Suplementos de calcio: cuándo son útiles y cuándo no, según los expertos
La decisión de tomar suplementos de calcio no es una cuestión que deba tomarse a la ligera. Aunque su objetivo es reforzar la salud, su consumo inadecuado puede acarrear efectos secundarios como el estreñimiento o los gases y, en ciertos casos, un mayor riesgo de cálculos renales. De hecho, superar el límite superior de ingesta, que los expertos fijan entre los 2.000 y 2.500 miligramos diarios, puede derivar en problemas de salud como la hipercalcemia, una concentración excesiva de este mineral en la sangre.
De hecho, la suplementación no está exenta de matices. El calcio puede interferir con la correcta asimilación de otros minerales esenciales como el hierro y el zinc. Además, su consumo puede comprometer la eficacia de ciertos medicamentos, entre los que se incluyen algunos antibióticos y los tratamientos para la tiroides, lo que obliga a extremar las precauciones y, sobre todo, a buscar siempre el consejo de un profesional sanitario.
Sin embargo, existen colectivos para los que la dieta no es suficiente y pueden necesitar un aporte extra de este mineral. Personas que siguen un régimen vegano, aquellas con intolerancia a la lactosa, pacientes con enfermedades de malabsorción intestinal o mujeres en la etapa posmenopáusica son candidatos habituales a requerir esta ayuda externa.
Además, para que el cuerpo aproveche realmente el suplemento, hay un factor clave: la vitamina D. Este compuesto funciona como un socio indispensable para la absorción del calcio, por lo que su presencia es fundamental. Los especialistas también aconsejan fraccionar la ingesta en varias tomas a lo largo del día, sin superar los 600 miligramos en cada una, y consumirlas preferiblemente junto con las comidas para optimizar su efecto.
La dosis justa y el mecanismo del cuerpo
En este contexto, es crucial recordar el papel vital que juega este mineral en el organismo, cuya importancia va más allá de la salud ósea. El calcio es fundamental para procesos tan dispares y necesarios como la contracción de los músculos, la transmisión de los impulsos nerviosos o la correcta coagulación de la sangre. Para un adulto sano, la cantidad diaria recomendada se sitúa entre los 1.000 y los 1.300 miligramos.
Por este motivo, el cuerpo humano es previsor y almacena el 99 % de sus reservas de calcio en el esqueleto, que actúa como una gran despensa. Cuando la ingesta diaria no cubre las necesidades, el organismo no duda en recurrir a ella, extrayendo el mineral directamente de los huesos. Si esta situación se cronifica, acaba debilitando la estructura del esqueleto y disparando el riesgo de sufrir osteoporosis a largo plazo.