La libertad de expresión es uno de los valores más apreciados por las sociedades democráticas. Sin embargo, su definición y sus límites no son universales. Lo que en un país puede considerarse una crítica legítima, en otro puede ser visto como una amenaza a la estabilidad. Esa diferencia de marcos culturales y políticos es lo que ha querido aclarar Estela Hao, una joven china que reside en España y que, a través de su cuenta de TikTok, ha respondido a una de las preguntas que más veces le hacen: ¿se puede de verdad criticar al Gobierno en China? Con un discurso directo, lleno de ejemplos y comparaciones, la joven no se ha limitado a repetir los estereotipos que se suelen escuchar en Occidente. En cambio, ha planteado una visión más matizada, asegurando que la respuesta es más compleja de lo que muchos creen . «Mucha gente me ha preguntado si en China hay libertad de expresión, si se puede criticar al Gobierno», comienza en su vídeo. «La respuesta es sí, pero con límites, como en cualquier país, aunque no lo creas». Una afirmación que, según reconoce, genera sorpresa en quienes esperan una negación categórica. La joven advierte que muchos pensarán: «Si tiene límites entonces no es libertad». Pero inmediatamente responde con otra pregunta: «Dime, ¿en qué país existe una libertad absoluta? En todos lados hay líneas rojas: seguridad nacional, incitación al odio, terrorismo, siempre hay un marco». Según la creadora de contenido, en China hay temas sensibles donde la crítica «avanza poco». Sin embargo, eso no significa que los ciudadanos estén completamente silenciados . «Aun así la gente se expresa y sí logra ser escuchada en muchos aspectos», subraya. Para ilustrar sus palabras, la joven recurre a una serie de hechos concretos : «En fábricas los trabajadores organizaron huelgas que se hicieron virales y lograron mejores pagos y condiciones». Hace referencia a las movilizaciones en Dongguan , un centro industrial clave, donde la presión laboral se transformó en mejoras salariales. No es el único caso. «En Sichuan, unas protestas ambientales frenaron un proyecto contaminante», recuerda. Y añade otro ejemplo más reciente: «Durante el COVID miles de quejas en redes obligaron a gobiernos locales a ajustar medidas». Incluso se refiere a uno de los movimientos más simbólicos de los últimos años : «El movimiento del 'papel en blanco' mostró que la gente puede protestar incluso sin palabras y aun así ser escuchada». Y remata con una pregunta que interpela directamente a quienes dan por sentada la censura total: «¿Eso suena como un país donde nadie puede decir nada?». Por otro lado, la influencer aprovecha para desmontar lo que considera un doble rasero . «Ojo, la censura no es un invento chino», afirma. «En Estados Unidos, redes sociales borraron contenido político bajo presión de la Casa Blanca». Y añade: «En el tema de Palestina, periodistas y activistas son silenciados constantemente en plataformas». Para ella, el contraste es evidente: «Cuando lo hace Occidente lo llaman seguridad nacional o proteger la democracia. Y cuando lo hace China es censura total». No obstante, insiste en que su país tampoco es perfecto . «Siempre he dicho que China no es perfecto, los cambios llevan tiempo y no se logran de golpe. Por eso hay avances y también hay cosas pendientes, es parte del camino de desarrollo». Más allá del debate sobre conceptos abstractos, la joven plantea un criterio diferente para juzgar la libertad de expresión: los resultados . «Al final más que la ilusión de libertad absoluta, lo que realmente importa es si la vida mejora. Y los resultados hablan más fuerte que cualquier propaganda». Su reflexión es también crítica hacia la visión occidental sobre China: «Es irónico, repiten tanto que no hay libertad en un país al que probablemente jamás han puesto un pie y se aferran a una supuesta libertad que muchas veces no es más que una ilusión bien vendida». Por eso, la joven concluye con una invitación al diálogo: «No se trata de competir en quién censura más o menos, sino de entender realidades distintas. Conversar con apertura y escuchar sin prejuicios siempre nos acerca más que repetir etiquetas vacías».