Qué es el ‘gaslighting’ y por qué alguien decide hacerlo
Romper el ciclo de una relación de abuso psicológico es un camino arduo cuyo primer paso, y a menudo el más complejo, es el propio reconocimiento de la situación. A partir de ese momento, la víctima debe empezar a tomar las riendas de la situación, un proceso que implica documentar los hechos para no dudar de la propia memoria, buscar apoyo en el círculo de confianza o en profesionales y, sobre todo, establecer límites firmes e innegociables.
De hecho, la probabilidad de que el manipulador modifique su comportamiento es remota. La terapia podría ser una vía, pero es muy poco frecuente que estas personas reconozcan su propia conducta y decidan buscar ayuda por iniciativa propia, lo que subraya la necesidad de que sea la persona afectada quien actúe para proteger su bienestar mental y emocional.
Y es que esta forma de maltrato, conocida como gaslighting, no es un suceso aislado, sino un veneno que se inocula en pequeñas dosis. Su poder destructivo reside precisamente en que es un patrón de comportamiento continuado que va "tejiendo una tela de araña" en la mente hasta atrapar a la víctima en un laberinto de confusión y duda sobre su propia cordura.
El perfil del manipulador y sus tácticas más comunes
En este sentido, quienes ejercen este tipo de violencia psicológica suelen compartir un perfil muy definido, con rasgos narcisistas, una notable falta de empatía o una necesidad imperiosa de control. Su objetivo final no es otro que mantener una posición de dominio sobre el otro, debilitando su autoestima y su juicio para generar una dependencia total.
Para lograrlo, el repertorio de artimañas es variado. Incluye desde negar hechos evidentes hasta minimizar la importancia de los sentimientos ajenos o culpar directamente a la otra persona de los problemas. Una de sus estrategias más eficaces, sin embargo, es el aislamiento social de la víctima, alejándola progresivamente de amigos y familiares que podrían ofrecerle una perspectiva externa y ayudarla a ver la realidad.
Por otro lado, es un error pensar que este fenómeno se limita a las relaciones de pareja. Esta dinámica tóxica se extiende a entornos laborales, familiares e incluso círculos de amistad, y las consecuencias para quien la sufre pueden ser devastadoras, provocando a menudo cuadros de ansiedad y depresión. Curiosamente, las personas con mayor empatía y con tendencia a complacer a los demás suelen ser un blanco especialmente vulnerable para estos perfiles.