de la Unidad Popular. Una época que describe como “maravillosa, con toda la convulsión y el aspirar a construir una utopía que vivía en ese momento el país”.
Misma institución donde vivió los desgarros del Golpe de Estado de 1973. “Mi profesor Claudio Jimeno, estudiantes, dirigentes fueron luego asesinados. Y yo tuve que partir como refugiado político”, deslizó sobre su exilio en Inglaterra. “Tiene ese doble recuerdo, del bello momento y de aquellos que quebraron nuestra última utopía y destruyeron nuestro primer sueño“.
De esos ideales, Griffero todavía mantiene la centralidad del espíritu colectivo: “En la novela está primero el ir construyendo espacios que no puede construir la dramaturgia, en el sentido que no puedo poner un barco arriba del escenario que navegue por todos los lugares, que enfrente tormentas, que recorra diferentes historias y países. Y también tiene que ver con la relación con el público. El público de la novela está teniendo una relación de intimidad, lo lee solo, a pedazos, en la playa, se embala, mucha gente toma la novela y no logra terminarla. Entra en ese universo. En el teatro igualmente entran, pero en una relación colectiva. Aunque todo arte es colectivo porque estamos hablando de emociones comunes“.
Por otro lado, y al observar el momento actual que vive el ecosistema cultural de nuestro país, el dramaturgo señaló que “lo que está sucediendo en este momento es que se profundiza la privatización de la cultura en Chile. Es decir, hay algo que la gente no tiene muy claro. Y es que en Chile no hay teatros públicos con elencos, con orquesta, con grupos de danza. Todo está privatizado. Las ferias del libro son privadas, los festivales de teatro son privados, los festivales de cine son privados. Lo único que queda público es la Dibam. Es decir, la biblioteca y los museos. Todo lo demás es subsidiado”.
Ramón Griffero, Premio Nacional de Artes Escénicas (2016).
“En este concepto de privatización se está dejando que los privados transmitan el patrimonio del país. Pero si un privado no quiere hacerlo, porque no tiene esa obligación de montar una obra del siglo XIX o del siglo XVIII, o de cualquier autor contemporáneo, todo ese patrimonio se pierde. Creo que lo más grave que estamos viviendo es que esta privatización de la cultura ha ido en aumento, y todos estos grandes centros culturales que tenemos, que son muy bellos, sólo son salas. Es decir, el Teatro Concepción, el Teatro de Talca, no tienen una orquesta, un elenco, no producen, no son centros de creación”, añadió.
“Y mientras no haya centros de creación estables en cada capital regional, cosa que existe en todos los países, en Brasil, en Argentina, etc., se subsidia la cultura de la misma manera en que se subsidian los caminos, cuando el deber del Estado es resguardar el espíritu de un país, que no puede quedar en manos de los privados. Los privados tienen interés en hacer lo que ellos desean, y está perfecto, pero, ¿quién responde por nuestra soberanía cultural?”, se cuestionó Griffero.
“Siempre lo he dicho: para la soberanía territorial gastamos millones de millones en la Armada, en el Ejército, etc. Y nadie le pide a la Armada o al Ejército que genere ingresos. En cambio, a la cultura se la está transformando en una pyme con operadores culturales, con la industria cultural. Yo no sé cómo la llaman a ‘industria’ cultural. No sé dónde estará mi industria, me encantaría tenerla. Pero, por otro lado, está la resistencia y la gente que en medio de esta dificultad, que es cada vez mayor, sí está escribiendo buenas obras, tratando de montar. Pero la privatización de la cultura lleva a que la farándula empiece a ser más protagónica que el arte“, concluyó el Premio Nacional.