El conflicto y la negociación entre Israel y Palestina
Decano de la Escuela de Ciencias Sociales de la UDLAP.
De acuerdo con la teoría y práctica de las negociaciones para llegar a un acuerdo es indispensable la voluntad de las partes en conflicto para transitar de posturas intransigentes a una fase de intercambio de concesiones, para finalmente buscar soluciones ganar-ganar. La empatía es un elemento obligado para entender los intereses de la otra parte, así como es necesario para lograr un acuerdo el apoyo de la comunidad local e internacional.
En 1947 la ONU aprobó un plan de partición para resolver el conflicto entre judíos y árabes en la región de Palestina que estaba bajo dominio británico, intentando crear dos estados, uno judío y otro palestino, con Jerusalén bajo control internacional. Bajo este plan a los palestinos les correspondía poco menos de la mitad del territorio. Árabes y palestinos perdieron tres guerras lanzadas en contra Israel, lo que aumentó la posesión del territorio bajo control de Israel al 80%.
El proceso de paz de Oslo iniciado en 1993 culminó con una cumbre en Campo David, Estados Unidos, en el año 2000, con Bill Clinton como Presidente de EU, Ehud Barak como Primer Ministro de Israel, y Yasser Arafat, quien fuera líder de la Organización para Liberación de Palestina (OLP), como Presidente de la Autoridad Nacional Palestina reconocida por el gobierno laborista de Israel. Nunca se estuvo tan cerca de lograr la paz y difícilmente se reproducirán las condiciones que llevaron a ese punto, como un gobierno Israelí dispuesto a aceptar a un estado palestino y una autoridad palestina dispuesta a reconocer a Israel. Durante el proceso de Oslo se discutieron asuntos muy sensibles como el estatus de Jerusalén, los asentamientos judíos en territorios palestinos, los refugiados palestinos, la definición de fronteras y la seguridad de ambos pueblos.
En retrospectiva Arafat no debió rechazar el acuerdo final en Campo David, aunque quedaran pendientes ciertos temas. A partir de ahí vino un deterioro enorme bajo gobiernos de extrema derecha en Israel, la presidencia de George W Bush en EU, y la llegada de Hamás para gobernar en Gaza. La Autoridad Palestina en Cisjordania (West Bank) y el gobierno en Gaza se encuentran desde entonces separados política y territorialmente.
Shlomo Ben Ami, negociador central de Israel en los acuerdos de Oslo, en un artículo de Project Syndicate (Gaza and the Apocalipsis) habla sobre las visiones extremas de los judíos ortodoxos y cristianos evangélicos (apoyadores de Trump) que creen que el fin de los tiempos se aproxima y en la eliminación o expulsión del pueblo palestino de sus territorios, y de la visión apocalíptica de Hamás, similar a la de Irán, que busca la destrucción de Israel. Estas visiones dieron pie al ataque genocida de Hamás el 7 de octubre del 2023 y a la desproporcionada y genocida respuesta de Israel que le ha hecho perder toda calidad moral. En esas condiciones no hay posibilidad de alcanzar un acuerdo. Trump anunció un plan de 20 puntos para terminar la guerra en Gaza en respuesta a la presión internacional, que excluye a la autoridad palestina y parece un ultimátum previo a dar luz verde a Israel para culminar el genocidio en marcha.
Si se quiere un acuerdo de paz duradero en que cada nación tenga un estado, ni el gobierno de extrema derecha en Israel ni Hamás pueden ser partes negociadoras. El genocidio en Gaza hizo que países europeos como Reino Unido y Francia, reconocieran al estado palestino. Jerusalén debería ser la capital universal de las tres religiones abrahámicas monoteístas como son el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Es momento de hacer de lado lecturas dogmáticas que llevan al conflicto, y de generar una coalición de países amigos de la paz que incluyan a China, país que ayudó a restablecer relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán.