Santiago es la ciudad con más mujeres conductoras de Transporte Público en Latinoamérica
En América Latina, el transporte ha sido históricamente uno de los sectores más masculinizados. Buses, terminales, talleres mecánicos y oficinas operativas han estado, por décadas, dominados por hombres. Pero esa imagen, que parecía inamovible, comenzó a transformarse.
Desde Chile, el Directorio de Transporte Público Metropolitano (DTPM) se ha posicionado como un referente regional en la incorporación de la perspectiva de género en la movilidad, un trabajo que sumo un nuevo capítulo durante el III Encuentro del Observatorio Latinoamericano de Género y Movilidad (OBGEM), realizado en Bogotá, Colombia.
El reciente tercer encuentro, que llevó por lema “Donde empieza el movimiento: género, cuidado y territorio”, reunió a cientos de representantes de las agencias de transporte de ocho ciudades latinoamericanas; La Paz, Lima, Buenos Aires, Ciudad de México, San José de Costa Rica, Quito, Bogotá y Santiago, además de organismos multilaterales como el Banco Mundial, BID, CAF, GIZ-Euroclima, y la Agencia Francesa para el Desarrollo (AFD), empresas públicas y privadas, junto con organizaciones de la sociedad civil y la academia.
“Incorporar el enfoque de género en la movilidad no es solo una cuestión de justicia, sino de eficiencia y sostenibilidad. Cuando planificamos pensando en quienes cuidan, en quienes viajan acompañadas, en quienes necesitan sentirse seguras en su trayecto, construimos un transporte público más humano y representativo de nuestra sociedad”, afirma Paola Tapia Salas, directora del DTPM.
Conductora de la Red de Movilidad de Chile. Foto: Directorio de Transporte Público Metropolitano (DTPM).
Allí, el OBGEM reafirmó su papel como un espacio colaborativo para promover políticas públicas que integren la equidad de género en el diseño y operación de los sistemas de transporte. Un desafío que, en palabras de Tapia, “requiere transformar las estructuras internas del sector, para que más mujeres puedan reinsertarse al empleo formal. Desmasculinizar el transporte no es solo sumar mujeres al volante, es cambiar la cultura de un sistema que debe reflejar la diversidad de quienes lo usan”.
El caso chileno fue uno de los más destacados en el encuentro. Desde la creación de la Política de Equidad de Género en Transportes en 2018, una de las primeras del mundo, el DTPM ha impulsado cuatro pilares de trabajo: movilidad del cuidado, seguridad, transversalización de género y desmasculinización del sector.
Gracias a estas políticas, la presencia femenina en el transporte público ha crecido de manera sostenida. En 2014, solo el 1% de las personas conductoras de buses en Red Movilidad eran mujeres. Hoy, esa cifra asciende a 2 mil 156 conductoras, equivalentes al 12,13% del total, lo que representa un aumento del 125% desde 2022, consolidándose como la ciudad con más mujeres conductoras en América Latina.
Conductora de la Red de Movilidad de Chile. Foto: Directorio de Transporte Público Metropolitano (DTPM).
Este cambio no ha ocurrido por azar. Iniciativas como el Programa Mujeres Conductoras, que entrega becas para obtener la licencia profesional A3, han permitido que cientos de mujeres se incorporen al sistema con apoyo estatal y privado. Recientemente, 24 mujeres de Puente Alto se graduaron como conductoras del sistema Red Movilidad, asegurándoles su contratación por parte de la empresa Conecta Mobility.
En un continente donde las mujeres realizan más del 60% de los viajes vinculados al cuidado y el 78% declara sentirse insegura al moverse en transporte público, la urgencia de políticas que integren la perspectiva de género es evidente.
Desde Chile, Red Movilidad con su combinación de electromovilidad y mujeres conductoras, se ha consolidado como un referente de cambio. Pero el desafío continúa: lograr que más mujeres conduzcan y dirijan el transporte que mueve nuestras ciudades.
El tercer encuentro del Observatorio de Movilidad y Género subrayó el valor del trabajo conjunto entre gobiernos locales, organismos multilaterales, academia y la sociedad civil. Para Tapia, ese diálogo es clave: “Participar en instancias como el OBGEM nos permite no solo compartir avances, sino también aprender de las experiencias de nuestras pares latinoamericanas para fortalecer una movilidad más justa, inclusiva y segura para todas y todos”.