La sorprendente vuelta de la mili en España: lo que realmente hacen los jóvenes en estos campamentos
La nueva mili del siglo XXI
Han pasado 24 años desde el último reemplazo del Servicio Militar Obligatorio, pero la llamada “mili” vuelve a estar en el centro del debate social. Según recientes encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, cuatro de cada diez españoles consideran necesaria una formación militar básica para jóvenes. Este interés se traduce en una tendencia creciente: los campamentos militares juveniles.
Su auge se explica por el deseo de muchos padres de que sus hijos aprendan disciplina y esfuerzo. La oferta se ha disparado: más de 2.000 jóvenes participan cada verano en estos programas, una cifra que no existía hace apenas una década.
De la mili tradicional a los campamentos castrenses
Los primeros proyectos surgieron en la década pasada. En lugares como la sierra de Madrid o la costa valenciana, centros como El Gran Capitán o Tercios de Lezo ofrecen cursos intensivos de una o dos semanas. Su dinámica imita la vida en un cuartel: formación física, izado de bandera, ejercicios de supervivencia y maniobras de orientación con brújula y mapa.
La jornada comienza a las cinco de la mañana y termina con actividades grupales que buscan fomentar el compañerismo. Los instructores —muchos de ellos exmilitares o miembros en activo del Ejército y las Fuerzas de Seguridad— transmiten valores de autocontrol, responsabilidad y liderazgo.
El debate sobre las armas
Uno de los aspectos más polémicos es el uso de armas de airsoft, réplicas que disparan bolas de plástico. Para algunos padres y formadores, como el exmilitar José Gómez, esta práctica desvirtúa el mensaje educativo. “Una instrucción en armas no tiene sentido para un civil”, afirma. Su experiencia le llevó a crear una alternativa más pedagógica y sin componente bélico.
El Cid: disciplina sin fusiles
En 2021 nació el campamento El Cid, con sede en Sigüenza (Guadalajara). Su filosofía se basa en la formación en valores sin recurrir a ejercicios armados. “Nuestro modelo es castrense, no militar. No formamos soldados, formamos personas”, explica Gómez.
El programa, de 13 días, se centra en habilidades prácticas: primeros auxilios, control del estrés, rescate acuático, orientación y liderazgo. En su última edición participaron más de 200 asistentes, incluyendo adultos mayores de 19 años.
Un modelo educativo diferente
El Cid se diferencia también en su estructura: es una asociación sin ánimo de lucro que reinvierte todos los ingresos en la mejora de las instalaciones. Los monitores son voluntarios procedentes del Ejército, la Policía Nacional y Protección Civil. Ninguno recibe sueldo, pero todos comparten el objetivo de inculcar valores de respeto y disciplina.
“Aquí no se grita ni se obliga a nadie. El esfuerzo nace del compromiso personal”, explican los responsables. Este enfoque ha atraído a familias que buscan una alternativa a los campamentos urbanos o de idiomas, pero con una fuerte carga de desarrollo personal.
Un fenómeno en expansión
Los campamentos de disciplina y liderazgo se han consolidado como la modalidad de ocio juvenil que más crece en España. Representan ya el 5% de la facturación total del sector, y su ritmo de crecimiento supera al de los campamentos de ciencia o idiomas.
La demanda se concentra en jóvenes de entre 13 y 17 años, aunque también se ofrecen versiones adaptadas para adultos. Los expertos señalan que este tipo de formación refuerza la autoestima y el sentido del deber, siempre que se mantenga una distancia clara con el adiestramiento militar.
El papel de los padres
Buena parte del éxito de estos programas radica en la implicación familiar. Antes de admitir a un participante, los responsables de El Cid y otros centros mantienen entrevistas con los padres para aclarar sus expectativas. “Queremos asegurarnos de que buscan disciplina, no castigo”, subraya Gómez. El objetivo es evitar confusiones con programas de rehabilitación o corrección de conducta.
El regreso simbólico de la mili
Aunque no existe un retorno oficial del Servicio Militar Obligatorio, la sociedad española parece volver a interesarse por los valores que este representaba: disciplina, esfuerzo y convivencia. Los nuevos campamentos no buscan rearmar a los jóvenes, sino ayudarles a enfrentarse con madurez a los retos de la vida.
La “mili moderna” no exige uniforme ni juramento a la bandera, pero sí voluntad y compromiso. Y, según sus organizadores, eso basta para que los chavales salgan “endurecidos” y más conscientes de su potencial.