El Estado Islámico impulsa a sus yihadistas a seguir con sus crímenes porque obran en nombre de Dios
Los autores de uno de los mayores genocidios que conoce el siglo XXI, el Estado Islámico (Daesh, Isis), mediante la matanza sistemática de cristianos en África y en otras partes del mundo, se empeñan en dar un sentido religioso a sus crímenes y transmitir a los verdugos que no hacen otra cosa que actuar en nombre de Alá.
Regularmente, incluyen sus publicaciones una serie de gráficos con una serie de frases, a modo de preceptos divinos: “Sencillez en la religión. Dios Todopoderoso dijo: En verdad, Dios está con los que le temen y con los que hacen el bien”. Matar al prójimo porque profesa otra religión es hacer el bien. El problema no es decirlo, sino que alguien llegue a creérselo.
“Oh vosotros que habéis creído, buscad ayuda con paciencia y oración.Buscar ayuda a través de la paciencia y la oración es buscar ayuda sólo de Dios”, dice otro de los mensajes.
“Temiendo a Dios y preservando sus límites, ayudando a los musulmanes satisfaciendo sus necesidades. Dios ayuda al siervo siempre que el siervo ayude a su hermano”. Aquí es donde está el quid del asunto. Los yihadistas distinguen entre seres humanos y seres humanos y los que no piensan como ellos quedan excluidos de esta condición. Ante esta evidencia, no queda otro camino que combatir un peligro real y creciente, sobre todo cando los terroristas han dejado claro que su objetivo inmediato es Europa.
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