El día que la U. de Chile rindió un homenaje “apoteósico” a Gabriela Mistral en el Estadio Nacional
En 1951, en el marco del tardío Premio Nacional de Literatura otorgado a Gabriela Mistral, la Universidad de Chile y su Club Deportivo se volcaron a rendirle un homenaje sin precedentes. Si bien hubo ceremonias solemnes, ninguna alcanzó la emotividad ni la trascendencia del tributo celebrado ese año en el Estadio Nacional, el cual se realizó en el contexto de un clásico universitario.
Un Clásico Decisivo, un Homenaje Masivo
Bajo el título “Clásico Universitario Nocturno: se presume que hoy será el mejor de todos”, el diario La Nación anunciaba el evento del 31 de octubre de 1951. La jornada enfrentaba a la Universidad de Chile y la Universidad Católica en un clásico decisivo para el campeonato.
Sin embargo, la máxima expectación no era el fútbol, sino el homenaje a la poeta, recién distinguida con el Premio Nacional de Literatura en agosto. El evento, organizado por el Club Deportivo Universidad de Chile y diversas unidades artísticas de la institución, prometía números culturales “inmensamente superiores en atracción a todos los vistos antes”.
La expectación fue tal que las entradas se agotaron quince días antes, rompiendo todos los récords de asistencia. Pese a las advertencias, el Estadio Nacional resultó pequeño para las 60.000 personas que lo repletaron, y cientos lograron acceder ocupando el mismo césped.
Homenaje a Gabriela Mistral en el Estadio Nacional.
Un espectáculo conmovedor y simbólico
El espectáculo central, de treinta y cinco minutos, recorrió la vida y obra de Mistral. La puesta en escena estuvo a cargo del Teatro Experimental, el Coro Sinfónico y la Escuela de Danza de la Universidad de Chile.
Entre los momentos más emotivos que destacó la prensa de la época:
- El Carrusel Iluminado: La barra de la “U” presentó un gran carrusel donde estudiantes giraban lentamente mientras se recitaba el poema “Piececitos de niños, azulosos de frío”.
- El Cierre Apoteósico: Una actriz, en el papel de Mistral, ascendía por una escalinata simbólica de grandes proporciones mientras el coro entonaba el Aleluya de Haendel. En lo alto, una representación del rey Gustavo de Suecia le entregaba el Premio Nobel, coronado por una cascada de fuegos artificiales que desató un aplauso unánime y sostenido de la multitud.
El texto declamado por altoparlantes esa noche resumía el sentir colectivo, pidiendo perdón a la poeta por el “olvido de las gentes” y celebrando su capacidad de unir a chilenos de “toda condición, creencias y partidos”.
Un símbolo de unidad popular
Gabriel González, coordinador del Archivo Central Andrés Bello y coautor del libro Mistral y la Universidad de Chile, explicó que este homenaje demostró que la relación de la poeta con la casa de estudios iba más allá de lo oficial.
Según González, los cercanos de Mistral, como la artista Laura Rodig y el político Radomiro Tomic, estimaron que las ceremonias oficiales fueron “vacuas” o “insípidas”, mientras que el gran espectáculo del Estadio Nacional les resultó “increíble y digno de lo que merecía”, al transformarse en un “símbolo de reunión moral del pueblo chileno”.
El Club Deportivo Universidad de Chile, a 80 años del Premio Nobel, recuerda este sentido homenaje. Ignacio Asenjo, gerente general de Azul Azul, señaló que es un “orgullo” que el Club haya sido protagonista de un hecho “trascendental de la historia con nuestra Premio Nobel.”