Estos son los ocho platos que en los 70 eran baratos y ahora son considerados de lujo
España es conocida por sus platos típicos como el jamón ibérico, la tortilla de patatas o la paella. Nombrar estos platos en cualquier parte del mundo servirá inmediatamente para recibir una respuesta relacionada con nuestro país, pero no son los únicos representativos. Hay otros muchos que se hacían en las casas españolas, especialmente en aquellas con menos poderío económico, para salir del paso y alimentar a toda la familia sin comprometer el bolsillo.
De cuchara o no, muchas servían para llevar el día a día sin muchos excesos. No han desaparecido de las casas españolas, pero lo que era un plato totalmente económico ahora es un bien de lujo cuando se decide tomar fuera de casa. Muchas recetas nacidas de la necesidad han evolucionado con
nuevas presentaciones y materiales, pero conservan su capacidad de reconfortar.
La especialista Avery White revela en ‘VegOut’ algunos de esos platos que han
cambiado de forma y precio.
Ocho platos baratos en los 70 y caros en la actualidad
Macarrones con queso
Lo que en los años setenta se resolvía con un paquete de
queso en polvo, leche y, si había suerte, un poco de mantequilla, chorizo o carne picada, ha pasado a
formar parte de cartas que buscan seducir. Los macarrones con queso aparecen
ahora en versiones elaboradas con queso vegano de producción artesanal,
presentados en sartenes de hierro fundido y coronados con panko rallado o un
hilo de aceite de trufa. Aun así, la esencia permanece: textura untuosa y
sensación de hogar.
Lentejas
Las lentejas eran la
respuesta práctica para alimentar a muchas personas con recursos limitados. Hoy
se recupera con esmero: se sirve con pan artesanal, un chorrito de aceite de
oliva y hierbas frescas; en algunos locales se transforma en un puré sedoso.
Más allá de la estética, sigue siendo un plato nutritivo y sobrio que transmite
calma en cada cucharada.
Sloppy Joes
El clásico que manchaba las servilletas y llenaba mesas
escolares resurge en clave vegetal. Los Sloppy Joes (estilo vegano) se elaboran
con lentejas, yaca o champiñones y se aromatizan con salsa chipotle ahumada; se
presentan en panes brioche o pretzel tostados y se terminan con hierbas para
aportar frescura. Es un ejemplo de cómo la transformación de un plato popular
puede combinar sostenibilidad y disfrute.
Pastel de carne
El pastel de carne, símbolo de cenas familiares y de
economía doméstica, ha encontrado una versión sin proteína animal que mantiene
su carácter. Pastel de carne (o debería decir “pastel vegano”) confeccionado
con lentejas, garbanzos o quinoa, a menudo enriquecido con nueces tostadas y
champiñones, se glasea con balsámico y se sirve como centro de mesa. Conserva
la capacidad de saciar y reunir.
Cazuelas
La cazuela representó la solución de un solo recipiente en
los hogares: combinaciones improvisadas que rendían mucho. Hoy, las cazuelas se
readaptan con ingredientes actuales como coliflor asada, quinoa, cremas de
anacardos o tahini y con presentaciones más cuidadas. La idea de consolidar
sabores y texturas en un único plato sigue vigente, aunque con una sensibilidad
alimentaria más consciente.
Sopa de tomate y queso a la plancha
La pareja de sopa de tomate en lata y sándwich de queso sobre pan blanco se ha sofisticado sin perder su confort. Sopa de tomate y queso a la plancha puede aparecer como una bisqué de tomate asado con aceite de albahaca, acompañada por un queso a la parrilla preparado con mozzarella de anacardo o cheddar de coco sobre masa madre. Es una versión que combina tradición y técnica sin pretensiones excesivas.
Chile
El chile fue y sigue siendo una receta económica y
adaptable. Actualmente se reinterpreta incorporando frijoles negros, quinoa e,
incluso, ingredientes como cacao en polvo o espresso para intensificar el
perfil gustativo. Variantes con camote y chiles chipotles aportan complejidad y
permiten compartir un guiso rico en matices.
Flan
El postre derivado del aprovechamiento del pan duro ha
pasado de ser una solución modesta a una delicadeza buscada. El flan, también conocido como budín de pan, se
elabora hoy con croissants, masa madre o brioche remojados en leche de avena o
crema de coco y se adorna con fruta quemada o caramelo salado. Transformar
sobras en lujo demuestra creatividad y respeto por los recursos.
Estos ocho ejemplos muestran que la evolución gastronómica
no necesariamente traiciona el origen humilde de una receta: la memoria
gustativa y la necesidad pueden convertirse en motores de innovación.
Restaurantes y cafeterías interpretan esas preparaciones con nuevos
ingredientes y presentaciones, pero la razón por la que perduran es más simple:
alimentan, consuelan y conectan.