China supera a Estados Unidos y Rusia y pone en marcha un proyecto acuático único en el mundo alimentado por energía eólica
China dio un paso sin precedentes en la industria tecnológica al completar la primera fase del primer centro de datos submarino del mundo alimentado íntegramente por energía eólica. El proyecto, ubicado en el Área Especial de Lin-gang, en Shanghai, busca enfrentar el alto consumo energético de la inteligencia artificial y establecer un nuevo modelo de infraestructura sostenible.
Con una inversión de US$226 millones y una capacidad inicial de 24 megavatios, la instalación utiliza el océano como sistema natural de refrigeración y el viento marino como fuente de energía limpia. La iniciativa forma parte de un plan que podría expandirse hasta 500 MW y transformar la forma en que China gestiona su potencia de cómputo.
¿Cuál es la principal ventaja del centro de datos submarino de Shanghai frente a los centros tradicionales?
El principal desafío de los centros de datos terrestres es la enorme cantidad de energía destinada a la refrigeración, que puede superar el 40% del consumo total. El modelo submarino de Shanghai resuelve este problema sumergiendo la infraestructura y usando el agua de mar como sistema de enfriamiento natural, lo que reduce ese gasto a menos del 10%.
Gracias a este diseño, el proyecto alcanza un índice PUE (eficiencia energética) de 1.15, uno de los más bajos del sector. Además, elimina el uso de agua dulce para refrigeración, reduce el consumo energético en casi un 23% y utiliza más del 95% de electricidad proveniente de turbinas eólicas, minimizando su impacto ambiental y territorial.
¿Qué objetivo tiene China con respecto a su industria de computación inteligente en la nube para 2027?
El centro de datos submarino de Lin-gang es parte de la estrategia china para conectar tres sectores clave: la economía digital, la energía renovable y la explotación sostenible del espacio marino. Shanghai aspira a convertirse en un centro global de innovación tecnológica y alcanzar para 2027 una industria de computación en la nube de más de 200 mil millones de yuanes.
Este enfoque refuerza la política de “computación costera” de China, que busca aprovechar los recursos eólicos del Mar de China Oriental —con más de 3.000 horas anuales de viento utilizable— y coordinar directamente la generación energética con la demanda de procesamiento. Es un paso decisivo hacia una infraestructura de IA más eficiente y menos dependiente de recursos terrestres.