Ceder ante la doctrina Kaiser/Kast o del suicidio de la derecha democrática chilena
Si hay algo que caracteriza a la doctrina política de Kaiser y Kast (en adelante doctrina K-K) es, por una parte, el ataque virulento a la derecha dialogante, y por la otra, la construcción de un enemigo político al que destruir. Enemigo que puede estar incluso en su mismo círculo.
Para alcanzar el poder, la victoria electoral, la doctrina K-K no ha dudado en destrozar a sus potenciales aliados, porque en verdad no los quiere como tales, sino sometidos a su hegemonía.
En un caso digno de estudio por la psicología social, quienes han sido atacados en vez de combatir su hegemonía en la derecha, hacen esfuerzos importantes por asegurar los votos para Kast en la segunda vuelta: alimentan a quien devorará sus ideales.
Kast dividió y sigue dividiendo a la UDI. En el pasado debilitó deliberadamente al gobierno de Piñera. Kaiser ya dividió a republicanos y, de salir electo Kast, no dudará en hacerse opositor disputando la “mano dura”. Lo suyo, lo propio de los K-K, es el divisionismo, el conflicto, así como coquetear con el caudillismo.
Todos sus potenciales aliados de segunda vuelta parecen olvidar que el 3 de marzo de 2020 Kast y Kaiser (por ese entonces militante republicano) se declararon opositores al Gobierno de Piñera, y a partir de ese momento pasaron a la acción debilitando su base de apoyo en el parlamento. Su abierto repudio a una política de centro derecha no conservadora a ultranza y distante del golpe de estado, explican su combate al piñerismo y a la alianza conformada por Evópoli, RN y la UDI: Piñera legitimó el proyecto de vida homosexual en su sector y al recordarse los 50 años del golpe de estado firmó el llamado Compromiso con la Democracia.
Sebastián Piñera mostró un camino que distanciaba a la derecha de Pinochet y del golpismo; llamó a votar NO el 5 de octubre de 1988; cerró el penal Cordillera; instaló la voz “cómplice pasivo”; no atacó al Estado ni a los funcionarios públicos con la ferocidad que lo hace la doctrina K-K (de hecho, el padre de Piñera sería considerado un parásito). En otro plano, en medio de los sucesos de octubre, apoyó la idea de incorporar solidaridad en materia previsional sustituyendo el pilar solidario por la PGU.
La doctrina K-K combate abiertamente este posicionamiento del piñerismo. Combate a la derecha que aspira a copar el centro, a la derecha que distanciándose de Pinochet logró llegar a la Moneda en dos ocasiones.
La doctrina K-K confronta también la doctrina del exgeneral Ricardo Martínez sobre el necesario distanciamiento del ejército con Pinochet y los condenados por crímenes de lesa humanidad, porque no hacerlo impide el reencuentro de la civilidad con los militares.
Seguir la doctrina K-K constituye una renuncia por parte de RN, Evópoli y la UDI, a seguir con el proceso de modernización que implicó presidir el Estado ya en dos ocasiones.
Resulta por cierto abiertamente contradictorio que Chile Vamos use la imagen de Patricio Aylwin en esta campaña presidencial, y al mismo tiempo proclamen a los cuatro vientos que apoyarán a Kast en la segunda vuelta.
¿Por qué pone en juego la derecha no golpista el capital político del piñerismo? ¿Ha perdido el sentido de su existencia como núcleo de sentires democráticos y respetuosos de los derechos humanos? ¿Acaso los errores/horrores cometidos en la represión del movimiento de octubre, minaron sus convicciones democráticas?
Llamar a votar por Kast en la segunda vuelta es un acto de sumisión ante la doctrina K-K.
Votar por Kast será un auténtico suicidio político: pondrán en peligro su existencia como referente de la derecha democrática chilena.