Decía el filósofo francés Gastón Bachelard que «habitar es acoger el mundo sin someterlo, es vivir sin dominar, es caminar sin olvidar que el suelo también nos sostiene (…) La poética del habitar no está en la grandeza del edificio, sino en la delicadeza con la que una vida se posa sobre un lugar y lo transforma en presencia. Por eso, quien habita de verdad, no sólo vive: cuida, canta, recuerda». Un ejemplo de esta manera de vivir es la que se respira en la ecoaldea de Findhorn, un pueblecito de las tierras señoriales de los Highlands escoceses donde la huella humana se integra con elegancia y responsabilidad en el entorno. Salvando las distancias y mirando a España, así lo hizo el artista César Manrique en Lanzarote. La sostenibilidad en estos lugares no es un acto de 'greenwashing'. Es un propósito auténtico y prioritario que forma parte de la idiosincrasia de las personas que aquí habitan. Es, además, un elemento integrador para vivir en 'común-unidad' porque si hay algo que une son los valores. Findhorn es un laboratorio de ideas para el consumo responsable, desde sus originales casas 'carbón cero' , las energías renovables que utilizan, el sistema 'máquina viviente' (con plantas y microorganismos) para tratar las aguas residuales hasta los productos orgánicos que abundan en la dieta de los miembros de esta población. En el vestir también se reflejan estos ideales de mínimo impacto cuando se elige ropa de segunda mano que demuestra que al dar una segunda vida a un artículo no solo se puede vestir con estilo, sino también con sentido. Han pasado seis décadas desde que este proyecto ecológico y autosostenible de triple impacto –medioambiental, social y económico– fuera fundado por los ingleses Peter y Eileen Caddy y la canadiense Doroty Maclean. Hoy, Findhorn se ha convertido en un punto de referencia mundial para aprender a vivir en armonía con uno mismo, con los demás y con el medio que nos rodea. Más de tres centenas de personas, de todas las edades y lugares del mundo, viven en esta ecoaldea comprometidos con tres principios: co-crear de una forma respetuosa con la naturaleza, cuidar los unos de los otros y cultivar una espiritualidad que construya puentes, no muros. El Papa Francisco, en honor a quién fue su gran inspiración, san Francisco de Asís (patrón de la ecología), ya nos recordaba, a través de su encíclica 'Laudato Si', que el cuidado del planeta y la espiritualidad van de la mano. Y el Papa Juan Pablo II expresaba que la naturaleza es un libro sagrado a través del cual Dios se revela. Lástima que la politización de esta idea esté dilapidando la importancia del mensaje. Respecto al cuidado de los otros, en Findhorn se puede apreciar cómo la práctica del 'amor en acción' es una tarea transformadora. Entre otras iniciativas, existe el 'círculo de cuidado a la comunidad' que fomenta el espíritu de servicio, el que engrandece a las personas. Es, además, un gran antídoto para combatir el gran virus que nos acecha, el de la soledad. Pero, claro está, en los lugares donde hay luz también puede emerger la sombra. Ya nos explicaba Thomas Hobbes que «el hombre es un lobo para el hombre». Por eso, la figura del pacificador ocupa un puesto relevante para resolver conflictos humanos. Hay que destacar la importancia del compromiso individual para dedicar tiempo al silencio, a la escucha interior y a la oración contemplativa como un camino para vivir de una manera más auténtica, alegre y tolerante. Cuando uno se siente bien en «la piel que habita» (gran título eligió Almodóvar para una de sus películas), se encuentra en mayor disposición para dar todo lo mejor de sí al mundo. Findhorn nos demuestra que la manera de habitar en el mundo es tanto una cuestión de hacer como de ser. La transformación global sólo será posible con la suma colectiva de los compromisos personales para convertirnos en agentes de cambio. Así realizaremos, todos, un viaje que parte de lo particular hacia lo universal. Y a ti, lector, dedico este saludo de la ecoaldea, que se hace mirando, profundamente, a los ojos del otro: «Eres el lugar donde se recibe el regalo. Eres el lugar donde brilla la luz. Yo te honro a ti».