El secreto de Garrak, el restaurante que está cambiando la periferia gastronómica de Madrid
Una apuesta por descentralizar la alta cocina
Garrak, ubicado en el distrito de Vicálvaro, rompe con la lógica tradicional de la restauración de autor en Madrid. Su fundador, Sergio Garrido, formado en algunos de los templos culinarios más exigentes de España, decidió abrir su propio espacio lejos de los barrios gourmet del centro. El objetivo: acercar la alta cocina a zonas donde la oferta gastronómica de calidad apenas existía.
Según datos del Ayuntamiento de Madrid, más del 60% de la población madrileña vive fuera del anillo central, pero menos del 15% de los restaurantes de categoría media-alta están situados en esos distritos. Este desequilibrio fue precisamente el motor del proyecto de Garrido, que busca reequilibrar la experiencia culinaria de la ciudad.
Producto local y técnica contemporánea
La cocina de Garrak se basa en el respeto absoluto por el producto local. Su carta combina ingredientes de proximidad —como verduras de la Vega del Jarama o carnes de la Sierra Norte— con técnicas contemporáneas que aportan precisión y elegancia. El resultado son platos reconocibles, pero con un tratamiento moderno y ligero.
Entre sus propuestas más celebradas destacan el arroz meloso de conejo con emulsión de hinojo y el tartar de lubina con cítricos y hojas de mostaza. A diferencia de otros restaurantes de vanguardia, Garrak apuesta por mantener precios contenidos y un menú rotativo que cambia con las estaciones.
El entorno como parte de la experiencia
El local, diseñado con materiales reciclados y maderas sin tratar, se integra en el paisaje urbano de Vicálvaro. Su estética minimalista, con mesas amplias y cocina vista, invita a disfrutar del proceso culinario tanto como del resultado final. El equipo de sala, formado en escuelas de hostelería madrileñas, completa una experiencia que combina profesionalidad y cercanía.
Un modelo replicable en otras ciudades
El éxito de Garrak ha despertado el interés de otros municipios. En 2024, el restaurante recibió una mención especial en los Premios Madrid Gastronómico por su “contribución a la descentralización culinaria”. Este reconocimiento ha abierto la puerta a futuras aperturas bajo el mismo modelo en otras zonas de la Comunidad.
La idea de crear polos gastronómicos en la periferia no es nueva, pero pocos la han materializado con tanto acierto. Garrido defiende que “la alta cocina no debería depender del código postal”, y sus resultados parecen darle la razón. La clientela llega tanto del barrio como de otros puntos de la capital, lo que demuestra que el público está dispuesto a desplazarse si la propuesta lo merece.
Impacto económico y social
Más allá del impacto gastronómico, Garrak ha generado un efecto positivo en el entorno. Ha impulsado la economía local, fomentando la colaboración con pequeños productores y talleres de la zona. Además, ofrece formación práctica a estudiantes de escuelas de cocina públicas, en colaboración con la Comunidad de Madrid.
El futuro de la gastronomía periférica
Con el éxito de proyectos como este, se abre una nueva etapa para la restauración madrileña. La periferia se convierte en terreno fértil para la innovación, la sostenibilidad y la accesibilidad gastronómica. Iniciativas como la de Garrak demuestran que la excelencia culinaria puede florecer lejos de los focos tradicionales y que, en la periferia, también se cocina el futuro de Madrid.
La gastronomía madrileña se redefine desde sus márgenes. Garrak no solo propone una nueva forma de comer, sino también de mirar la ciudad: diversa, abierta y con sabor propio.