Así son los océanos subterráneos de la Tierra a los que no sabemos cómo acceder
Tenemos un extraño fetiche con el agua. Sabemos que es
indispensable para la vida tal y como la conocemos y que el 70% de nuestro
planeta está cubierta por él. Sin embargo, a pesar de la cantidad de agua que parece haber en este planeta mediocre que orbita una estrella mediocre en
un lugar totalmente anodino de la Vía Láctea, nos resistimos a intuir que el
agua no es ninguna rareza cósmica. Nos sorprende cuando un estudio encuentra
agua en la Luna o nos cuentan que cada metro cúbico de subsuelo marciano puede
contener 35 litros de agua o, incluso, que, en la luna de Júpiter, Europa, hay
un océano líquido con tres veces más agua que en la Tierra. Nos cuesta
aceptar que el agua es ubicua y, de hecho, nos cuesta aceptar su presencia,
incluso, en nuestro propio planeta.
¿Y si te dijera que, bajo nuestros pies, a unos 660
kilómetros de profundidad, hay agua? Puede que te sorprenda más si
refrescamos que el punto más profundo de nuestros océanos, el Abismo del
Challenger, no alcanza los 11 kilómetros. Y, si esto ya ha captado tu
atención, espera a saber que no estamos hablando de pequeños charcos, sino del
agua equivalente a seis veces los océanos de la superficie. ¿Te sorprende? Posiblemente
sí, pero siendo el hidrógeno y el oxígeno dos de los elementos más frecuentes
del cosmos… ¿es realmente tan sorprendente como nos parece?
Un diamante desde las profundidades
El estudio que confirmó la hipótesis de estos “océanos”
subterráneos fue publicado en mayo de 2014 en la revista Nature y, desde
entonces, otros han seguido sus pasos, como fue el caso de otro publicado en la
misma revista en 2022 que, de hecho, volvió a captar la atención mediática por
aquel entonces. Pero, volviendo a 2014, la clave vino a bordo de un diamante
proveniente de las profundidades terrestres. El diamante, obtenido en Juína
(Brasil), contenía una inclusión de otro mineral llamado ringwoodtita que
contenía un 1% de agua.
Durante mucho tiempo, los expertos sospecharon que el
olivino (principal componente del manto) no tiene las propiedades adecuadas
para contener agua. Sin embargo, a más profundidad, cuando la presión y la
temperatura ascienden notablemente, éste se puede convertir en ringwoodtita, un
mineral teóricamente muy absorbente y, por lo tanto, un potencial contenedor de
agua. Por desgracia, los experimentos que habían tratado de confirmar esta
propiedad no ofrecían resultados concluyentes, por lo que el diamante de Juína
aportó la pista definitiva para confirmar las sospechas de la comunidad
investigadora.
Unos meses después
Y, como decíamos, esa línea de investigación no terminó
aquí. En junio del mismo año, otros investigadores publicaron en Science
datos sobre la capa de transición entre el manto superior y el manto inferior
(entre 410 y 660 kilómetros de profundidad). Para ello, habían utilizado el
registro de 500 terremotos captados por 2000 sismómetros para, con ellos,
reconstruir la estructura interna de la Tierra, como si fuera una ecografía
planetaria. Cuando las ondas sísmicas atravesaban rocas empapadas, frenaban
abruptamente, como si chapotearan en fango invisible.
Este "chapoteo sísmico" se repetía bajo América
del Norte, señalando un mar atrapado entre el manto superior e inferior (justo
donde la ringwoodita actúa como esponja mineral). La prueba no estaba en un
solo diamante, sino en el eco de los terremotos resonando sobre una alfombra
húmeda de cientos de kilómetros. Aunque, tal vez, decir “húmeda” sea algo
aventurado. A más de 1.500 grados y presiones inimaginables, el agua no está en
estado líquido, sino que la molécula de H2O se divide en átomos de hidrógeno (H)
y moléculas de radical hidroxilo por otro lado (HO)
Es más, según este estudio, estas masas de agua no estarían
completamente aisladas del ciclo de agua, sino que influirían en él como un
reservorio de agua que, bajo determinadas condiciones, podría inyectar parte de
su contenido a la superficie. Desde entonces, algunos expertos han sugerido,
incluso, mecanismos por los cuales la ringwoodtita puede deshidratarse,
produciendo cambios en su composición que afectan a la superficie terrestre y
al movimiento de las placas tectónicas.
Ahora tenemos bastante claro que la zona de transición del manto está muchísimo más hidratada de lo que pensábamos y que, aunque no sepamos con seguridad qué cantidad de agua contienen, la estimación de seis veces los océanos terrestres entra dentro de lo razonable.
QUE NO TE LA CUELEN:
- A pesar de haber recibido el nombre popular de “océanos subterráneos”, tienen bien poco que ver con los océanos. De hecho, el agua contenida a esta profundidad ni siquiera está en estado líquido, por lo que no tiene sentido imaginar cámaras descomunales llenas de agua, como si fueran lagos bajo la superficie terrestre. Sin embargo, la enorme cantidad de agua contenida en estos minerales les confiere suficiente importancia como para que los investigadores, fuera de los papers, se permitan la analogía de los océanos. No en balde, estamos hablando de una cantidad de agua equivalente a seis veces la cantidad de agua que hay en los verdaderos océanos.
REFERENCIAS (MLA):
- Pearson, D. G., et al. "Hydrous Mantle Transition Zone Indicated by Ringwoodite Included within Diamond." Nature, vol. 507, no. 7491, 12 Mar. 2014, pp. 221-24. DOI: 10.1038/nature13080.