Seguro estoy, de que al leer alguien el título de este comentario, como poco, le llevará a preguntarse, ¿de qué va este hombre o, de qué va esto? Como dice el título, al natural. Ni es un cuento chino ni un artículo que escribo para entretenerme o entretenerlo a usted lector. Se trata de una realidad y experiencia vivida por medio centenar de personas mayores procedentes de Toledo, Yepes y Cobeja el pasado 29 de septiembre. Hay que situarse a las 8.30 horas en la estación de Atocha, en Madrid. Allí estábamos los toledanos, además del resto de pasajeros preparados para ir a Málaga en el AVE a hacer turismo y primordialmente para recorrer el famoso Caminito del rey, Llegada esta hora, la que tenía anunciada el tren su salida, no sale. Pasan cinco y diez minutos, todos más moscas que la leche, sobre todo, por las averías y sucesos que llevan sucediendo desde hace bastante tiempo en muchos y distintos lugares del país. Pasa un cuarto de hora, veinte minutos, todos mirándonos a ver qué sucedía y a ver si aparecía algún miembro de Renfe o Adif, que me da lo mismo para preguntarles. De pronto, se oye un aviso por la megafonía interna del tren y nos dicen que «perdonen el retraso, pero no tenemos maquinista y no podemos salir» . Las miradas entre nosotros, los juramentos en hebreo contra Renfe sonaron por los cuatros costados de la estación. En principio nadie podríamos creer que era verdad. Que no teníamos maquinista. Normalmente cuando sucede algún incidente suelen decir que hay algún problema técnico, que ha sucedido algo, pero no, era así de simple la cruda realidad y lo que parecía un chiste se había convertido en una pregunta: ¿a qué hora nos iremos? Bien, el tren partió casi media hora más tarde -exactamente 26 minutos- llegando a su destino solo siete minutos más tarde de lo previsto. Es decir, que el maquinista que nos llevó lo hizo, perdonen la expresión, a 'bolo suelto' , circulando en algunos momentos a 307 kilómetros por hora según marcaba el indicador que figura en los vagones. Por lo demás y salvado este incidente cabe añadir que nuestra expedición sacó buenas notas en la empresa fijada que, recordemos, no era otra que conocer la provincia malagueña y recorrer sobre todo el Caminito del rey. Y para darle más emoción al viaje, al regreso, a las 12 horas, sentados y esperando la salida en los minutos previos, se oye una voz por megafonía que dice, que el tren va a salir 15 minutos más tarde de lo previsto e inmediatamente corrigen y dicen que una hora y cuatro de retraso. Para completar la odisea rápidamente corrigieron y dieron que quince minutos solo más tarde. En suma, una película tolerada para todas las edades y que de una forma u otra y desgraciadamente viene ocurriendo en muchos servicios de nuestra querida Renfe. ¡Anda que como tuvieran que indemnizar por todos los fallos e impuntualidades que comenten como hacía al principio tenían que hacer una colecta o poner un impuesto para resarcirnos del mal funcionamiento actual! Son pocas las semanas y días que se salvan de que no haya ningún incidente. El nombre del ínclito Óscar Puente Santiago, actual ministro de Transporte y Movilidad Sostenible lo teníamos todos en los labios y en la mente. Por cierto, se ve que eso de sostenible no va mucho con lo que sucede habitualmente desde hace mucho tiempo. No me resisto a dedicar unas líneas a la actitud vergonzosa e injustificable de este señor, todo un ministro del Gobierno de España, Que se ría, no de Mazón, presidente de la Comunidad Valenciana. Que haga un mal chiste (sic), que si ha reservado mesa para comer en otro día donde cayeron muchos litros de agua como cuando la dana de hace un año . Con casi 200 muertos, por favor, que lo manden a galeras por decir tal barbaridad y a destiempo. ¿A cuento de qué viene esto? Hay que ser mal nacido y tener mala leche para expresarse así. Y lo peor es que lo haga todo un ministro del Gobierno de la nación. Claro que, como dijo otra eminencia que llegó a presidir nuestro Gobierno de España, «la democracia es el sistema de gobierno en el que cualquiera puede llegar a ser presidente del mismo». Desde luego que en eso no se equivocaba.