Full: La música de Fulano, un legado con “sustancia” y “libertad infinita”
La década de los 80 en Chile estuvo repleta de fenómenos culturales. Mientras que en la superficie regía el orden y la censura impuesta por los militares, un grupo de jóvenes músicos —muchos de ellos universitarios— lograban crear una corriente vanguardista que dejaría para la historia a varias de las mejores bandas de nuestro país.
En ese contexto, Fulano, proyecto que reunió a varios exmiembros de Santiago del Nuevo Extremo, se alzó como el responsable de un sonido alimentado por elementos del rock, el jazz y el avant-garde que marcó un antes y un después en el cancionero local.
Hoy, a poco más de 40 años desde ese primer impulso creativo, Jorge Campos y Willy Valenzuela —fundadores de la banda— se reunirán junto a Paquita Rivera, Cuti Aste, Andrés Pérez, Cristóbal Dahm y Guillermo Atria para revivir este legado bajo el nombre de “Full: La música de Fulano“.
Lo anterior, el miércoles 22 y el jueves 23 de octubre en la Sala Master de Radio Universidad de Chile y en el contexto del Festival Chile Jazz.
Para Rivera, tecladista y vocalista que se sumó a las filas de la banda tras la salida de Arlette Jequier, instancias como la que tendrá lugar en los próximos días en el emblemático escenario ubicado en Miguel Claro 509 dejan en evidencia la profunda marca cultural y generacional que dejó este repertorio.
Afiche del concierto de “Full: La música de Fulano”, proyecto en homenaje a la emblemática banda chilena, en la Sala Master de Radio U. de Chile.
“Fue una de las primeras cosas que me sorprendió desde que ingresé a Fulano, esta fanaticada fiel, que viajan. De repente, estábamos tocando bien al norte o bien al sur, y ahí llegaban los fans. Y ahora también ha sido sorprendente”, atestiguó la cantante. “Me imagino que para Willy y Jorge debe ser más habitual. Ellos estuvieron acostumbrados a todo un periodo en que Fulano era una cosa impresionante. Y lo impactante para mí es que sigue siéndolo”.
Sobre el conjunto de artistas que homenajearán a la banda en esta dupleta de conciertos, la pianista compartió que se trata de una iniciativa que partió tras la separación definitiva del grupo. “Cuando terminó Fulano quedamos bastante viudos durante un año. Cada uno vivió su duelo de manera diferente, pero varios queríamos seguir haciendo este tipo de música, y quedó ese vacío”, recordó.
“De pronto, Jorge dijo ‘bueno, hagamos algo, pero no puede ser Fulano’. Algunos estábamos ahí, revoloteando, y nos juntamos en ese momento con Álvaro Poblete, el último batero. Ahí, Jorge invitó a Guillermo Atria, con quien se conocían de harto tiempo, y armamos una banda que se llamaba —o se llama, no sé, ahí está flotando— Animal en Extinción. Hasta hicimos un disco. Era un poco más cargado hacia el rock, pero tenía mucho de la esencia de Fulano. De ahí quedó Guillermo”, contextualizó Paquita.
“En el fondo, los fundadores siempre están esperando que algo pase. El verano pasado se nos hizo una invitación para hacer una especie de autotributo en un festival de jazz en Zapallar. Jorge convocó y dijo: ‘Podríamos armar esto con el Guille, ya hemos estado tocando’. Y ahí invitó a Cuti y a Andrés. Y funcionó. Quedamos súper entusiasmados. Pero todos estábamos con nuestras pegas, clases, proyectos, entonces quedó todo stand by desde el verano. Y ahora resurgió con todo”, compartió con entusiasmo.
Y aunque su incorporación a la banda se dio en el 2013, Rivera está totalmente consciente del sacudón que implicó la aparición de Fulano en el medio musical. “Fue como una conjunción de astros. Se juntó gente muy inquieta, innovadora en lo musical, con referentes que no estaban aquí. Jorge fue uno de los iniciadores de la técnica del slap y de conceptos musicales que en Chile todavía no despertaban. El Cristian Crisosto también, con esa cabeza loca de hacer cosas distintas; la Arlette con su deseo de experimentar”, expresó.
“Todos se juntaron alrededor de la universidad, estudiaban música, ensayaban todos los días. Eso ahora es muy difícil de lograr. Ensayaban y experimentaban constantemente. Además, todo esto se fragua en un contexto de dictadura, donde había una represión que necesitaba una vía de escape, y eso fue fundamental. A mí me tocó vivir la época en que sabía de Fulano. Escuchaba su música y me parecía impactante cómo podían ir sorteando esas prohibiciones, saltarse esas barreras y llevar adelante una música totalmente loca, fuera de los marcos establecidos, con algunos referentes europeos muy lejanos. En los ochenta y noventa no era fácil estar conectado; no había globalización“, recordó la cantante.
Por eso, la sensación era que “el nombre de Fulano flotaba en el aire. Me gustó mucho un comentario que leí en un post de Instagram que decía ‘cuánto le debemos a Fulano’, y me sumo a eso. Cuánto le debemos: la libertad expresiva, esa sensación de que, cuando estamos tocando, no hay límite. Y agradezco la posibilidad de ser parte de esa última etapa. Cuando estamos haciendo música, sentimos concretamente que no hay límite. Me gustó haber entrado en este grupo porque me encontré con pares. Ellos venían de una formación académica tradicional, y yo también. Cuando empecé en la música popular, en paralelo a mis estudios doctos, siempre sentí que era un bicho raro. Sin embargo, aquí todo confluía perfectamente. Es hermoso porque hay una sustancia y, junto con eso, una libertad infinita“.