De Nápoles a Turín: Spalletti recibe amenazas de sus aficionados tras su fichaje por la Juventus: "Es un desagradecido”
Luciano Spalletti ha roto su palabra. El entrenador que la pasada temporada devolvió la gloria al Nápoles, conquistando un Scudetto histórico que la ciudad no celebraba desde los tiempos de Diego Armando Maradona, ha dejado su promesa en el aire para sentarse en el banquillo de la Juventus de Turín. Un movimiento que ha sacudido los cimientos del fútbol italiano, convirtiendo al veterano técnico en el protagonista de una historia de lealtades rotas y ambición, un juramento hecho añicos que ya resuena en toda la Serie A.
De hecho, el club turinés ha hecho oficial un acuerdo que vincula a Spalletti con la entidad blanquinegra para las próximas dos temporadas. El pacto, que supone la sustitución de Igor Tudor, contempla un contrato hasta junio de 2026 y, además, incluye una cláusula de prórroga automática. Dicha renovación está supeditada a un objetivo prioritario e innegociable para la directiva: lograr la clasificación del equipo para la próxima edición de la Liga de Campeones, una meta que hoy parece lejana.
Sin embargo, este fichaje se ha gestado en medio de una enorme controversia. Tras alzar el título liguero con el Nápoles en 2023, Spalletti había declarado públicamente que el club partenopeo sería el último de su carrera, lo que para su afición supone una traición en toda regla. La reacción no se ha hecho esperar, y en las calles de Nápoles ya han aparecido pancartas colgadas por grupos de ultras que, tal y como informa Marca, lo tachan sin rodeos de "desagradecido".
Un reto mayúsculo en lo deportivo y en lo personal
En este sentido, la encomienda que afronta el técnico es de una envergadura considerable. Coge las riendas de una Juventus sumida en una profunda crisis de resultados, anclada en una discreta séptima posición en la tabla y muy lejos de las expectativas de un gigante del fútbol europeo. Su misión no será solo reconstruir la moral del vestuario, sino también devolver al equipo a la senda de la victoria de manera inmediata, una presión que pocos entrenadores podrían soportar.
Por otro lado, a este desafío deportivo se suma el frente personal. La situación actual contrasta frontalmente con la de su antiguo club, un Nápoles que actualmente colidera la Serie A junto a la Roma. Spalletti asume así el doble reto de reflotar a un equipo herido mientras gestiona la animadversión de la hinchada que no hace mucho le idolatraba, pasando de héroe a villano en cuestión de meses y convirtiéndose en el enemigo público número uno de la ciudad que un día lo coronó como a un rey.