¿Paz o pausa? La ilusión del plan Trump para Medio Oriente
La semana pasada quedará marcada en la historia del Medio Oriente. Esto, después de que a comienzos de la semana el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentará su plan de paz para Gaza, el que fue aceptado por Israel e inicialmente acordado por Hamás a pendiente de negociar algunos detalles.
El plan de veinte puntos, titulado oficialmente “Plan integral del presidente Donald J. Trump para poner fin al conflicto en Gaza”, se presenta como un esfuerzo para alcanzar la “paz en Oriente Medio”, según él, pondría fin al conflicto y abriría el camino hacia una nueva era de estabilidad y seguridad regional. Aunque el contexto y las reacciones lo pintan más como un movimiento político que como una apuesta real por la reconciliación.
Trump apareció ante las cámaras junto a un visiblemente incómodo Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, el pasado lunes para presentar el plan.
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel junto a Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en el despacho oval de la Casa Blanca. Vía X@WhiteHouse.
Semanas antes, Netanyahu había intentado eliminar al equipo negociador de Hamás en Doha, Qatar, lo que llevó al propio Trump a obligarlo a pedir disculpas públicas al gobierno catarí.
Días después, el viernes pasado, Hamás anunció su disposición a aceptar el plan de paz de Trump, señalando que aceptaría el principio de liberar a todos los rehenes —vivos y fallecidos—, aunque pidió negociar los detalles.
Durante el fin de semana, el propio Trump utilizó su red Truth Social para asegurar que “se han mantenido conversaciones muy positivas con Hamás y países de todo el mundo para liberar a los rehenes, poner fin a la guerra en Gaza y lograr finalmente la paz en Oriente Medio”.
El mandatario norteamericano envió a su enviado especial Steve Witkoff y a su yerno Jared Kushner para cerrar el acuerdo, mientras que Hamás confirmó que su jefe negociador, Khalil al-Hayya, había llegado a Egipto encabezando la delegación palestina. Netanyahu, por su parte, anunció que la delegación israelí partiría hacia El Cairo este lunes.
Tras meses de mediación estancada entre Estados Unidos, Egipto y Qatar, los ministros de Exteriores de varios países expresaron optimismo en una declaración conjunta, calificando las negociaciones como una “oportunidad real” para lograr un alto al fuego sostenible.
El domingo, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, pidió a Israel detener los bombardeos sobre Gaza antes de las conversaciones, asegurando que “no se pueden liberar rehenes en medio de bombardeos”.
Vista aérea de la Gaza destruida. Vía X@mhdksafa 11/08/2025.
Egipto, país mediador, declaró que el objetivo inmediato es establecer las condiciones de base para el intercambio de todos los detenidos israelíes y prisioneros palestinos.
De momento, las negociaciones indirectas entre Israel, Hamás y los equipos diplomáticos continúan en la capital egipcia, centradas —según fuentes— en definir “el 10% restante” del plan de paz de Trump.
Pero Washington presiona por resultados rápidos. El secretario Rubio advirtió que “esto no puede durar semanas, ni siquiera días”. Y ese apuro tiene una motivación evidente, Trump quiere que el acuerdo esté firmado antes del 10 de octubre, fecha en la que se entregará el Premio Nobel de la Paz, galardón que él considera merecer.
La llamada “primera fase” del plan se centra en poner fin inmediato a las hostilidades y atender la emergencia humanitaria. De acuerdo al documento, una vez firmado, las fuerzas israelíes se retirarían a una “línea acordada” para preparar la liberación de los rehenes.
El texto evita precisar la ubicación de esa línea, describiéndola vagamente como una “retirada completa por etapas”. Trump anunció que Israel ya aceptó una “línea de retirada inicial”, la cual fue compartida con Hamás en el marco de las negociaciones en El Cairo. Sin embargo, su trazado exacto se mantiene en secreto.
El segundo punto clave establece que, dentro de las 72 horas posteriores a la firma, todos los rehenes en manos de Hamás, vivos o fallecidos, serán devueltos. A cambio, Israel liberará a cientos de prisioneros palestinos, entre ellos 250 condenados a cadena perpetua, más de mil 700 detenidos tras el 7 de octubre, así como mujeres y niños.
Completado ese intercambio, la Franja recibiría ayuda humanitaria a gran escala, junto con la rehabilitación de infraestructuras críticas, agua, electricidad y hospitales.
Plan de retirada por líneas presentado por Trump. Vía X@WhiteHouse.
El presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi, elogió el plan, afirmando que “un alto el fuego, el regreso de prisioneros, la reconstrucción de Gaza y el inicio de un proceso político pacífico conducente al reconocimiento del Estado palestino significan que estamos en el camino correcto hacia la paz y la estabilidad duraderas”.
Pero en esa última frase, Al-Sisi tocó un punto que amenaza con desmoronar todo el acuerdo, el reconocimiento del Estado palestino no figura en el plan de Trump ni de Netanyahu
Netanyahu ha sido tajante. En una entrevista con Euronews reiteró que reconocer a Palestina sería como “darle un Estado a Al Qaeda a unos pocos kilómetros de Nueva York después del 11 de septiembre”.
En su discurso ante la ONU, lo repitió sin titubeos. “No cometeremos un suicidio nacional porque ustedes sean débiles. No lo permitiremos”, declaró. En referencia a establecer un estado palestino. Según él, Israel libra “la batalla por el mundo libre”, previniendo que los “bárbaros” atormenten Europa y Estados Unidos.
El primer ministro israelí también insistió en que Gaza debe ser “desradicalizada”, comparando la situación con la reconstrucción de Alemania o Japón tras la Segunda Guerra Mundial.
Y aunque la fase inicial del plan parece encaminada en este sentido, el corazón del conflicto sigue intacto.
Benjamín Netanyahu en la ONU. Foto: Agencia Aton.
El plan de Trump contempla que, una vez alcanzado el alto el fuego y liberados los rehenes, se inicie una segunda fase centrada en el futuro político y de seguridad del enclave.
El Punto 6 propone amnistía para los miembros de Hamás que entreguen sus armas y renuncien a la violencia. El Punto 13 establece que Hamás y otras facciones no participarán en la gobernanza de Gaza. Mientras que el Punto 16 señala que Israel no ocupará ni se anexará la Franja, aunque Netanyahu mantiene su exigencia de conservar un control de seguridad total e indefinido, similar al que ya ejerce en Cisjordania.
De hecho, el plan de Netanyahu va más allá, propone el control exclusivo de seguridad israelí sobre toda Gaza, con un “perímetro de seguridad” y libertad de operaciones militares sin límite de tiempo.
El primer ministro rechaza también que la Autoridad Nacional Palestina asuma el control del territorio. En sus palabras: “No reemplazaremos Hamastán por Fatahstán. No cambiaremos Jan Yunis por Yenín”. En una suerte de comparación entre Hamás y la ANP, que el primer ministro lleva tiempo haciendo.
Y mientras los líderes negocian desde los despachos, la realidad dentro de la Franja de Gaza es devastadora. A un día de cumplirse tres años desde el ataque de Hamás y el inicio de la ofensiva israelí, Gaza está completamente arrasada.
Durante el último fin de semana, los bombardeos continuaron, dejando al menos un centenar de palestinos muertos. En total, desde el 7 de octubre de 2023, se estima que más de 67 mil palestinos han perdido la vida. Los números son tan altos que se vuelven abstractos, pero detrás de cada cifra hay una historia, una familia y una vida truncada.
Vista aérea de Gaza arrasada. Vía X@mhdksafa.
Las estimaciones más recientes indican que alrededor de 20 mil niños y niñas han muerto en la Franja. Es decir, casi un 30% de las víctimas son menores de edad.
Esta madrugada de lunes fue la primera vez, desde marzo, que no se registraron víctimas fatales dentro del enclave. Pero Gaza vivía en un bloqueo humanitario extremo, que ha derivado en hambruna generalizada.
Así, surgen preguntas que pocos la plantean abiertamente: ¿Qué pasará con los miles de palestinos inocentes dentro de la Franja? Porque los efectos de la hambruna no desaparecen con el fin de los combates. Dejan marcas que se traspasan incluso por generaciones.
¿Cómo podrán sanar las familias que han visto morir a sus hijos, que han perdido sus hogares, sus escuelas, sus hospitales? ¿Cómo se les puede pedir que ahora confíen en un plan impulsado por el mismo país que financió las bombas que destruyeron su tierra?
Por otro lado, cabe preguntarse: ¿Garantiza realmente la paz este plan? ¿Puede hablarse de estabilidad cuando Israel se niega a aceptar la solución de los dos Estados, que la comunidad internacional considera la única vía sostenible? Porque, en el fondo, si no hay reconocimiento de derechos, si no hay justicia ni autodeterminación, lo que se ofrece no es paz, sino una pausa entre dos guerras.
Lo cierto es que, cuando Donald Trump insiste en que su plan traerá “por fin la paz al Medio Oriente”, parece ignorar —o más bien fingir que ignora— que la paz no se decreta en un documento ni se conquista con titulares. La paz requiere verdad, memoria y voluntad política real. Y hoy, ninguna de esos tres factores está presente en Gaza.