Crítica de 'Memorias de Adriano': La fragilidad del emperador ★★★★☆
Autoría: Marguerite Yourcenar (versión de Brenda Escobedo). Dirección: Beatriz Jaén. Reparto: Lluís Homar, Cris Martínez, Álvar Nahuel, Marc Domingo, Xavi Casan y Ricard Boyle. Teatro Marquina, Madrid. Hasta el 12 de octubre.
Supongo que ‘Memorias de Adriano’ no se editará ni leerá ya tanto como en los tiempos en los que yo era jovencito; pero fue un libro que muchos lectores devoramos en los 90, maravillados con la belleza de la prosa de Marguerite Yourcenar -o quién sabe si con la de Julio Cortázar, que fue el traductor de la obra en español- y con su capacidad, bastante novedosa entonces, para conjugar la historia con la poesía y la reflexión, es decir, con la alta literatura. Y eso que la novela, en aquellos años, tenía ya a sus espaldas un larguísimo recorrido: la primera edición en formato libro data de 1951, después de haberse publicado por entregas en la prensa, poco antes, con un éxito notable.
Pues bien, es esa hermosísima prosa de Yourcenar traducida por Cortázar la que alimenta y realza, desde el punto de vista literario, esta estupenda versión teatral de Brenda Escobedo que dirige con mucho talento Beatriz Jaén y que permite a Lluís Homar hacer un formidable trabajo interpretativo. ‘Memorias de Adriano’, como todo el mundo sabrá, es una novela testimonial construida como una extensa carta donde el emperador Adriano, ya al final de sus días, abre su corazón a su futuro sucesor, Marco Aurelio, y analiza para él los distintos acontecimientos, experiencias y circunstancias que fueron jalonando su vida y su reinado.
Sin perder su naturaleza epistolar, la obra de teatro, ambientada en un indefinido presente, amplifica el relato de Adriano, como corresponde a la comunicación en nuestros tiempos, y sustituye la carta a Marco Aurelio por una suerte de mensaje televisado a una gran audiencia. Pero es sin duda un acierto del escenógrafo José Novoa y de la directora Beatriz Jaén evitar la traslación realista, y someterse a la propia poética del texto, a la hora de plantear y concebir ese set televisivo con tintes casi oníricos donde se desarrolla toda la acción.
En ese espacio, iluminado a la perfección por Pedro Yagüe y enriquecido con la presencia y el movimiento de otros cinco intérpretes que no pronuncian una sola palabra, Homar se deja llevar con extraordinaria pericia y ligereza por la cadencia del relato, como haría un bailarín con la pieza musical que hubiese de interpretar, y va desgranando de principio a fin, con claridad, hondura y delicadeza, las distintas emociones que lo atraviesan.
El impecable trabajo de Tagore González en la composición musical y el diseño del espacio sonoro, el vistoso vestuario de Nídia Tusal o el elegante movimiento escénico, particularmente destacable cuando el personaje de Antínoo -interpretado por Álvar Nahuel- toma protagonismo, son algunos aspectos más que contribuyen al excelente resultado de esta cuidada producción estrenada este verano en el Festival de Mérida.
- Lo mejor: Hay un texto excelente, una muy buena dirección, un gran actor... Poco más se puede pedir porque todo en la producción está cuidado al detalle.
- Lo peor: Los innecesarios y petulantes latinismos que se proyectan y la excesiva duración, dado el tipo de lenguaje que rige la propuesta.